Opinión

Tirso reo confeso


— Francisco Bravo Lacayo —

Los acontecimientos ocurridos la semana pasada —la muerte accidental del joven Arnoldo José Alemán Cardenal y la toma de las instalaciones de ŤLa Prensať por Tirso Moreno, ex comandante de la contra—, han dejado planteadas dudas en el escenario político.;


En el caso mortal del joven Alemán porque resulta casi inexplicable la manera cómo una persona preparada se lanzó a una muerte segura y la falta de elementos para salvaguardar la vida, siendo el dueńo de la hacienda una persona con abundantes recursos económicos.;


Pudo haber sido una imprudencia o un acto reflejo. Eso no se sabrá nunca.;


Sobre esto, sólo debemos anotar la casi exclusiva mención en los medio del hijo del ex presidente Alemán y el silencio casi completo de los otros muertos ¿por su origen humilde?;


Lo del asalto a ŤLa Prensať tiene connotaciones que pueden ser trágicas para los nicaragüenses.;


Nada que el Ťcomandanteť contra andaba Ťboloť ni que fue un acto irreflexivo. Todo mundo sabe que días antes se había lanzado amenazas en La Poderosa por el posible desafuero del doctor Alemán. Eso es una prueba de que fue premeditado. Tampoco se desconoce la campańa desarrollada a través de la misma radio por elementos rabiosamente antisandinistas y enemigos jurados de los medios a quienes acusan de ser responsables del posible desafuero y posterior encarcelamiento de su Ťmáximo líderť, acusado de ser el principal responsable de la corrupción.;


La muerte accidental del Jr. pretende ser aprovechada por el alemanismo para despertar sentimientos de pesar entre el pueblo dirigidos a echarle tierra a los juicios que afronta Alemán. Se apoyan en el sentimentalismo de nuestro pueblo para intentar sacar ventaja en provecho de sus ambiciones de perpetuarse en el poder y continuar con la fiesta.;


Nuestro pueblo no puede ni debe dejarse sorprender. Está bien respetar el dolor de un padre ante la muerte de su hijo, pero otra cosa muy distinta es perdonar a una persona que ha dejado en bancarrota al país.;


Volviendo al asalto a ŤLa Prensať, no podemos ignorar la muerte de centenares de periodistas a manos de extremistas como don Tirso en todo el mundo y, menos aún olvidar que Pedro Joaquín Chamorro Cardenal pagó sus valientes denuncias contra los latrocinios a manos de individuos como Tirso. Sería una traición olvidarlo.;


Por lo tanto, nuestro pueblo debe permanecer alerta y exigir que el culpable pague su delito y que las autoridades salvaguarden el don preciado de la Libertad de Prensa. En este marco, creemos que el gobierno hizo mal en cercenar La Poderosa, sin agotar los mecanismos que la ley pone en sus manos para luchar contra los cínicos que se aprovechan de la libertad de prensa para asesinarla.