Opinión

Por la diversidad cultural


— Sr. Michel Vandepoorter* —

¿La diversidad cultural de nuestro planeta está amenazada?;


Dos intuiciones prevalecen hoy en día bajo una forma un poco paradójica. La diversidad cultural en el mundo jamás ha sido tan abundante. Su acceso ha llegado a ser mucho más fácil que en el pasado, gracias principalmente a las nuevas tecnologías de la comunicación. Sin embargo, ella aparece al mismo tiempo por todas partes amenazada. La estandarización de las obras culturales es cada vez más fuerte y la concentración de las empresas de producción y difusión, acelerada desde hace más de diez ańos, amenaza con un empobrecimiento de las diferentes formas de expresión.;


A falta de una definición reconocida sobre lo que constituye o no obras de cultura, es particularmente difícil medir, desde un punto de vista estadístico, la realidad de esta doble intuición. Si escogemos tan sólo el ejemplo de la lengua, vector mayor, si lo es, de la expresión de las culturas, los hechos se imponen: la desaparición progresiva de lenguas llamadas minoritarias, es una realidad en todas partes. De aquí a unos cincuenta ańos, la mitad de estas lenguas habrán desaparecido.;


Este hecho particularmente alarmante y las consecuencias aun imprevisibles, es igualmente válido para las obras de las industrias culturales cuyo impacto es el más fuerte tanto en los estilos de vida como en la capacidad de los pueblos para conservar y desarrollar sus propias culturas. Estas obras, que según la definición que brinda la UNESCO Ťconcuerdan en conjugar la creación, producción y comercialización de bienes y servicios de carácter cultural, generalmente protegidos por derechos de autorť, comprenden el cine, los medios audiovisuales, la edición y más recientemente, los multimedias.;


Los desafíos económicos mayores de las industrias culturales, el espacio creciente que ocupan en el consumo de bienes y servicios culturales, en tanto que las artes tradicionales -la opera, el teatro, la danza - ven generalmente a su público estancarse, y sobre todo el miedo legítimo de ver a las naciones desposeídas de su capacidad de representarse, han colocado el tema de la diversidad cultural en el centro de todos los debates.;


Todo el mundo ha constatado que la dificultad de producir películas, para la mayor parte de países del mundo, está agravada por los obstáculos de difundirlas en el extranjero. No existe hoy en día un verdadero intercambio equilibrado de las obras cinematográficas. De igual forma, la producción literaria tiende a estandarizarse en beneficio de obras que pueden ser adaptadas al cine o a la televisión y que son más fácilmente editadas que las creaciones más innovadoras y exigentes.;


Frente a estas evoluciones preocupantes, ¿qué se puede hacer?;


En un pasado reciente, diversos Estados se movilizaron para oponerse a que sólo la lógica del mercado sea aplicada a los bienes y servicios culturales. ;


Considerando, según una formula ya consagrada, que Ťlas obras del espíritu no son mercancías como las otrasť, en tanto que ellas dan forma a la identidad de los pueblos y contribuyen de esta manera a la cohesión social, estos países han obtenido, frente a los partidarios del libre-comercio, una pausa en la carrera hacia la liberalización de estas industrias. ;


Su objetivo era y continúa siendo que, en un mundo donde los intercambios comerciales se globalizan cada vez más, las obras culturales sean protegidas de acuerdo a su carácter específico. Es indispensable para que los gobiernos, deseosos de promover la cultura nacional, puedan conservar el dominio de una política cultural: medidas preferenciales para las creaciones nacionales, cuotas de difusión, subvenciones...;


Todos los Estados se preparan actualmente para un nuevo ciclo de negociaciones comerciales, el ciclo de Doha. El tema de esta Ťexcepción culturalť va a ser nuevamente planteado. Se consideró por tanto juicioso para ciertos países, incluyendo Canadá y Francia, aclarar las cosas proponiendo la negociación paralela de un convenio mundial para la diversidad cultural.;


Este convenio, que podría ser negociado a partir de este ańo en el marco de la UNESCO, legalizaría los siguientes principios:;


* respeto al pluralismo lingüístico y movilización para detener la desaparición de las lenguas;


* reconocimiento del carácter excepcional de las obras culturales;


* derecho de los Estados de proteger y promover su creación nacional a través de medidas apropiadas;


* implementación de mecanismos internacionales de cooperación para ayudar a todos los Estados a preservar su patrimonio, material o inmaterial, y defender sus creaciones culturales;


El pluralismo lingüístico y por tanto la preservación y promoción de la diversidad cultural, elemento intrínseco de democracia y de desarrollo sostenible a escala mundial, son temas sumamente importantes para los 170 millones de francófonos en el mundo que celebran el 20 de marzo, Día Internacional de la Francofonía.;


* Embajador de Francia en Nicaragua;