Opinión

Una monografía “desde arriba”


Luis Galeano


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Aún recuerdo a mi compañero de universidad Heberto Rodríguez furioso y con todas las ganas de correrme de su casa cuando por accidente toqué alguna tecla de la computadora y perdí cerca de 20 páginas de nuestra monografía titulada “Acercamiento a las primeras planas de La Prensa y EL NUEVO DIARIO, una valoración crítica en el proceso de construcción de la agenda”.


Mi error había tirado por la borda una noche de desvelo y casi un día de arduo trabajo entre buscar citas textuales, acomodar párrafos, encontrar coherencia narrativa para hacer más atractivo el texto al leerlo, y sobre todo acomodarnos y soportarnos el carácter el uno del otro.


Qué difícil es hacer una monografía. La lucha inicia desde la selección del tema que tiene que ver con “Comunicación” y que finalice con una propuesta de “Comunicación”. Ahí vienen de la mano la delimitación del tema, los objetivos, principales y secundarios, hipótesis, y etc....


A esto se agrega el trabajo que cuesta conseguir a un tutor que brinde una buena orientación, que tenga paciencia y conocimiento de temas relacionados a los medios de comunicación y metodología de la investigación.


En eso se gastan recursos monetarios, tiempo, se renuncia a algunas cosas que a uno le gustaría hacer por dedicarle más tiempo a la bendita monografía, requisito indispensable en el pensum de la carrera comunicación social para poder obtener el título de licenciado.


Después vienen la dificultad de conseguir las entrevistas de los personajes que le van a dar voz viva y sustento de experiencia a tu tesis y al final la construcción y defensa de ese todo que nos quita un poco de vida a todos los que anhelábamos coronar la carrera... ¡Que Dios nos libre de todo ese proceso!


En ese entonces, --hablo de un poco antes de octubre de 2000--, era un requisito indispensable, “sine qua non” --para ocupar palabras difíciles--, proponer un tema relacionado a la comunicación social, al rol de los medios de comunicación en la sociedad nicaragüense por medio de los cuales se construye la realidad y bla, bla, bla...


Nadie podía pensar siquiera en proponer un tema alterno. Era un pecado y estabas condenado al fracaso académico.


Pero eso ahora aparentemente ha cambiado. No sé si por error u omisión, pero creo que lo que antes era la llave para estar a la altura de los Lic. y saltar a los bachilleres, se ha deformado con un reciente trabajo monográfico presentado por el hijo del comandante Daniel Ortega, Juan Carlos Ortega Murillo, cuya tutora fue su mamá, Rosario Murillo.


Al enterarme en los medios de comunicación de que el trabajo de este joven --a quien conozco porque compartí su compañía cuando hizo prácticas en EL NUEVO DIARIO--, titulado “Desde abajo”, me di cuenta que el sarro de la política que pudre al sistema social, económico, cultural y nacional en general, no perdonó las aulas de clases universitarias y llegó hasta la Facultad de Comunicación Social.


¿Qué tiene que ver este trabajo de Juan Carlos con la comunicación social?, me pregunté inmediatamente y pensé en la furia que el rostro de Heberto, quien ahora labora en un medio local, denotaba cuando desaparecí las casi 20 páginas después de días de desvelo y esfuerzo mutuo.


¿Será que los pleitos y repleitos que existen a lo interno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) por su control, ayudarán a los medios de comunicación a hacer un mejor trabajo en su tarea de informar, educar, entretener a sus públicos de la mejor manera posible?


La verdad, no creo que la intención del general retirado Humberto Ortega, que según Juan Carlos, lidera la izquierda ligth del FSLN o la “disidencia 2004” a como le llama él, sea algo que ayude a las actuales y futuras generaciones de comunicadores sociales a hacer un mejor lead, a narrar los hechos tal y como ocurren, sino objetivamente, al menos lo más balanceado posible planteando lo que dicen las partes involucradas en un hecho o acontecimiento.


Ni creo que tampoco los dueños, directores de medios, editores, jefes de información y todos los que tienen voz de mando en un medio, reflexionen en la manera en que hacen periodismo sus periodistas desde sus salas de redacción, al enterarse de que Manuel y Ricardo Coronel Kautz, Herty Lewites y Alejandro Martínez Cuenca, pretenden renovar el liderazgo del eterno candidato presidencial del FSLN, Daniel Ortega Saavedra.


Creo que todos los que nos esforzamos verdaderamente haciendo una monografía con propuestas para hacer un mejor periodismo, nos sentimos bien con nosotros mismos por haber cumplido con ese requisito, porque al final lo que se siente es una gran satisfacción al cumplir con un reto planteado.


Estoy seguro que Juan Carlos, también se siente contento de su trabajo, porque todo hace indicar que fue una idea surgida desde el fondo de su ser, a la que nadie ni siquiera el jurado que lo juzgó integrado por connotados periodistas del país, le puso objeción.


A lo mejor el silencio del jurado se debió en parte a que el presidente del mismo, formaba parte de los 17 entrevistados que dieron sus palabras al joven Ortega para la elaboración de la monografía y quiso justificar todo aduciendo que se trataba de un trabajo “novedoso”, lo cual de ninguna manera da lugar a favoritismo. Ojalá y éste sea nada más un desliz de parte de las autoridades de la Facultad de Comunicación de la UCA y no una “nueva era”. De lo contrario pensaré que basta ser el hijo de un o una figura política y estar “desde arriba”, para cambiar un andamiaje académico, cuya rigidez le costó esfuerzo, recursos, sudor y hasta lágrimas a quienes pasamos por sus aulas.





El autor es licenciado en Comunicación Social.


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