Opinión

Pronunciamiento de mujeres cristianas feministas



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Desde nuestra fe cristiana, y habiendo leído atentamente la “Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y el mundo” del 31 de julio de 2004, creemos que es nuestra responsabilidad compartir con otras mujeres y con el pueblo cristiano en general las siguientes reflexiones:


1.Las feministas NO consideramos a los varones como nuestros enemigos ni como nuestros rivales. Nuestra lucha es contra el SISTEMA PATRIARCAL, que oprime a mujeres y hombres, y hace recaer el peso de la violencia, la injusticia y la pobreza especialmente sobre las mujeres.


Sólo en la medida en que logremos ir superando las relaciones de poder patriarcales que se han venido construyendo desde hace milenios será posible establecer auténticos vínculos de colaboración, respeto y amor entre varones y mujeres.


2.En cuanto al modelo de familia biparental (padre y madre) que los obispos consagran en su carta como único, conviene recordar que en las páginas de la Biblia encontramos muy diferentes tipos de familias: la familia compuesta por Abraham, Sara y Agar y los hijos de ambas (Génesis 16), la de Jacob con Raquel y Lía (Génesis 29, 15-30), la de Ruth y Noemí (Ruth 1). Recordemos el modelo de familia en Israel, que mandaba que si un hombre casado moría sin dejar descendencia, el hermano del difunto debía casarse con la viuda para “dar descendencia a su hermano” (ley del Levirato). Tampoco podemos obviar la tierna elegía que el joven David dedica a Jonatán diciéndole: “Tu amor era para mí más delicioso que el amor de las mujeres” (2 Samuel 1, 25-27).


El propio Jesús amplía el concepto de familia cuando dice “Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.


También debemos recordar que la inmensa mayoría de familias latinoamericanas responde a otros modelos igualmente válidos.


Lo fundamental en la familia cristiana es que prevalezcan el amor, el respeto y la solidaridad, y no la forma particular en que una familia se organiza.


3.En cuanto a la participación de las mujeres en la Iglesia, queremos recordar:


-La relación totalmente novedosa de Jesús con las mujeres, que rompió con el estatus de sumisión y subordinación ante los hombres en que se encontraban en aquel tiempo todas ellas. Esta subordinación prevalece hoy en el judaísmo, en las iglesias cristianas y en todas las religiones conocidas, y no es más que el reflejo del sistema patriarcal imperante, que ha considerado y representado al mismo Dios como un Hombre. Y donde Dios es un hombre, el hombre se cree Dios.


Jesús puede ser considerado, y así lo afirman algunos teólogos, como un feminista. Es una novedad sorprendente, por ejemplo, el que varias mujeres integraran el grupo de sus seguidores, que la primera testiga de Jesús resucitado sea una mujer y que Jesús encomiende, en la primera hora, a las mujeres el anuncio central de la fe cristiana: la Buena Nueva de su Resurrección.


- La mayoritaria participación de las mujeres en la Iglesia, y nuestra presencia en la mayoría de los ministerios, pese a lo cual seguimos siendo discriminadas en cuanto a la posibilidad de ocupar cargos de dirección y de decisión en la Iglesia, violándose así la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que establece que nadie deberá ser discriminado o discriminada por razones de sexo (o género).


Queremos también subrayar la urgencia de un mensaje y una práctica cristianas realmente proféticos sobre los graves problemas que enfrentan las mujeres hoy en día y que son problemas de toda la sociedad: violencia doméstica, abusos sexuales, asesinato de mujeres, maltrato y desigualdad laboral, feminización de la pobreza. No existe en el documento del Vaticano ninguna referencia a estas tragedias humanas y sociales ni mucho menos un llamado a los varones para que contribuyan a superarlas.


Finalmente queremos reiterar, desde nuestra fidelidad al Evangelio, nuestro compromiso de escuchar el llamado hecho por Jesús a la jorobada de la sinagoga (Lucas 13, 10-17) para enderezarnos en todos los ámbitos de nuestra vida. Nos comprometemos a ser mejores personas, mejores mujeres, mejores trabajadoras y profesionales, mejores ciudadanas y mejores cristianas. Y esperamos que en este compromiso nos acompañen también los hombres.


Managua, 12 de agosto 2004





Montserrat Fernández Evelyn Flores


Michčle Najlis Filomena Enríquez


Yeta Ramírez Ligia Arana


María López Vigil Gilma Tinoco


Vidaluz Meneses Isabel Jodar


María Auxiliadora Lacayo Martha Juárez


María Auxiliadora Meza Ana Criquillon


Mercedes González Mercedes Chávez


Carmen Baltodano Nydia Delgadillo


Anabel Torres Lavinia Hernández


Zorelia Chavarría Dorotea Wilson


Sandra Ruiz;