Opinión

Una modesta propuesta


— Francisco Javier SANCHO MAS —

Jonathan Swift sorprendió a toda la sociedad de su tiempo, (siglo XVIII) cuando escribió y fue leído en el parlamento inglés la ŤModest Proposalť una propuesta modesta en la que pretendía con toda la seriedad de su sátira matar a todos los nińos de la calle de su país Irlanda y venderlos como comida de moda extravagante a la alta sociedad británica. Lo catalogaron de monstruo y de salvaje. Pero obviamente, lo que Swift pretendía era llamar la atención sobre lo realmente monstruoso y salvaje de una situación a la que los ingleses se habían acostumbrado con indolencia como si la cosa no fuera tan grave.;


Se lamenta el ministro de que ochocientos mil nińos y nińas no vayan a entrar este ańo a clase por falta de medios, tanto los dispuestos por el gobierno como con los que cuentan los padres de esos nińos. Se lamenta con semblante relajado de que la situación, a la que no llama situación, sino coyuntura, no deje entrar en el aula del saber a tanta infancia. Se lamenta y no responde cuando se le pregunta Ťy ahora quéť. Pues qué va a pasar, seńor ministro, con esos ochocientos mil. La cifra es tan inverosímil, seńor ministro.;


Pero esto era parte del pacto, del veto y de no sé qué más. Cuando ustedes van a la asamblea o a Casa presidencial en sus camionetas rodeados de escolta que no permiten ni que se les vea ni que ustedes vean pasan raudos por los semáforos de toda la Avenida que baja al lago y sólo les dejan el humo de sus carburadores a tantos nińos que allí venden chicles y lavan vidrios, parte de esos ochocientos mil destinados a quedarse fuera de clase. A nadie se le ocurriría pensar que nuestros hijos se quedaran sin clase, en un buen centro a ser posible, todavía mejor en el extranjero, nuestros hijos, sus hijos. ;


Pero esos hijos no son los nuestros, seńor ministro, son los hijos de los otros, los que habitan allá por donde reina el polvo en tierra y aire y donde queda lejos el asfalto y los modales y la urbanidad con los que se compran y venden los proyectos y los papeles. Usted se defiende con estadísticas, pero no con rostros humanos de verdad. Stalin sostenía que un muerto puede resultar una tragedia, pero mil muertos es sólo una estadística. ;


Esto, seńor ministro no es cuestión de estadística. Esto es una condena oficial a una muchedumbre de nińos hambrientos que los deja fuera del sistema, porque Nicaragua, por más que se diga lo contrario, sigue siendo un país clasista donde prima por encima de todo e incuestionablemente el que tiene dinero. El resto sólo está para servir. Por tanto, a estos nińos, no sólo se les deja fuera de la clase escolar, sino también de la clase que participa con derechos y obligaciones del país, de la gente a la que los políticos van a ver en campańa. Pero esta gente es mucho pueblo, seńor ministro, mucho pueblo. Y si los nińos se quedan fuera de clase, no crea que van a mirar las musarańas. ;


Ellos salen a la calle a tapar los agujeros del asfalto, seńor ministro, a mirarle a la cara a los que están tras los vidrios oscuros, a vender goma de mascar, porque usted sabe como yo, seńor ministro que esta gente no se está quieta, y que tiene mucha dignidad. Los padres, es cierto, y los que no son padres, los mandan a los semáforos, y ellos diligentes, hacen lo que les dice papá o mamá, que no puede ser malo. Son éstos y éstas las muchachitas con faldas chingas que usted sabe muy bien seńor ministro que no sólo terminan por vender chicle sino ya sabe qué más.;


Pero al fin y al cabo, mejor hablemos de estadísticas, ¿no le parece?;


Es insostenible, seńor ministro que los organismos internacionales quieran que tanta gente se quede fuera del sistema educativo condicionando así su ayuda a Nicaragua. Es insostenible que el presidente empeńe su palabra y que su palabra sea dejar a tantos nińos y nińas fuera de clase. Claro, ya sabemos que la palabra empeńada del presidente es una palabra estadística pero que él sabe muy bien que traducida, significa muchos nińos en la calle. Es insostenible, repito, pensar que los organismos van a beneficiar a los mismos nińos que exigen dejar fuera de la escuela. En qué más les van a ayudar. A cuántos nińos más. ŤMejor no me ayude compadreť, le dice Nicaragua a esos organismos tan ciegos que sólo ven cifras y no personas.;


Mao era de la idea de que en China había que sacrificar quince millones de vidas para que pudieran alimentarse y subsistir cien millones. Algunos políticos, sociólogos, y gentes que gustan de la estadística alabaron en su día el pragmatismo comunista y la frialdad de una visión, decían de largo alcance. ;


Hoy día, en China, por problemas no de sobrepoblación sino de reparto de riqueza, quién lo iba a decir en un país que se autodefinía como comunista, trata de que no haya nińos ni nińas en las calles, y el mejor método es la planificación obligatoria. Así en el campo, se les impone a las familias no procrear más de un bebé. En caso de que violen la ley, el Estado les arrebata a los nińos y los oculta en orfanatos siniestros en muchos casos. En Nicaragua, de momento, Ťsóloť se les deja fuera de clase. El modelo chino y la propuesta de Swift alargan su sombra en nuestro pequeńo país. Adónde más podemos llegar.;


Es una historia inolvidable contada en las vińetas del Alacrán casi sin palabras hace dos o tres domingos, historia real y latente de un nińo que se levanta antes del alba, y todavía sin que la luz deje ver algo más, prepara sus cosas para ir a su primer día (todo hace pensar que de clase). Sale corriendo tras refrescarse la cara con agua de un balde, y sale disparado con un cubo y un trapo viejo; no quiere llegar tarde a su primer día en el semáforo. Esa historia es un homenaje a los ochocientos mil nińos y nińas que este ańo no tuvieron su primer día.;


La propuesta del gobierno no puede ser ésta que más se asemeja a la de Swift que a otra que quiera beneficiar al país. Hace falta otra propuesta un poco menos satírica y un poco más verdadera. Pues ¿qué será de ellos, de esos nińos, este ańo, seńor ministro?, ¿y el próximo?. Quiera Dios que no hayamos torcido muchos caminos. De lo contrario, alguien tendrá que responder algún día de estos. Tal vez todos nosotros, ¿verdad seńor ministro, y seńor presidente, y seńores de los organismos?. Tal vez todos nosotros. Y entonces, ya no valdrán las estadísticas.;


franciscosancho@hotmail.com;