Opinión

Razones por las que sobrevive Castro


— Lydia Chávez —

En una sala de ensayos, un bailarín de ballet cubano gira en el aire, como si una fuerza invisible lo hubiera desplegado en forma de arco. Después, sin parar, salta una, dos, tres veces y yo lanzo un grito ahogado ante la altura de sus grandes jetées y después otra vez, porque su dedo gordo del pie en punta va derecho hacia una barre.;


Bienvenidos a Cuba, país que encandila y decepciona, en el que encuentras milagros y monstruos, pero no respuestas fáciles.;


Los cubanos reconocen las contradicciones con tanta facilidad como cualquier observador exterior. No obstante, aunque aumenta la inflación y el dictador de 77 ańos de edad restringe el acceso a la red Internet y acaba con las aperturas económicas que alentaron la aparición de trabajadores autónomos a mediados del decenio de 1990, no es probable que los cubanos echen a Castro antes de su muerte.;


Los exiliados cubanos anticastristas furibundos, agrupados en Miami, sostienen que lo que retiene a los cubanos es el miedo, pero no es cierto. Un visitante en Cuba encuentra a muchos dispuestos a quejarse, pero el miedo palpable y el odio visceral rampantes en El Salvador y Chile en el decenio de 1980 están ausentes de la Cuba actual. En cambio, hay como una parálisis... resultante de una mezcla de lealtad, miedo y adoctrinamiento, mientras esperan a regańadientes que Castro expire.;


A diferencia de muchos de los gobiernos latinoamericanos resultantes de elecciones libres, Castro ha brindado de verdad a sus compatriotas servicios públicos... y sin granjearse fama de corrupto. “Toda la instrucción y la asistencia sanitaria gratuita restauran cierto equilibrio”, dijo un escritor destacado. “Su trabajo vale menos”, dijo refiriéndose a los pesos que los cubanos ganan en una economía sostenida por las remesas de dólares procedentes de la diáspora en el extranjero, pero “no es un desastre total, porque los cubanos disfrutan de ese equilibrio”.;


Así, pues, a diferencia de los europeos orientales que derribaron a sus dirigentes políticos corruptos en 1989 y a algunos latinoamericanos que lo hicieron más recientemente en Bolivia, la Argentina y el Ecuador, los cubanos no se han unido contra Castro. Sí, Castro encarceló a 75 periodistas independientes y a otras personas tras una redada en abril: ése es el monstruo que hay en él. Pero otros disidentes permanecen en libertad. Ésa es la contradicción.;


Además, a diferencia de otros dirigentes latinoamericanos amantes del lujo, los funcionarios cubanos no hacen alarde de estilos de vida rumbosos. Entre los países latinoamericanos, sólo Chile y el Uruguay ocupan mejores puestos en el índice de corrupción confeccionado por la organización Transparencia Internacional, pero esa situación podría cambiar, a medida que resulte difícil resistirse a los dólares y los cubanos los utilicen para abrirse paso entre ridículos obstáculos burocráticos. El dólar ha creado ya una división en el nivel de vida entre los que tienen billetes verdes y los que no.;


Pese a una economía agonizante, Castro sigue prestando lo que la mayoría de los residentes de países latinoamericanos no consiguen: asistencia sanitaria e instrucción gratuitas y una sociedad relativamente libre de drogas y delincuencia. Como más del 40 por ciento de la población de América Latina vive en la pobreza, Cuba destaca como ejemplo de país en el que ser pobre no significa tener una vida miserable. Incluso el Presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, reconoció en 2001 que Cuba lo había hecho “muy bien” en materia de instrucción y asistencia sanitaria.;


Más recientemente, al examinar el informe del Banco Hacer que los servicios funcionen para los pobres de 2004, sus funcionarios situaron a Cuba entre países como Sri Lanka, Costa Rica y China que “han logrado alcanzar un nivel de resultados en materia de salud e instrucción extraordinariamente favorables”.;


Este invierno, el gobierno cubano ha reinvertido parte de sus ingresos por turismo en la rehabilitación de escuelas que se deterioraron en los ańos siguientes a la pérdida de la ayuda soviética. “Los cubanos siguen agradecidos al respecto”, dijo un diplomático occidental.;


Resulta asombroso que muchos dirigentes latinoamericanos no adviertan la relación entre la reducción de la pobreza y su propia popularidad. Compárese la campańa de Castro para mejorar las escuelas con un programa de reducción de la pobreza organizada por el Partido Revolucionario Institucional de México durante un período de seis ańos en el decenio de 1990.;


México gastó el 1,2 por ciento del PIB al ańo para prestar servicios básicos a sus comunidades. Según Santa Deverajan, directora del Informe sobre el Desarrollo Mundial 2004 del Banco Mundial, algunos estudios mostraban que el programa podría haber reducido la pobreza hasta en un 64 por ciento. En cambio, se distribuyeron esos fondos a los municipios en función de su lealtad política, con lo que la reducción de la pobreza representó sólo un 3 por ciento. “Si los hubieran entregado por igual a toda la población mexicana”, dice Deverajan, “habrían reducido la pobreza en un 13 por ciento”.;


Ejemplos así abundan en América Latina, pero Castro comete un error al creer que la competencia es América Latina. Los cubanos no lo creen así. Sus piedras de toques son Madrid, París y Nueva York.;


Un profesional instruido con esposa y dos hijos suspira al recordar un viaje a Espańa. “Resulta difícil explicar cómo me sentí cuando estuve allí. No era como otro mundo u otro planeta, sino como otra galaxia”. Como tiene familia en Espańa, podría emigrar, pero no se plantea esa opción en serio. “Aquí es donde quiero vivir, pero tiene que cambiar el 5 por ciento del funcionamiento de la gestión. Se achaca todo al embargo. Tenemos un embargo autoimpuesto. Nos limitamos a nosotros mismos”.;


Más precisamente, Castro limita a los cubanos. Quieren respirar, pero la vida con un tirano patriarcal puede ser asfixiante. Los jóvenes cubanos parecen con frecuencia adolescentes instruidos con padres demasiado estrictos. Quieren viajar, publicar lo que deseen, bailar cuando y donde les apetezca y experimentar el mundo, como lo hizo Castro.;


“No es mi lucha”, dice un cubano de 28 ańos de edad, refiriéndose a la batalla política de comunismo contra capitalismo que lo mantiene atrapado en la isla. “Soy de una nueva generación. Quiero ver lo que ellos tuvieron la oportunidad de ver”.;


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Lydia Chávez, profesora en la Universidad de California en Berkeley, está a punto de publicar un libro sobre Cuba.;


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