Opinión

Gracias profesor


— Frei Betto —

Fueron sus ideas, profesor, las que permitieron a Lula, el metalúrgico, llegar al gobierno. Eso no había sucedido antes en la historia del Brasil y, quizás, en la del mundo, excepto por la vía revolucionaria. Hablo de la elección a presidente de la República de un hombre que venía de la miseria, que enfrentó, como líder sindical, una dictadura militar y fundó un partido de izquierda en una nación donde la política pública siempre fue negocio privado de la élite.;


En el día de su toma de posesión, al hablar desde el Palacio de Planalto, Lula declaró que no era resultado de sí mismo, sino de la historia de lucha del pueblo brasileńo. Está claro, profesor, que no ignoramos la reacción indígena a la llegada del colonizador, fuese él portugués, francés u holandés; los quilombos de los esclavos liberados; las revueltas populares que marcaron el período prerrepublicano, como la Rebelión Minera liderada por Tiradentes. No olvidamos a los anarquistas y comunistas, la Columna Prestes, la Alianza Nacional Liberadora, la Acción Católica, el ISEB y las Ligas Campesinas.;


Pero su pedagogía, profesor, permitió que los pobres se volvieran sujetos políticos. Hasta entonces, el protagonismo de los pobres tendía al corporativismo o no pasaba de revueltas desprovistas de un proyecto político inclusivo. De ese modo, ellos sólo aparecían como figuras de retórica en el vocabulario de la izquierda.;


Marx y Engels eran intelectuales (y es bueno recordar que Engels era incluso un empresario de éxito). Lenin, Trotsky y Mao eran también intelectuales. El Che era médico y Fidel abogado. En nombre de los pobres, y casi siempre a favor de ellos, mandaban los intelectuales. Y los pobres eran mandados.;


Gracias a sus obras, profesor, se descubrió que los pobres tienen una pedagogía propia. Ellos no producen discursos abstractos sino plásticos, ricos en metáforas. No moldean conceptos; cuentan hechos. Fue usted quien nos hizo entender que nadie es más culto que el otro por haber frecuentado la universidad o apreciar las pinturas de Van Gogh y la música de Bach. Lo que existe son culturas paralelas distintas y socialmente complementarias. ¿Qué sé yo de los circuitos electrónicos de este ordenador en el que estoy escribiendo? ;


¿Qué sabía Einstein sobre la preparación de un apetitoso plato de frijoles? Con la diferencia de que la cociera puede pasar la vida sin ninguna noción de las leyes de la relatividad, pero Einstein nunca pudo prescindir de los conocimientos culinarios de quien le preparaba la comida.;


El pobre sabe, pero no siempre sabe que sabe. Y cuando aprende es capaz de expresiones como esta que oí de boca de un seńor alfabetizado a los 90 ańos: ŤAhora sé cuánto no séť. Usted, profesor, hizo que el pobre supiese lo que sabe, y que su saber es tan intelectual como el de quienes, doctorados en filosofía o en matemática, ignoran cómo poner los cimientos de una casa, tejer un cesto de mimbre o sembrar el trigo en la época oportuna.;


Usted hizo que los pobres conquistasen su autoestima. Gracias a su método de alfabetización, ellos aprendieron que ŤIvo vio la uvať y que la uva que vio Ivo y no la compró es cara porque el país no dispone de política agrícola adecuada ni permite que todos tengan acceso a una alimentación suficiente. Y sólo el pobre sabe lo que significa pasar hambre. Por eso, profesor, fue necesario que un pobre llegase al gobierno para priorizar el combate al hambre y adoptar como criterio de éxito administrativo el acceso de toda la población a tres comidas diarias.;


Usted nos enseńó que nadie enseńa a nadie pero ayuda al otro a aprender. Gracias a su fórceps pedagógico, extrajo la pedagogía del oprimido y la sistematizó en sus obras. Pues lo arrancó de la percepción de la vida como mero fenómeno biológico para considerar la vida como proceso biográfico. Los pobres hacen historia, como lo demuestran los cuarenta ańos de actuación de los movimientos sociales que llevaron a Lula a la presidencia. Fue su pedagogía de concientización (o mejor, la de los pobres que, repito, usted sistematizó) la que posibilitó la organización y la movilización de los excluidos. Usted le dio consistencia dinámica a las Comunidades Eclesiales de Base, a los movimientos populares, a las oposiciones sindicales, a los sindicatos combativos, a las ONG, a los partidos progresistas.;


A lo largo de las últimas cuatro décadas sus ‘alumnos’ fueron pasando de la esfera de la ingenuidad a la esfera de la crítica, de la pasividad a la militancia, del dolor a la esperanza, de la resignación a la utopía. ;


Convencidos por usted de que son igualmente capaces, ellos fueron ocupando progresivamente espacios en la vida política brasileńa, como militantes de las CEBs, del PT, del MST y de tantos otros movimientos.;


Lula, profesor, es la expresión más notoria de ese proceso. De ahí la empatía que se dio entre él y usted. Usted le facilitó las herramientas y él, como buen tornero-mecánico, hizo el prototipo de llave que abrió a los oprimidos las puertas de la política brasileńa. Basta con mirar al gabinete actual, integrado por gente que vino de aquello que la élite llama ‘escoria’: María Silva, del Medio Ambiente, fue buscadora de oro y aprendió a leer a los 14 ańos; Miro Teixeira, de las Comunicaciones, fue nińo de la calle en la plaza Mauá, en Río; Olivio Dutra, de las Ciudades, fue militante de la Pastoral Obrera y funcionario de banca; Ricardo Berzoini, de la Previsión, también fue empleado de banca, así como Luis Gushiken, de la Secretaría de Comunicación; Benedita da Silva, de la Asistencia y Promoción Social, fue habitante de una favela y empleada doméstica; José Fritsch, de la Pesca, vino de las Comunidades Eclesiales de Base; Jaques Wagner, del Trabajo fue técnico en mantenimiento; Miguel Rossetto, de Desarrollo Agrario, fue técnico mecánico.;


Por ese nuevo Brasil, muchas gracias, profesor Paulo Freire.;