Opinión

Deben de respetarse las reglas de la paz


— Danilo Aguirre Solís —

Las declaraciones de los presidentes Bolańos y Flores en San Salvador, descalificando las posibilidades de que el FMLN pudiera gobernar en paz y sin sobresaltos internos o externos, obliga a profundas reflexiones.;


Un poco de historia. La Unidad Popular, con Salvador Allende a la cabeza, ganó las elecciones en 1970 con cerca del 37% de los sufragios depositados. Todo dentro de las reglas de la democracia chilena.;


El gobierno de los Estados Unidos -Nixon y Kissinger- pensando como Bolańos y Flores, abjuró de esas reglas democráticas y conspiró para que Allende no fuera declarado presidente, llegándose al extremo de asesinar al jefe del ejército chileno, para provocar el caos que impidiera la designación del Congreso para el candidato que había sacado el mayor número de votos.;


Allende gobernó respetando las instituciones democráticas chilenas y hasta el 11 de septiembre de 1973 funcionaron y con gran beligerancia, el Parlamento, la Corte Suprema, los Partidos Políticos y demás entidades claves para el desenvolvimiento en libertad e independencia de la vida pública. ;


En el terreno privado, el sector empresarial nunca tuvo impedimentos para desenvolverse y la libertad de expresión en todas sus formas de comunicación, jamás fue reprimida.;


Algunas acciones de extremistas de izquierda, sobre todo en el campo, no tenían trascendencia para alterar la normalidad del país, y eran bastante menores a la que los grupos de derecha como “Patria y Libertad” desarrollaban para sembrar la confusión y el terror que condujeran al derribamiento del gobierno.;


Allende llegó a la presidencia, pero la conspiración para no dejarlo gobernar continuó. El gobierno de los Estados Unidos y sus agencias, como la CIA, financiaron huelgas en las minas y el transporte en sabotaje directo al corazón de Chile. Compraron medios de comunicación como “El Mercurio” para mantener una campańa de exageraciones y medias verdades contra el presidente, y siguieron aprovisionando y organizando a los grupos terroristas de derecha que se especializaron en asesinatos políticos.;


El objetivo era producir escasez, aterrorizar a la población y provocar que aflorara el sentimiento entre los chilenos que saliendo de Allende se terminaba todo.;


En Chile se verificaban a la mitad del período presidencial, elecciones para renovar al Parlamento, e invariablemente en esos comicios salía perdiendo el partido que había ganado la elección presidencial anterior. Era una lógica respuesta del pueblo contra las falsas promesas de los candidatos.;


Estados Unidos y la derecha chilena cifraban sus esperanzas en que con todo el terror que habían desatado, en las elecciones de marzo de 1973, el Partido Nacional y el Democristiano alcanzarían los dos tercios necesarios para deponer a Allende.;


La firme tradición democrática de los chilenos, la defensa histórica de sus instituciones y una clara visión de la conspiración que se había fraguado en Washington con la cooperación de “las fuerzas democráticas” internas, se tradujo en una votación para los candidatos de la Unidad Popular que se elevó hasta el 44%.;


Allende, fiel a la democracia, llamó a los Partidos a un plebiscito. Nixon y Kissinger en cambio, sacaron a la fiera de sus cavernas y sumieron a Chile en terror, sangre y muerte. Pasarían 10 ańos --1983-- para que Chile recuperara los índices económicos de 1973, y cuando un artificial auge económico alcanzado ańos después se quiso vender con la presidencia vitalicia de Pinochet, el pueblo dijo No y se recuperó la democracia. El resto de la historia se puede resumir en que tras dos presidencias democristianas volvió a ser electo un socialista, en cuyo gobierno no se han producido las trágicas predicciones que Bolańos y Flores auguran para El Salvador si gana el FMLN.;


Al parecer a las autollamadas “fuerzas democráticas” de Centroamérica ya se les olvidó que los esfuerzos demenciales de Reagan y Bush, encaminados a derrocar al gobierno sandinista e impedir la victoria militar del FMLN, terminaron después de torrentes de sangre nica y salvadoreńa derramada, en una concertación que ponía un cese al fuego y todos los contendientes, en Nicaragua y El Salvador, aceptaban someterse al resultado de periódicas elecciones limpias y transparentes.;


Las fuerzas de izquierda han aceptado esas reglas y así han transcurrido varias elecciones en los dos países, donde han triunfado los candidatos presidenciales de derecha.;


Los efectos desastrosos sobre sus pueblos han sido asumidos por los perdedores como parte de los riesgos pactados.;


Lo que es bueno para el ganso debe ser bueno para la gansa y los gobiernos de Estados Unidos y Bolańos y Flores también deben asumir la parte que les corresponde en esos compromisos.;


Si resultara que las fuerzas de izquierda sólo son buenas para avalar los resultados de las elecciones en Centroamérica cuando gana la derecha y descalificadas de antemano para tener la oportunidad de ganar y gobernar en paz, las reglas del juego volverían a ser las de los ańos 60, 70 y 80.;


Es decir, privaría en la razón y la lógica de la izquierda que el único camino para obtener el poder es el uso de las armas y la violencia.;


¿Sería terrible, verdad?