Opinión

Política caduca = cero institucionalidad


— Onofre Guevara López —

Tras cada acontecimiento político nacional, se reafirma la convicción de que la nómina de los políticos activos tiene el sello de la caducidad. Esto indica que hasta cuando esta generación de líderes —incluyendo a los caciques de cada tendencia (principalmente ellos)— tenga su jubilación histórica comenzaría efectivamente el proceso de la regeneración política en nuestro país. ;


Las directivas partidarias vigentes son portadoras de una cultura política anacrónica, innecesaria y estorbosa para el pleno surgimiento de una cultura política nueva. Esta camada de políticos son herederos y practicantes de los vicios de una política responsable de los 180 ańos de atraso en que han sumergido el país.;


El quid fundamental del estancamiento y de un Estado inestable es el desprecio de los políticos hacia las instituciones y las leyes. El orden institucional, comenzando por la Constitución de la república, no es objeto de su atención si no para adaptarlo a las ambiciones, en primer lugar, de los caciques de turno y del núcleo de incondicionales. Y junto a sus intereses personales privan las necesidades de una determinada clase social.;


Con su irrespeto a la institucionalidad, los políticos han empedrado el camino del infierno político en que hemos vivido. Ahora mismo, sus abusos contra la legalidad tienen en crisis al país.;


Por lado, Daniel Ortega juega con la necesidad de entendimiento para la gobernabilidad al proponer un Ťdiálogoť, pero por cálculo personal y partidario. Se deshizo en razones para justificarlo, pero apenas logró distraer la atención que la opinión pública tenía sobre la reelección del corrupto presidente del Consejo Supremo Electoral, otras razones le sobraron para postergarlo.;


De paso, Ortega, con su juego, siguió en escena ganando aplausos de sus partidarios, quedó bien con la jerarquía católica —más bien con el cardenal Obando—, logró acercar posiciones con el presidente Bolańos y dejó colgado de su agenda para el tal Ťdiálogoť al acosado y acusado Arnoldo Alemán. A eso le llaman Ťjugar a tres bandasť que es, de hecho, jugar entre tres bandos los intereses populares.;


Por su parte, Arnoldo Alemán cuida de su futuro inmediato después de haberse descubierto cómo había organizado un largo futuro económico con su enriquecimiento ilícito a costa de la nación. Fracasado en su intento de negar las evidencias y las pruebas de su corrupción, Alemán varió la táctica. Ahora está empeńado en asegurarse su Ťsucesiónť en el PLC para el ínterin que —él supone— significará su estadía en la cárcel, mantener viva su hegemonía de Ťgran líderť y salir de allí a postularse para un nuevo período presidencial.;


Sin embargo, en su delirio Alemán muestra la intención de jugar con las leyes y burlarse del pueblo, como es lo habitual. Veamos: cuando su Ťpartnerť en el juego político anti-institucional, Daniel Ortega, sumó puntos a su aspiración reeleccionista con lo del Ťdiálogoť, Alemán le salió al paso, anunciando la propuesta de prohibir la reelección para toda la vida de quienes ya fueron presidentes de la república. Este Ťsacrificioť de su propia aspiración, sólo es parte de la burla constante y el irrespeto al pueblo y a las leyes, lo que no estaría lejos de ser confirmado en cuanto se presentara otra circunstancia que permitiera volver a sus andadas reeleccionistas.;


El hecho de que Alemán juegue de tal forma con la ciudadanía y la institucionalidad del país, es suficiente motivo para repudiar su maniobra. ;


Pero si recordamos que se trata de la burla de un perseguido de la justicia por sus innumerables delitos, es fácil concluir en que estamos ante un hecho odioso e intolerable muy propio de la obsolescencia, caducidad o anacronismo del tipo de líderes políticos causantes de las desgracias nacionales.;


Como decíamos al comienzo, los miembros más prominentes de los clanes políticos no están solos causando dańos. Tienen tras de sí, las nóminas de los cuadros políticos por ellos formados —o deformados— que han recogido sus nefastas herencias y esperan ansiosos sustituirlos en su momento. Mientras tanto, los líderes secundarios adoptan actitudes serviles ante sus caciques, procuran reforzar su poder e influencia y apoyan toda directriz que de ellos emane.;


En consecuencia, los aprendices de cacique que hay en cada una de las directivas de los partidos son absolutamente acríticos de sus actuaciones. Con esa conducta demuestran que —salvo pocas excepciones— esos políticos son fieles reproductores de los viejos vicios y, por ello, incapaces de impulsar algún tipo de renovación política interna ni nacionalmente.;


Vale pensar entonces, que mientras esta camada de políticos no desaparezca y la cultura política no sea renovada, seremos sus víctimas y testigos de la agonizante institucionalidad del país.;