Opinión

Instrucciones para reescribir el Génesis


— Daniel Samper Pizano —

Bush y sus visionarios derechistas proyectan un Mundo Nuevo en el Medio Oriente.;
Preguntó una encuesta en una importante ciudad quién era más temible, si Saddam Hussein o George W. Bush. La respuesta fue: 60 por ciento, Bush; 40 por ciento, Saddam. En un país vecino la cuestión era: Ť¿Quién es el mayor enemigo de la paz mundial?ť. Las opiniones arrojaron 50 por ciento para Bush y 50 por ciento para Saddam. En otro país, un diario interrogó a los lectores si concordaban con una frase según la cual los gobernantes de Estados Unidos estaban comportándose como Ťbastardosť. Resultado: el 51 por ciento dijo que sí. ;


Si estas encuestas correspondieran al Medio Oriente sería preocupante, pero explicable. Lo grave es que la primera ciudad fue Dublín (Irlanda), la segunda encuesta se realizó en Inglaterra y la tercera fue un sondeo del Toronto Globe and Mail en Canadá: tres países unidos a Estados Unidos por la historia, la cultura, la lengua y la economía. ;


Esto opinan sobre Bush sus amigos. Mejor no preguntar a los enemigos. En Irak, verbigracia, lo llaman Ťel Diabloť. Quizás es calificativo errado para alguien a quien cierto alto funcionario canadiense describió como Ťun tontoť. Temo que el Diablo podría molestarse. ;


Pero, contra lo que algunos creen, Bush no es un loquito que anda por ahí buscando peleas. El asunto es mucho peor. Se trata de un fundamentalista de cerebro liviano a quien maneja un equipo de ultraderecha, cuyos principales miembros han tenido intereses comerciales en el Medio Oriente. A él le vendieron la idea de una cruzada para Ťcivilizarť los países árabes y lo deslumbraron diciéndole que la manija de la redención consiste en convertir a ;
Irak en un espejo de Occidente. ŤDespués de una guerra en Irak, es realmente posible remoldear la regiónť, explicó el ańo pasado Meyrav Wurmser, un arcángel de Bush vinculado a uno de los institutos conservadores (think tanks) que manejan el proyecto de la Nueva Creación. ŤLa libertad en Irak podría extenderse a sus vecinos y correligionariosť, apoya con fervor el columnista William Safire, que -para que ustedes juzguen- considera a Bush Ťun visionarioť. Debe de ser que el Tigris y el Éufrates, con sus bíblicas resonancias, producen ganas de reescribir el Génesis. ;


Hasta hace unos ańos, el Ťvisionarioť era poca cosa: un joven ejecutivo tejano, hijo de papi (papi ya era personaje nacional), que se la pasaba tomando cerveza -quizás también algo más dańoso-y despilfarrando la plata de la familia. Durante un tiempo estuvo dedicado al alcohol y al fútbol, hasta que un día Ťvio la luzť. Dos luces, para ser exactos: el Evangelio y el petróleo. El primero lo convirtió en un Ťcristiano renacidoť y el segundo en próspero empresario, aunque los valores de la pobreza de Jesús no alcanzaron a permear sus prácticas como capitalista petrolero. En junio de 1992, estando al frente de la Harken Oil and Gas, ganó una millonada con operaciones dudosas como las que luego quebraron a Enron y WorldCom. ;


Es casi inevitable que estos personajes terminen en la política, así que él acabó siendo candidato del Partido Republicano. Cuando lo eligieron presidente en votaciones no propiamente inmaculadas, subió al poder de gancho con sus padrinos, los cerebros conservadores que lo asisten e inspiran. Entre ellos se destacan los asesores de seguridad y defensa, verdaderas joyitas del más belicoso Ťsueńo americanoť: Dick Cheney (que, sin ningún asco, tuvo negocios con Irak entre 1997 y el 2000 como presidente de la petrolera Halliburton), ;
Donald Rumsfeld, Ricard Perle y Paul Wolfwitz. Hace un ańo, cuando agarró bulto entre sus asesores la idea de Ťremoldear un nuevo Medio Orienteť, fue fácil venderle la idea a este líder de cabeza pandita que tenía en su haber la ira nacional por el atroz ataque terrorista de Al Qaeda el 11-S y entendía que una buena guerra podía mandar al olvido el escándalo empresarial que estaba devorando su popularidad. ;


Para eso, sin embargo, era precisa una maroma: aunque Irak nada tenía que ver con Al Qaeda, había que invadirlo, controlar su petróleo y edificar allí una nueva sociedad democrática y limpia. Si ello implicaba una guerra preventiva (Irak habría sido incapaz de atacar a Estados Unidos ni con bodoques) o pasar por encima de la ONU, no importaba. Quizás era bueno de una vez remoldear también las instituciones internacionales. La propuesta tenía un atractivo adicional: derribar a Saddam, a quien no pudo tumbar George Bush padre en 1991. ;
Significativamente, no lo hizo porque, según confesó en un libro siete ańos después, Ťpensamos que Estados Unidos no debía actuar solo, que era mejor un acuerdo multilateralť. ;


Fue así como el primero de junio del 2002, en la academia militar de West Point, Bush Jr. dio a conocer su doctrina, que archivaba la de mutua contención del último medio siglo y proclamaba la guerra preventiva. ;


En esas estamos. Camino a la redención. Hasta Collin Powell acabó trabajando por la causa en que no creía y aportó al Consejo de Seguridad -Ąqué pena!- falsas pruebas contra el abominable régimen iraquí, que une a musulmanes shiítas y sunitas contra Ťel Demonioť. ;


El cóctel, pues, no augura nada bueno: fanáticos religiosos, petróleo, armamento sofisticado, 300 mil soldados anhelantes, quebrantamiento de la legalidad internacional, y, como grito de guerra, ŤĄVamos a vengar a papi!ť. ;