Opinión

El pequeńo dictador


— Edwin Sánchez —

Ocurre con frecuencia. Es demostración de poder. De soberbia. Usted los verá cada día y en cualquier parte, aun sea en un barrio y no precisamente porque sea el Presidente o el General. Puede ser simplemente un conductor y hasta una humilde trabajadora doméstica.;


Si vemos a un tipo de conductores, éstos se parquean donde se les pegue la regalada gana. Si hay otro vehículo estacionado, no les importa y se colocan a la par. A veces quisieran haber encontrado ya dos vehículos en esa situación y ponerse de jamón en medio del emparedado de marcas coreanas la mayor parte. Ni les va ni les viene que detengan el tránsito. Les vale que haya otras personas que tuvieron la tuerce de toparse con ellos. ;


Para ellos no existe la cortesía. Son ellos y nada más. ¿Es parte del ser nicaragüense? Por eso, no es tal que sólo los “grandotes”, los que llegan al poder, son los únicos capaces de dar plenas demostraciones de prepotencia financiada con los impuestos de todos los contribuyentes. También cualquier segmento de la pirámide social puede hacer sus magnas demostraciones autocráticas.;


Ocurrió en un barrio cercano a EL NUEVO DIARIO. El conductor es del Toyota placa 185-547. A pesar de que ya estaba otro vehículo parqueado, no le importó y se plantó. Se dispuso a conversar y como si nada. ;


Pero el hombre del Toyota no es el único. Es el resultado de todo un sistema, de una forma de comportamiento. Y, en este tipo de fauna, también los hay aquellos que “adoran” colocarse en los lugares más transitados para incomodar a otros conductores. Hay quienes hasta han convertido en “garaje” un pedazo de la calle ¿y las autoridades?, bien... ;


La arrogancia no tiene porqué ser sinónimo de “clase pudiente” o de mandatarios o altos personeros de los poderes del Estado. Hay peatones que asumen que la calle por donde caminan es de ellos y la acera o andén les estorban para su rutinario ejercicio de mandar. ;


Cada quien parece tener ese gusto por demostrar poder. El poder vapulear a la mujer en la casa, es uno de esos gustos que alcanzan casi el grado de corriente folklórica exportable hasta Costa Rica, porque en Estados Unidos estos folkloristas pueden terminar bailándole a Noriega. ;


El que una madre golpee en la cabeza al nińo, además de estropearle su autoestima con un “chavalo bruto”, entre lo más suave del repertorio materno, no deja de ser otra escena de practicar el poder a como sea.;


Sin embargo, a estas personas, el conductor encaprichado, el tipo que apalea a la mujer, la mujer que se ensańa con el nińo, y hasta la criatura que le tira piedras a un pajarito, todos y todas les encanta la democracia y odian a los tiranos.;


Pero es difícil odiar al pequeńo dictador dentro de cada uno. Y más todavía, apearlo de nuestra costumbre.