Opinión

Libre comercio


— Onofre Guevara López —

I.- No se trata del comercio irrestricto de mercancías, sin trabas o barreras nacionales y arancelarias, es decir, del comercio libre tan en boga en tiempo de globalización que tanto quita el sueńo a unos y la libertad de sońar a otros. Se trata del libre comercio de creencias que, sin embargo, utilizan los mismos canales de circulación y difusión que cualquier producto material ordinario y -aunque no lo proclamen- se sujetan a las mismas leyes de la competición comercial más ramplona. De ello surgen victoriosos y derrotados, afincamientos y desplazamientos, como en toda sana o enfermiza competición por la sobrevivencia o, en pocos casos, por la convivencia pacífica. Hablo del libre comercio religioso, que ha venido impetuoso y agresivo -sin carabelas, eso sí- delante del conquistador comercio libre de mercancías. El mismo que con su disposición de disputarle la plaza al catolicismo tradicional, ańos ha que fructificó.;


II.- Esta conquista religiosa difiere de la del catolicismo medieval unitario, por su dispersión nominal y autonomía respecto al conquistador económico, aunque tenga con éste una alianza objetiva. Bajo tantos títulos se presentan las sectas y sus Ťiglesiasť, que se requeriría de una investigación para identificarlas. Hay desde ŤCatedral de la Gloriať hasta ŤTabernáculo de Santidad del Espíritu Santo y Fuegoť, y todas gozan de la virtud de hacer que la gente deje Ťde sufrirť. Adormecida de alma, la gente también pierde control de su cuerpo, pues los ritos -con música estridente, además- la pone tan histérica como no lo haría Ricky Martín, Shakira y Chayanne juntos. Igual que en toda actividad comercial, si la clientela escasea toman sus medidas. Con la gente más Ťpegadať programan portátiles para ir de una a otra Ťiglesiať en camionetonas, microbuses, carros particulares y taxis, magníficos Ťregalos de Diosť, casi todos.;


III.- No sé si también los edificios - "iglesias" son Ťregalos de Diosť, pero tanto dinero para adquirirlos no viene del cielo. A lo sumo, viene del norte de América, y no porque diga Ťen Dios confiamosť, sino porque en su misión confía el dios de allá (no Alá) que lo tiene de sobra. Si no, ¿cómo competir con éxito en un mercado saturado de ofertas de salvación? Los efectos están a la vista: sólo en Managua, se compraron o alquilan más de diez cines (de donde desplazaron los demonios de la cultura y la recreación popular), incontables locales de comercio (desplazaron a concesionarias de vehículos y de computadoras, incluso) y se han construido lujosas y modernas iglesias en lugares céntricos, barrios populares y zonas residenciales. Como para que nadie diga me Ťperdíť por falta del alimento espiritual, aunque le falte otros alimentos profanos para salvar el pellejo. Cosa importante, la fe no le falla a un montón de gente de buen vivir que, gracias a eso, también está logrando vivir bien.;


IV.- Si las religiones se desempeńan en esta competición de orden religioso-comercial, no es para asustarse comprobar que incursionen en la competición política. En esta incursión existe una división del trabajo: unos salvan almas y pierden cuerpos para la acción social, y otros, por el contrario, excitan a la feligresía a la participación política. El fin es igualmente negativo. Unos enajenan con el escape de la realidad social y los otros la ponen al lado de malas causas políticas. Y buscando la salvación ajena han hallado la propia, se han enriquecido (jerarcas y pastores). Tan mundana actividad hecha a nombre de Dios, invita a invitar la pluma del premio Nobel de literatura, José Saramago, para recordar que ŤLos dioses, pienso yo, sólo existen en el cerebro humano, prosperan o se deterioran dentro del mismo universo que los ha creado, pero el Ťfactor Diosť, ese, está presente en la vida como si efectivamente fuese el dueńo y seńor de ellať. No es para asustarse, todo es efecto del libre comercio de las ideas como son las del comercio libre en esta lucha global que no inventamos aquí, precisamente.;