Opinión

La sombra del hombre


— Mario Urtecho —

Cuenta el Gabo en Cien Ańos de Soledad, que en aquellos tiempos de guerras y pestes muchos padres llevaban a sus hijas, jóvenes o mozuelas, hasta el campamento donde se refrescaba la tropa del Coronel Aureliano Buendía con la finalidad de que éste las preńara y mejorar de esa manera la progenie de las muchachitas ofrendadas al ilustre semental. Y era así porque los padres querían aprovechar esa semilla de gallardía e iluminación divina que poseía el Coronel ya que ellos, por esas cosas del destino, habían venido al mundo con la marca de la pobreza, sin brillos y sus luces apagadas. Entonces, entre los valores que se cultivaban se destacaban la audacia, el arrojo, la calidad del jinete, la destreza con el machete, el dominio del revólver y la certeza de poner la bala donde el ojo ponía. Y así, aquellos campos se fueron poblando con las semillas del centauro, con los hijos del Hombre, que igual que su padre, engrosaron las huestes de la guerra y del amor.;


Para muchas personas, de antes y de ahora, aquel cúmulo de atributos se convirtió en un arquetipo, en una referencia no sólo de las virtudes que debía tener un hombre, sino de la naturaleza que debía caracterizar al caudillo. Un hombre admirado por otros hombres. Un varón con ascendencia total sobre su tropa y su entorno. En esos espejos se vieron y de cuerpo entero se retrataron los caudillos que proliferaron en América Latina y el Caribe, como Rafael Leónidas Trujillo en Dominicana, Pancho Villa en México, Maximiliano Hernández en El Salvador, Emiliano Chamorro en Nicaragua y una amplia lista de gente acompańada de sus respectivos tropeles y tropelías. Y aunque esto pareciera cuentos de camino, -ahora que estamos estrenando el siglo de la cibernética y los viajes a Marte- la verdad es que esas conductas aldeanas de los políticos del siglo XIX aún están presentes y vigentes en los últimos caudillos que quedan en Latinoamérica, esos viejos dinosaurios aferrados a las accidentadas topografías de la extinción y la política. ;


En diciembre pasado, el prestigiado politólogo, doctor Emilio Alvarez Montalván, fue invitado por las autoridades de la Academia de Historia y Geografía de Nicaragua y la Universidad Americana al acto de clausura del Diplomado “Nicaragua: Evolución Histórica y Cultural”, solicitándosele que disertara sobre los rasgos inherentes de los políticos nicaragüenses. En cierta parte de su alocución, el doctor Alvarez se refirió a los caudillos haciéndolo de forma magistral. De ellos destacó que “el caudillo tiene casi una unción carismática que lo vuelve atractivo. Abraza a todos. Mantiene la cartera abierta. Se preocupa por la abuelita, por el papa, por el muchachito, por el perrito de la casa. Está en todo. Sabe de todo. Se dedica ciento por ciento a su trabajo. Es una cosa que yo creo a veces que es como mágica... Ahí viene el hombre, éste es el que nos va a salvar, el que nos va a llevar. Toda esa unción hacia el caudillo fácilmente se deriva hacia la dictadura”.;


Siguiendo la lógica precisa y clara del pensamiento del doctor Alvarez, usted puede ver sobre todo cuando anda en campańa, que el caudillo abraza a todos, a nińos, nińas, a sus padres y madres y para dejar constancia que aquello no fue un sueńo, se fotografía con ellos, fotos que después podrán verse colgando en un biombo o en una pared, donde el pariente está abrazando al hombre con una sonrisa de felicidad mejor que la del día de su boda. El caudillo mantiene la cartera abierta y como no es suya la plata la da a montones a sus seguidores. Compra favores de futuro. Paga por los recibidos. Sabe que con la plata baila el perro. Algunas personas gozan al sentirse cercanos o propiedad del Hombre. Soy de confianza del Hombre; el Hombre me abrazó; soy escolta del Hombre; soy la querida del Hombre. Todos saben quién es el Hombre. Dice Edén que en la toma del Palacio entraron gritando: “apártense que viene el Hombre” y apocados los guardias se apartaron. ;


El Hombre está en todo y sabe todo. Sus edecanes le atribuyen poderes de ubicuidad, de omnisapiencia. Lo convierten en una especie de semidiós y el pobre mortal cree y asume su nueva condición de ungido. Y el elegido causa tremendos efectos psicológicos cuando pregunta cómo sigue la salud de tu mamá, o tira besos a las damas de su partido, o hace chistes, o suelta sus dicharachos, sus dimes y diretes. La gente “se enamora de los caudillos -dice el doctor Alvarez- se vuelven locos. Son amores casi homosexualoides o qué sé yo, pero es una cosa impresionante...”. ;


Quizá eso explique porqué algunos varones confiesen que darían su vida por el Hombre o porqué otros deliran cuando hay un acontecimiento donde el Hombre es el protagonista. En esas circunstancias ellos abandonan sus obligaciones y puestos de trabajo a la hora que sea y se van en busca del Hombre para expresarle su fidelidad, su incondicionalidad. Se angustian no sólo por verlo, sino porque éste los vea, que los cubra con su mirada omnipotente y que sepa que no sólo estuvo allí, sino que fue el primero en llegar. ;


Hace unos días las cámaras de televisión mostraron a varios varones, ya mayores, altos funcionarios, leídos y doctos, padres y abuelos. Estaban molestos frente a la entrada de una clínica, porque no les permitían el acceso para felicitar al Hombre. Incluso calificaron tal disposición como una violación a sus derechos humanos y amenazaron con pedirle explicaciones al ministro de Gobernación por tal atropello. Era tanta la ansiedad por ver al Hombre, que burlaron las medidas de seguridad y corriendo como mozalbetes, ingresaron al interior de la clínica por una de las puertas traseras. Luego de protagonizar semejante audacia se les vio felices de haber franqueado la puerta negra cerrada con tres candados, demostrando una vez más que el amor todo lo puede y que no hay barreras capaces que lo puedan detener. Adentro, seguramente abrazaron y besaron al Hombre. Por la noche le deben haber contado a sus esposas Ąque estuvieron con el Hombre!;


;


Managua, Enero 26 / 2004.;


urtecho2002@yahoo.com