Opinión

La potencia rival


— Amaru Barahona —

"¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?";


Rubén Darío;


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Marx llamaba a estas coyunturas como de Ťconcentración del tiempo históricoť. Cuando el poder se quita la máscara y los de abajo logran verle la sordidez del rostro, y entonces se movilizan contra él con una facilidad que quiebra las tendencias. Ese faro de lucidez que es José Saramago lo ha seńalado bien. Cómo la carnicería de G. W. Bush y sus vasallos ha creado una verdadera potencia rival: en el Norte y el Sur, en el este y el oeste, decenas de millones de seres humanos marchando contra la guerra y repudiando la barbarie del diseńo imperial.;


Quienes alguna vez dudaron del compromiso político de la juventud actual, se equivocaron. Resulta impresionante el peso que tienen los jóvenes en estas movilizaciones. En distintos países, veo estampas que me recuerdan los grandes combates juveniles del 68 y los ańos 70: junto a rostros apasionados, el desalińo indumentario, las imágenes del Che, las mochilas y los bolsos; todos estos antiguos iconos de las luchas juveniles, hoy se complementan con pańuelos palestinos, turbantes y velos, en ámbitos que no tienen tradición musulmana. ;


Pareciera que súbitamente, la juventud rescata su memoria histórica para adecuarla a las circunstancias del presente. ;


Su raíz esencialmente espontánea, es otro ángulo fascinante en la fundación de la potencia que emerge. Ni las organizaciones de viejo cuńo, partidos o sindicatos, ni las de nuevo, ONGs u organismos sociales, han tenido una influencia significativa en el auge de las marchas y concentraciones, lo que no obvia que muchos de sus miembros estén participando. La gente se convoca entre sí, de voz a voz, de mensaje a mensaje, y de la misma manera planifica y organiza, sin que exista en alguna parte un liderazgo central o unas estructuras de coordinación, que estén visibles o se hallen ocultas. Desde luego que la comunicación lleva la marca del nuevo siglo, y así como el Internet ha jugado un papel insustituible, las concentraciones y marchas tienen un carácter exclusivamente urbano.;


En el siglo que pasó (1917-1989, el siglo corto de Eric Hobsbawn), habíamos visto a millones de personas lanzándose a la calle en movimientos de resistencia civil activa. Ejemplos: cuando millones de hindúes responden al llamado de resistencia pacífica de Gandi. O cuando los seguidores de J. D. Perón demandan su liberación en el famoso ŤDía de la lealtadť en la Plaza de Mayo de Buenos Aires (1945). O cuando millones de iraníes se echan a la calle para exigir la salida del Sha. O cuando el movimiento de masas de la primera intifada (1987), demostró que sólo la represión brutal, y no la pasividad o resignación tácita, mantenía la ocupación israelí.;


Sin embargo, todas estas experiencias se dieron o para lograr la constitución de Estados nacionales, o al interior de los límites de dichos Estados. Nunca rebasaron los límites de los Estados nacionales. Hoy estamos ante la presencia de un fenómeno de calidad completamente diferente. Se trata de oleadas multitudinarias movilizándose simultáneamente en distintas partes del orbe buscando un objetivo común: impedir el proyecto de colonización mundial barbarizada que impulsa el gobierno de G. W. Bush. En este sentido, también se introduce un hito en el avance de los movimientos antiglobalización, en tanto éstos se habían venido caracterizando por la movilización de ciudadanos de diferentes países en un solo lugar (Seatle, Génova, Barcelona o Porto Alegre), o a lo sumo por la organización de varias movilizaciones en un solo país.;


Esta marea universal contra la guerra, también ha relevado a un primer plano una crisis de la que casi nadie habla (el lúcido Saramago es uno de los pocos): la crisis de la democracia liberal burguesa como sistema político, que hace tiempo nos dice que la teoría de la representación está colapsada. Esta crisis tiene múltiples manifestaciones que no es el propósito desarrollar aquí, y afecta no solo a los modelos casi siempre caricaturescos del Sur (las mierdocracias, diría R. A. Teffel), sino también con ascendente contundencia a los modelos políticos del Norte. Sin embargo, el rasgo que sintetiza a todas las manifestaciones de dicha crisis, es la creciente desarticulación entre los intereses de las cúpulas políticas y los intereses de las sociedades. En todas partes donde ha existido democracia liberal, en estos momentos los representados cada vez menos sienten que sus representantes los representan.;


En la coyuntura, esta desarticulación se ha proyectado ante los ojos del mundo en pantalla gigante, para que la vean todos los que tienen voluntad de ver. ;


Mientras la mayoría de ingleses, espańoles, australianos, holandeses, daneses, italianos o centroamericanos, se pronuncian contra la inmoralidad de la guerra, sus respectivos gobiernos o participan directamente en el genocidio, o trafican con la sangre del pueblo iraquí. La coyuntura está poniendo en evidencia que el voto con los pies de las masas movilizándose, se ha convertido en el verdadero voto de la democracia universal. ;


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