Opinión

Duelo y oportunismo


— Onofre Guevara López —

Ocho días han transcurrido, y es natural que la tragedia de El Chile aún conmueva como al principio a las familias dolientes. Entre tanto, la sociedad sigue siendo tributaria de dolor, en grande y en pequeńo, a la tragedia común de todos los días en el gran escenario de la vida. El dolor es un sentimiento al que accedemos todos sin invitación ni requisitos.;


Pero cada familia asume su propio luto con un sentimiento único, muy íntimo, intransferible. Y el pesar de todos se diluye en el indetenible curso vital de las sobrevivencia, mientras todo navega en pequeńas y grandes contradicciones.;


Unos primeros, otros después, pero todos hemos aportado e inevitablemente deberemos aportar la cuota de dolor que nos corresponde en el drama cotidiano de vivir. Aunque al dolor por la muerte de un deudo cercano y querido es imposible de tasar, y lo que siente cada quien no se puede medir con el sentimiento de otro; existen circunstancias en las que, cuando ocurre una muerte, son menos favorables para una familia que para otra. A una familiar en pobreza, se le complica e intensifica la pena.;


La referida circunstancia, incluye el hecho de que hay —por desgracia— unas muertes más comentadas en los medios de comunicación que otras. Es decir, dura más tiempo el suceso obituario en el comentario de la opinión pública, según el nivel político y social de la familia del difunto o del difunto mismo. Quien no se encuentra en las mejores condiciones materiales y sociales, su deceso es noticia, a lo más, de un solo día. Lo es de varios días, cuando las circunstancias del suceso son muy extraordinarias.;


La diferencia de tratamiento de una y otra muerte es un hecho objetivo, refleja las divisiones de clase en la sociedad. Tan objetivo es, como el hecho de que no todos nos conformamos con esa realidad por muy inevitable que sea.;


Pero no es la diferencia entre muertes trascendentes y las que no trascienden el círculo familiar lo más dramático. De mayor y más intenso dramatismo es el deceso de una persona sin recursos económicos, porque al dolor natural por su deceso se suma el dolor condicionado socialmente por la pobreza y las limitaciones del momento en que ocurre, y del cual se derivan consecuencias para toda la vida de una familia.;


Comprobar lo dicho no necesita de convocatoria especial. Los casos están ahí, en cada edición de los diarios, en las emisiones cotidianas de canales de televisión y ondas radiales, en nuestro vecindario, donde las consecuencias de cada suceso son palpables y conmovedoras.;


Se conocen casos de madres y padres o de parejas que mueren por cualquier causa, dejando en la orfandad y totalmente desprotegida a su prole, casi siempre numerosa. Hijos que sin falta pasarán a engrosar las filas de los semáforos, cuando mejor les va, porque existen condiciones de subsistencia mucho más duras. Hace poco fue conocido el caso de un matrimonio que no necesitó morirse para conocer el futuro de sus hijos. Bastó que el hombre enfermara y la mujer tuviera que salir a trabajar, para que su decena de hijos quedaran en el abandono, sólo acompańados de su hambre y la acción solidaria de otros pobres como ellos.;


Sí, es imposible tasar el dolor por la muerte de un pariente. Pero las consecuencias sí, se miden con otro rasero y en otras dimensiones, según de quien se trate. Esto también es objetivo. Y aunque no valga nada reconocerlo para paliar el dolor de nadie, es bueno tenerlo en cuenta, porque tal vez ayude, por lo menos a comprender que hay dolores que tienen alguna compensación que la mayoría no encuentra ni tiene esperanzas de encontrar.;


Por todo lo expresado, se puede calcular cuán oportunista es la actitud de algunos políticos, manipulando la tragedia de la hacienda El Chile con fines deleznables. Primero lo hizo una de las hijas del ex presidente Alemán. Siguieron Salvador Talavera, del PRN, el diputado arnoldista Pedro Joaquín Ríos y después toda la dirigencia del PLC.;


A esa típica actitud de una política obscena, el fin de semana, el fin de semana anterior se sumaron el cardenal Obando y Daniel Ortega, creando la sospecha de que pretenden evitar el desafuero de Alemán de la manera arbitraria que ya Ťresolvieronť en el CSE. Aun cuando su reunión no haya tenido esta finalidad, es atropellante del orden constitucional la intervención del cardenal Obando en asuntos que corresponden exclusivamente al Estado, como es la estructuración de sus instituciones. El invitante y el invitado cometen igual delito contra el artículo 14 de la Constitución. Y Ortega es más obsecuente que todos los políticos de derecha en su papel de monaguillo de la política de los jerarcas católicos.;


Traspasando las barreras de la consternación familiar y nacional, estos políticos ven en la tragedia una Ťoportunidadť para sugerir el montaje del Ťdiálogoť entre los partidos para Ťreflexionarť y echar al olvido el proceso de desafuero de Arnoldo Alemán. Actúan como si la tragedia hubiera sido causada por la acusación contra Alemán por la serie de delitos cometidos en los bienes del pueblo.;


Toda sugerencia de perdón por motivo de duelo, es manipular la tragedia, una forma de irrespetar los intereses del pueblo y una burla a la justicia que se busca en los tribunales para castigar la corrupción comprobada y la que aún se investiga. Es doloroso, pero real, seńores oportunistas: la vida humana se pierde todos los días, y el curso de la humanidad no se detiene por eso.