Opinión

Un examen para Nicaragua


— Leonardo Centeno Caffarena —

En los últimos días y en diferentes medios de comunicación he leído algunos comentarios sobre la participación de la Lic. Mariana Ortega, modelo profesional, en el concurso de Miss Nicaragua; en algunos se ha insinuado las pocas probabilidades que tiene de alcanzar tan preciado cetro, por ser hija del ex comandante del Ejército y general retirado Humberto Ortega. ;


Preocupa que después de 14 ańos de que terminaran los conflictos militares en los que nuestro país se viera envuelto, existan todavía puntos de vista opuestos, donde no solamente se promuevan posiciones antagónicas hacia antiguos actores de nuestra historia, sino también sus familiares tengan que cargar con ese estigma, inocentes de todo dolor o tristeza en que se hubiera incurrido. Con esta actitud hacemos víctimas en ambos lados, no sólo en aquellos que alguna vez sufrieron persecución.;


En la nueva Nicaragua, todos debemos contar con las mismas oportunidades, y ningún conciudadano debe ver sus aspiraciones truncadas cuando se trate de participar en eventos públicos. Debemos olvidar las heridas del pasado, y parar de lamentarnos por lo que ocurrió hace 15 ó 20 ańos. ;


Si seguimos valorando a los hijos por las actuaciones de sus padres, lo único que estamos sacando adelante es un país enfermo de venganza, polarizado, lleno de fantasmas del pasado, y con pocas probabilidades de heredarle algo mejor a la siguiente generación.;


Con su participación la Lic. Ortega está poniendo a prueba nuestro sistema democrático y la tolerancia que hemos desarrollado hacia el prójimo; independientemente de la posición que se tenga sobre la actuación de su padre durante los 80, ella merece ser juzgada por su propio desempeńo y capacidad. ;


Hasta ahora lo que veo en ella, a parte de su belleza, es a una joven valiente, que a sabiendas del revuelo que su participación podría causar, decidió hacerlo con la esperanza de encontrarse un país más maduro, capaz de juzgarla únicamente por lo que ella es.;


En este evento, el mejor legado para Nicaragua es que todas las concursantes se encuentren delante de un jurado que las evalúe no por su consanguinidad, o las heridas del pasado, o por diferencias políticas, sino bajo las mismas oportunidades, por lo que ellas son y pueden ofrecer a Nicaragua.;


De lo contrario, Nicaragua perderá dos veces: la primera, por cerrarle la participación a alguien que pudiera merecerlo, negándonos la oportunidad de hacer un mejor desempeńo, y la segunda, porque como país, seremos aplazados nuevamente en el tema de los valores cívicos, principalmente de la tolerancia y el respeto a los demás.;


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