Opinión

¿Por qué Saddam Hussein nunca se desarmará?


— William Shawcross —

El jefe de los inspectores de armas de las Naciones Unidas, Hans Blix, ha exigido a Iraq que destruya todos sus misiles al-Samoud, que se ha determinado exceden el alcance de 150 kilómetros permitido por la ONU. Puede que Saddam Hussein acepte por razones tácticas, especialmente porque tales Ťconcesionesť convencerían a muchas personas de que las inspecciones están Ťdando resultadosť y que un ataque armado no sólo es innecesario sino grotesco.;
;
Pero la realidad que hay que recordar es que Saddam Hussein nunca renunciará a sus armas de destrucción masiva de manera voluntaria, según lo exige la resolución 1441 y otras dieciséis resoluciones. Estas armas son parte integral del sentido de su régimen. Su historial demuestra que considera que ningún costo es demasiado alto para retener su capacidad biológica, química y nuclear, cualquiera que sea ésta.;
;
En 1991, al terminar la guerra en Kuwait, el acuerdo de capitulación estipuló específicamente que Iraq entregaría sus armas de destrucción masiva en un plazo de quince días. Las sanciones impuestas tras su invasión a Iraq se mantendrían hasta esa fecha. Su rechazo a cumplir con esa exigencia significó que el embargo petrolero de las Naciones Unidas se ha mantenido durante doce ańos, costándole a Iraq más de 180.000 millones de dólares y un gran sufrimiento de su pueblo. Es erróneo acusar a Occidente o a las Naciones Unidas por el hambre y las muertes de los nińos iraquíes; Saddam Hussein es a quien hay que responsabilizar, ya que considera que ello es sólo una pequeńa parte del precio que hay que pagar por sus armas proscritas.;


La obsesión de Saddam Hussein por las armas de destrucción en masa tiene raíces profundas tanto en el ámbito interno como exterior. En primer lugar, ve la amenaza de tales armas como un medio de controlar internamente al sesenta por ciento de los iraquíes que son shiitas. El uso de armas químicas contra los kurdos, en 1998, enseńó a los shiitas los riesgos de realizar un levantamiento. En 1999, una revuelta de los shiitas en la ciudad de Najaf fue aplastada por las fuerzas de seguridad de Saddam Hussein, acompańadas por tropas de uniformes blancos que usaban máscaras antigases. La gente se sentía aterrada ante la idea de que Saddam Hussein los fuera a atacar con gas -con las armas que Hussein niega poseer y que la ONU aún busca vanamente-. Desde entonces, los shiitas han vivido, en su mayoría, intimidados.;


Según Amatzia Baram, del Centro Saban del Brookings Institution, en Washington, las armas de destrucción en masa ayudan a mantener en línea a las fuerzas armadas tradicionales. A éstas las controla la Organización de Seguridad Especial, leal a Saddam Hussein, que sirve de contrapeso al ejército tradicional, en cuyos oficiales Hussein no confía. El ejército sabe que su máximo poder radica en otra parte.;


En el exterior, los beneficios parecen aún más obvios. Saddam Hussein cree que la victoria de Iraq sobre Irán, en 1988, tuvo mucho que ver con su uso de las armas de destrucción en masa. También cree que esa fue una de las principales razones por las cuales los aliados no marcharon sobre Bagdad en 1991. Al observar la situación de Corea del Norte puede haber concluido que sólo las armas nucleares proporcionan una disuasión inexpugnable.;


Su tercer incentivo es su deseo de transformarse en el líder incuestionable del mundo árabe. Su fracaso en conseguir los recursos petroleros kuwaitíes en 1991 lo convenció de que las armas nucleares son esenciales. Con armas nucleares se sentiría capaz de enfrentar a Israel de manera espectacular. ;


Por lo tanto, las armas de destrucción en masa están ligadas a su sentido de supervivencia y de destino. Es brillantemente astuto al dividir a sus enemigos. Pero también se equivoca de manera espectacular. No creyó que los aliados usarían la fuerza para sacarlo de Kuwait. Pero él consideró su propia supervivencia una victoria sobre sus enemigos. Su campańa por mantener sus armas de destrucción en masa durante doce ańos ha sido igualmente exitosa.;


La oposición mundial al uso de la fuerza estadounidense-británica puede haberlo convencido de que sus tácticas pueden haberlo salvado nuevamente. Esta semana podría entregar sus misiles al-Samoud para que Blix pueda informar de Ťun gran triunfoť y de esa manera dividir aún más a los enemigos de Saddam. Pero nunca se desarmará de manera voluntaria, como lo pide la resolución 1441.;


Puede que, por cuestión de suerte, perseverancia y buena inteligencia, los inspectores encuentren materiales prohibidos. Nunca encontrarán el grueso de las armas ilegales. Pero ese no es su trabajo. Su trabajo es vigilar su desarme voluntario. Hussein no lo está haciendo y nunca lo hará. Claramente, está infringiendo la resolución 1441 y así será siempre. La decisión que enfrenta el mundo es si hay que dejarlo hacer de las suyas nuevamente. George Bush y Tony Blair dicen que no. Están en lo correcto. ;


Shawcross es un periodista británico que se hizo famoso por su polémico libro denunciando a la Administración Nixon. Sideshow: Kissinger, Nixon, and the Destruction of Cambodia. ŤCopyright 2003 William Shawcross. Publicado por primera vez en The Observer. Reservados todos los derechosť.