Opinión

Algo sobre mujeres


— Aline Pettersson —

¿Que por qué la humanidad se ha acogido a la sombra de las religiones? Las respuestas son amplias y no tengo la soberbia de pretender agotarlas. Diré, sólo, que lo hace en búsqueda de trascendencia, en el deseo de no apagarse del todo para siempre. Tal, la buena fe del ser humano que quiere una esperanza, una justificación de su breve tránsito vital. Y sin embargo... Sin embargo el afán de poder acaba por apropiarse de dichos anhelos. Ya institucionalizado, el poder crece y crece, llevando a los fieles a acatar los más ominosos mandatos. Las religiones son un espejo muy acabado de la doble moral y sus aberraciones. Y en ellas las mujeres han llevado siempre la peor parte. ;


Dejo de lado (el asunto es demasiado complejo) la reglamentación del pensamiento oriental, para ceńirme a nuestra herencia judeocristiana y sus excesos. Y siempre serán las mujeres carne de pecado, pero también de sujeción a leyes que los jerarcas no suelen respetar ellos mismos. Y aquí cabría seńalar que la infancia también ha sido objeto de abusos mil. Para muestra salta de inmediato el turbio (y nunca aclarado) historial de Marcial Maciel y sus efebos. ;


Pero hoy quisiera comentar algo sobre mujeres a partir del terrible episodio de la nińa nicaragüense, de escasos nueve ańos, violada y, a consecuencia de ello, embarazada, así como de la excomunión a sus padres (acaso también a ella). ¿Será que las mujeres son sólo, además de incitación al pecado, una máquina reproductora? ¿En dónde se coloca su dignidad mancillada? ¿No será suficiente para esta nińa el hecho traumático vivido? Lo único que se me ocurre es que se trata de una forma de ejercer la virtud de la caridad, y así conducirla prontamente al cielo. Porque es más que obvio que su cuerpo no puede haber alcanzado la madurez necesaria para la gestación. ;


Si la religión -siempre extemporáneamente- ha debido rectificar, muchas veces después de varios siglos, sus posturas, ¿cómo es que está segura de que el alma se aloja en el cigoto o antes? En el caso nicaragüense sería acabar con una persona real y luego con la otra que a la fuerza pretendían que se desarrollara. Porque mucho me temo que en los inicios de la división celular esos tejidos no son una persona, pero ahí se coloca la ofensiva de los Torquemadas. ¿Por qué los derechos ultrajados de la nińa no merecen respeto? ¿Será tal vez por la misma razón que las mujeres deben cubrirse el pelo en una audiencia vaticana? ¿Son tan débiles los hombres que flaquean al tener frente a sí una cabellera femenina? ¿Es por ello que no se les puede otorgar a las mujeres las sagradas órdenes? ¿O de qué se trata? ;


Se me dirá que con que yo no solicite tal audiencia, no me veré en este predicamento. No la solicitaré. Pero lo que no entiendo es que las mujeres, sojuzgadas durante tantas centurias, refuercen semejante situación. Su conducta se asemeja a la de las aves enjauladas que con la puerta abierta ya no saben cómo salir y volar. Olvidaron que el mundo es ancho. Y así, vuelven al alpiste que la mano que las sujeta les dispensa caritativamente. ;


Provenimos -en Latinoamérica- de la represión surgida de la Contrarreforma, y así han transcurrido muchos ańos, muchos siglos. Ello ha permeado nuestras costumbres de un desprecio grande para con las mujeres que rebasa lo meramente religioso, aunque no lo deja de lado. ;


Otro asunto monstruoso que nos lacera es el de los crímenes de Ciudad Juárez, que va más allá de lo que ficción alguna pueda jamás imaginar. La indiferencia, así como la visión de tintes con frecuencia condenatorios para con las víctimas (Ťellas se lo buscaronť), han hecho que los asesinatos sigan ocurriendo, ante la impunidad de sus perpetradores. Yo he llegado a pensar que se trata de un grupo (enfermo, qué duda cabe) que pacta el secreto, y que se trata de una especie de horrendo deporte de iniciados. Además creo que se sabe más, mucho más, de lo que se nos dice. Al fin, son mujeres... y las mujeres, de una forma u otra, se lo merecen. ;


Claro que entre la pobre nińa de Nicaragua y las muertas de Chihuahua hay miles de kilómetros de distancia y varias fronteras. Pero lo que las acerca es la visión descalificadora para con el sexo femenino. Es, en un sentido, la ignorancia e indefensión en la que vivimos. Es el desprecio por los valores humanísticos. Es querer tapar el sol con un dedo. Es pretender volver a los Ťvaloresť de antes, donde reinaba la religión, con todo y el tolerado derecho de pernada, por ejemplo. ;


Si bien procedemos de la Contrarreforma, aquí en nuestro país hubo una Reforma que nos libró de mayores aberraciones. Pero ahora se pretende echar marcha atrás. La delimitación entre lo civil y lo religioso pierde nitidez, para empalmarse buscando obliterar la mirada con un discurso melifluo que hiere las capacidades del pensamiento, y que quiere imponerse en todos los ámbitos, sin olvidarse de las expresiones culturales. ;


Pobre Benito Juárez, si supiera que la ciudad que lleva su nombre es sitio de las acciones más sórdidas, donde el respeto al ser humano ha sido descartado. Por otra parte, la única mujer digna de éste es la Virgen de Guadalupe, que, como virgen que es, no ejerce la sexualidad, por lo que no representa amenaza para la frágil castidad masculina. Aunque, pensándolo mejor, ni ella se libra. Su imagen fue vendida por algo más de 30 monedas, para ser empleada como logotipo en los llaveros que acaso abran las puertas del cielo. ;


¿Cómo cerrar ojos y oídos al escuchar o leer los apotegmas bobalicones, pero perfectamente dańinos con los que hoy se nos habla? ¿Cómo creer en las palabras de quienes nos predican con la verdad revelada, donde lo civil y lo clerical muchas veces se confunden? Y si se trata de mujeres, ¿cómo aceptar esa mirada donde ellas mismas se enjaulan? ¿Cómo?