Opinión

Hay que revisar las promesas de la campańa electoral


— Prof. José de la Cruz Pérez —

Domingo 27 de octubre del 2002;


Dońa Lila:;


ĄCómo se va el tiempo! Pronto el ingeniero Bolańos tendrá un ańo de haber asumido la Presidencia de la República. Me imagino que la agenda y cronograma que el Presidente, -con la minuciosidad que le es propia-, debe haber confeccionado para el periodo de ejercicio presidencial, ha sufrido variaciones; de seguro con una marcada tendencia hacia el retraso. Ayúdele a revisarla para hacer los ajustes necesarios.;


Por mucha buena voluntad y planeamiento que emplee el Presidente para enfrentar las tareas presidenciales, los problemas y dificultades siempre serán mayores, y más complicados, que lo que pudo haber previsto.;


Las campańas presidenciales suelen desbordar optimismo, y muchas veces presentan como realidad posible lo que puede resultar un espejismo. A veces a propósito, o como debe haber sido en el caso de Don Enrique, amparadas en la buena fe y confianza del candidato. Esos especialistas en propagandas presidenciales confunden las cosas. Creen que conquistar la confianza de los votantes en un determinado candidato es como asegurar la preferencia a un detergente, o el éxito de unos artilugios para adelgazar y conservar la figura. ;


Pero los asuntos políticos no son como los de marketing ni como los de la matemática. La cosa es más complicada. Factores imponderables e imprevisibles surgen cuando uno menos lo espera. Algunos puedan achacarse a debilidades propias, otros se escapan de control. Pueden ser internos o otros externos:;


Una sequía, el desplome de los precios del café, el saqueo y entierro de bancos, la metida de pata de un ministro o funcionario, por mencionar algunos de orden interno; o el francotirador que aterroriza a los Estados Unidos en los alrededores de Washington, ya no digamos la guerra a Irak o la llegada al poder de Lula en Brasil, para seńalar algunos externos, pueden variar las agendas y cronogramas de muchos gobiernos del mundo actual, en especial de países tan chiquititos y frágiles como el nuestro. Así son las cosas. Lo importante es seguir adelante, sin desfallecer, pero teniendo cuidado de hacer los ajustes necesarios para mantener la confianza de la población y trabajar, permanentemente, con los pies puestos en el terreno, -in situ como dirían los pedantes-, y no sustentarse sólo en los documentos contenidos en los sofisticados programas de gobierno.;


Urge, Dońa Lila, que el Presidente Bolańos identifique y ubique en el tiempo de su mandato aquellos puntos del programa que se puedan cumplir. Para ello, como se dice en un lenguaje que no es muy de mi agrado, hay que seleccionar prioridades y posibilidades. La población tiene capacidad de valorar los esfuerzos, pero no le gusta sentirse engańada y no valen pretextos aunque éstos sean reales. ;


Don Enrique debe dejar claramente explicado que en cinco ańos, con el esfuerzo del gobierno y el apoyo de la población, dadas las dificultades del país, sería un éxito alcanzado en conjunto si se logran establecer las bases para el despegue. Otros gobiernos deberán ser los responsables de continuar las políticas coherentes para poder alcanzar las metas propuestas a mediano y largo plazo. A él le tocarán las de corto plazo.;


Por ejemplo, en el asunto de la corrupción, que hasta la fecha ha sido el eje principal de los actos de gobierno, todavía no se debe hablar de “terminar con la corrupción”, porque la realidad nos dice que esa meta no es posible de alcanzar, así no más, de la noche a la mańana. Lo principal en esa lucha, en el caso de Nicaragua, es la credibilidad que obtenga el gobierno que preside Don Enrique. Para ello es indispensable mantener la firmeza al margen de cualquier resultado que pueda interpretarse como arreglo que signifique tolerancia o disimulo. Hasta ahora, en ese aspecto, todo ha ido bien, pero cualquier descuido puede hacer perder la credibilidad ganada. Ya ve como hasta las tragedias, que en Nicaragua ocurren todos los días, son manipuladas por políticos y hasta eclesiásticos con fines egoístas ajenos a la solidaridad en el dolor.;


Creo Dońa Lila, que aunque en los gabinetes del gobierno se practique una revisión de los éxitos y los errores de este primer ańo, la tendencia natural de la burocracia es más hacia el aplauso que a la corrección de errores; a la defensa de intereses individuales, por autosuficiencia y vanidad de funcionario, que a la de aquellos que pudieran haber sido perjudicados por su gestión.;


Por eso Usted Dońa Lila, debe ayudarle al Presidente, antes de que termine el ańo, a hacer esa revisión. Allí, en el Raizón: solos los dos, sin papeles ni informes, pasen revista a los asuntos realmente básicos de evaluar en este primer ańo de gobierno que, también le debe costar a Usted, sus dolores de cabeza.;


Me parece que además del asunto de la corrupción, hay que examinar, también, el de la austeridad y transparencia que ha sido otro eje de lo prometido por Don Enrique. Usted por su experiencia como administradora de su casa, sabe que esas medidas no funcionan bien, si como se dice, no se mantienen firmes en la propia casa. Traten de revisar, entre los dos, si se mantienen las medidas iniciales, o si poco a poco, se ha ido aflojando en pequeńeces que después pueden ir creciendo hasta salirse de control. Fíjese que yo por ejemplo, al comienzo no veía escoltas detrás de los funcionarios y ahora se les ve en la televisión, acompańados y protegidos, como si de repente fueran a ser importunados en un acto público por un cobrador inoportuno o algún loco que les fuera a tirar huevos o pasteles a la cara. ¿Cuántos jefes de Estado y grandes personajes no se han llevado su pastelazo y lo han sabido tomar con resignación y unos hasta con humor?.;


¿Cuántos ministros y funcionarios le habrán dicho a Don Enrique cuando les propuso el cargo: A mí si me garantizas tanto de salario, más tanto para otros gastos, más vehículo de tal marca, y tantos ayudantes y conductores, asesores para tales y tales rubros; en fin lo que obtendría como gerente regional de una petrolera, todo teniendo en cuenta mi capacidad, sí es así, con mucho gusto? De seguro que ninguno, o casi ninguno, se lo planteó de esa manera. ;


El ser humano es propenso a caer en la tentación, y cuando se alcanzan alturas y posiciones que se consideran importantes, comienza a verse la austeridad como un impedimento para desarrollar adecuadamente el trabajo y... se les receta a otros.;


Espero Dońa Lila, que sabrá comprender que estas simples reflexiones –que podrán parecer a más de un celoso funcionario intromisiones e impertinencias-, son hechas con buena voluntad.;


;


Respetuosamente;


Prof. José de la Cruz Pérez;