Opinión

Un intercambio imposible de realizar


— Jorge J. Cuadra V. —

No hay muerto, por muy querido que sea, que pueda pagar por nuestras culpas. Las culpas son nuestras y hay que pagarlas en vida. ;


Inútil la invocación de la joven Alemán, al tratar de convertir a su querido hermano muerto, en rehén de su querido padre vivo. Solo se puede comprender esa acción desesperada, cuando existe un amor muy grande por el vivo, tan grande que nos ciega y nos hace ver la realidad distorsionada.;


El joven Arnoldo Alemán Cardenal tuvo la desgracia de morirse joven y es tan grande el dolor que siente su padre, que hubiera dado cualquier cosa con tal que eso no hubiera sucedido, como 30 ańos de cárcel, o la vida entera dentro de ella, si fuera necesario.;


Al Dr. Alemán lo acusan de malversarle al estado cerca de cien millones de dólares, mismos que hubiera dado gustoso y feliz con tal de que no se le hubiera muerto su adorado hijo.;


Por otro lado, es patético dirigirse a la nación con semejante proposición de intercambio. Es como irrespetar al muerto al convertirlo en mercancía de comercio y entregar al vivo al aceptar su culpabilidad en público. ;


Desafortunado el gesto de la joven Sra. Alemán. Y quiero creer que es producto de la desolación por la partida del hermano amado y no de la manipulación del dolor con fines políticos.;


Por desgracia, eso fue lo que pareció, porque a raíz de esa especie de homilía, los miembros de la comisión especial de desafuero se pronunciaron en voz alta y dijeron que esas palabras no tenían eco ante esa comisión. El dolor es sagrado y se respeta, pero la ley hay que cumplirla por sobre todas las cosas, dijeron unánimemente.;


Por otro lado, el lenguaje de los diputados afines al Dr. Alemán subió de tono y ahora dicen que el desafuero no va, casi a cualquier costo. Respuesta lógica a las palabras en la Catedral.;


Los contra se reúnen en el empalme de Sébaco y se declaran arnoldistas belicosos y se vuelve a escuchar el lenguaje de los ańos ochenta. De los ańos de guerra.;


Nunca una muerte puede ser bendita, mucho menos la de un joven y Dios jamás va a segar una vida para que pague por las faltas de un hombre, sea este el que sea. No puede hablar con fe cristiana la hija del Dr. Alemán, cuando dice que ;


Dios sacrificó a su hermano, para salvar a su padre de ir a la cárcel y que esa fue la respuesta a sus plegarias para encontrar una salida. Dios es amor, no terror y ella debería conservar la compostura de la resignación cristiana y no usar el lenguaje perturbador de la manipulación del sentimiento.;


El Dr. Alemán escuchó compungido las palabras de su hija, se le llenaron los ojos de lágrimas y el corazón de agradecimiento, pero él, como dueńo absoluto de ese dolor, se retorcía en su interior de desesperación, porque no hay castigo, por grande que sea, que no esté dispuesto a purgar con tal de tener a su hijo a su lado.;


Tragedias como ésta nos mueven a reflexión. Lo hacen pensar a uno en lo temporal de las cosas y en lo frágil que es el equilibrio de nuestras vidas. ;


Hoy, en la cumbre del éxito y haciendo mil planes para el futuro luminoso. Un instante después, el horror de la muerte se nos presenta intempestivamente, nos arrebata a un ser querido y nos cambia la vida para siempre.;


En situaciones así, cobra fuerza la sentencia bíblica que dice: “De que te sirve ganar todo el mundo, si pierdes tu alma.”;


De que te sirve conquistar el poder y la gloria, si un pedazo de tu alma te fue arrebatado para siempre.;


Después de eso, ya nada es igual...;