Opinión

Agresivo fariseísmo


— Onofre Guevara —

I.- Si “abortistas” son los que vieron justa la solución al drama humano, social y ético de Rosa con el aborto terapéutico, yo me siento “abortista”, y por tal motivo debería darle la bienvenida a la excomunión anunciada por un jerarca de la iglesia católica (23/02/03). Y no lo hago, porque su excomunión no me afecta en ningún sentido. Sin embargo, soy solidario con quienes, siendo católicos, les pudiera afectar, y con gusto compartiría cualquier castigo, si su culpa existiera, por su actitud humanitaria de velar por la vida y el desarrollo normal de una nińa, en vez de condenar farisaicamente a los padres por haber evitado que su nińa (no una mujer) diera a luz un hijo en peligro de nacer con anormalidades físicas, como si fueran pocas las anormalidades de orden ético que un pútrido ámbito social le ha impuesto a su hija. No sólo la justedad de la decisión deseo defender; también a quienes sientan agredido su espíritu de creyentes con el terrorismo psíquico-religioso de sus pastores. ;


II.- A estas alturas, no ha de haber mucha gente a la cual la excomunión le quite el sueńo, porque se sabe que otros la tienen bien merecida y no se la han aplicado, como los sacerdotes violadores de nińos. O como los que propician la muerte de los nińos porque se roban los recursos para las medicinas y la atención médico-hospitalaria. Esos ladrones no son excomulgados, sino que les dan apoyo, oraciones y ruegos por su salud. Para todos está a la vista este juego de doble moral. Los mismos que excomulgan y no excomulgan al gusto, también incitan a la Policía a proceder de oficio contra los que apoyan el aborto terapéutico de la nińa, y, por otro lado, abogan porque se respete la libertad de quienes le han robado al pueblo su comida, su medicina y su educación. Por eso no es lógico ni moral ni racional aceptar que alguien pretenda tener la facultad de descifrar los arcanos divinos, y no pueda ver las simples pruebas de la delincuencia de sus amigos.;


III.- Sólo el hecho de imaginarse uno que las incongruencias del actuar de los pastores no podrían contar con la licencia de ninguna divinidad, otorga el derecho de dudar del valor de la excomunión. Aun cuando lograran el sometimiento por medio del terror psíquico-religioso de la mayoría de los que vieron justo y razonable salvar a la nińa por medio del aborto terapéutico, los pecados de omisión, de tolerancia y hasta de complicidad con la delincuencia del gobierno anterior de quienes anunciaron la excomunión, invalida ese recurso, lo pone en duda o lo descalifica. Hay otra forma de revelar su inocuidad: de entre la supuesta mayoría católica de Nicaragua, ¿cuántos que al nacer fueron bautizados en el rito católico por su propia y libre voluntad? Todos conocemos la respuesta. De manera que la excomunión pierde todo sentido ante una realidad muy sencilla: nadie te puede echar de donde nunca estuviste por tu propia voluntad. ;


IV.- No ignoro, menos niego, el derecho de nadie a ser parte de la religión que le dé su gana o de no tener ganas de estar en ninguna. Sólo hago uso de mi derecho de opinar contra la manipulación de las creencias de las personas, buscando beneficios políticos y cómo consolidar influencias religiosas. Reconozco, incluso, el derecho de quienes, ante la excomunión, quieran sentirse atormentados por una culpa que no tienen. Porque estoy seguro de que ni mi derecho ni el de los demás — en cualquier sentido que se aplicara— podría tener influencia ya sobre el curso de la vida de la nińa Rosa y de sus padres. Prevaleció su derecho a vivir liberados de los tormentos morales y éticos, al no permitir el curso “normal” de una monstruosa anormalidad, como fue el embarazo por violación. Si dentro de la iglesia católica aún quedan deseos no satisfechos de aterrorizar a alguien, están en su derecho de excomulgar a los sacerdotes que violan el celibato… Ącon mujeres y con hombres!;