Opinión

Maldición del Malinche


— Francisco Javier SANCHO MÁS* —

ŤY doy fe de que esta tierra que llaman Nicaragua es la región más fermosa que se haya visto en Indiasť, comenta fray Bartolomé de las Casas, justo antes de describir a grosso modo el exterminio indígena del país. En uno de sus viajes, Colón, después de doblar un Cabo, dando gracias a Dios, se topó con Nicaragua, y es ahí donde se entierra el mito secreto indígena (que sólo hoy va saliendo a la luz por la avidez de curiosos historiadores), y empieza la historia de lo que sería después la identidad cultural latinoamericana, o hispanoamericana, cabe mejor decir. América quedó globalizada a la fuerza por el imperio espańol, así que la identidad latinoamericana se forma con Espańa, y se hace adulta contra Espańa en el XIX, cuando las alas de la Revolución Francesa dieron nuevos bríos a los adelantados del nuevo continente.;


Pero el colonialismo temprano y el tardío dejó una huella indeleble, una herencia, una maldición de malinche que se quedó acampando también hoy en medio de otra globalización a la fuerza, mientras Nicaragua y el resto de Latinoamérica luchan por su identidad única y total. Según el nobel Derek Walcott, la herencia del colonialismo consiste en pensar que las cosas de aquí no son dignas de mitificarse como las cosas de allá. Por ejemplo, que una palmera o un mango no tengan la misma poesía que un plátano o un sauce de un río griego, o sea en creer que desde afuera se rigen mejor los destinos nuestros, porque en la metrópolis todo es más bueno.;


Y en el nica esa maldición de malinche heredada acampa en distintas formas de ser y de actuar frente al extranjero como: el que busca engańar siempre al de fuera, creyendo que porque es de afuera necesariamente lleva reales, insultando la inteligencia del pobre forastero que al final, en ocasiones, termina por dejarse engańar frente al descaro del embaucador, que aún cree que nadie se da cuenta; o el que en el día de la Raza o de la Hispanidad grita a cielo abierto, que bajo su piel de chele jinotegano, fluye sangre de Diriangén, y después desprecia a los campesinos o a la gente de los asentamientos, o a los oscuros de piel, y les llama indios como el mejor término despectivo que se haya podido inventar la hipocresía; o el mismo, que adopta posturas serviles ante los extranjeros, dejando al aire su espalda, como si su rol fuera la de sirviente del resto del mundo; pero también está el otro que jura y perjura ser nica por gracia de Dios, patria o muerte, y que los de afuera no entienden. ;


Los últimos son los del nacionalismo exacerbado que se agigantan en presencia de gringos o gallegos. Y es la misma maldición de malinche que se muestra en complejos de inferioridad o en el otro lado del espejo que es el de superioridad. Y es la misma herencia del colonialismo que nos toca hoy y que por no renunciar a ella, limita la libertad del latinoamericano, o hispanoamericano, ya que no hubo imperio romano que trajera el latín a estas tierras.;


La única patria común es la lengua, así que al decir de Carlos Fuentes, América es el gran territorio de La Mancha donde cabalga todavía el Quijote. La gran Mancha de la utopía, porque en este continente es donde se imaginó ya antes de Tomás Moro, cuando todos los sońadores ponían sus ojos en él. ;
Rubén Darío, revestido de profeta, gritó Ťviva la América espańolať, ante el miedo de que los hombres hablaran todos inglés. Y eso es lo que está pasando en este doce de octubre, en medio de una nueva globalización forzada, Nicaragua se pone de puntillas y reclama su identidad robada, su pacífica piel canela, su caribe piel negra y sus ríos indígenas, y sus palabras de amor espańolas. ;


Decía que la identidad latinoamericana se formó con Espańa, se hizo adulta contra Espańa, y no debemos dejar que muera desterrada y sola en las entrańas de los E.E.U.U. Porque la identidad del latinoamericano es quijotesca si se quiere, por que se basa en su creencia persistente y testaruda en la utopía, una creencia de nińo que piensa que mańana de pronto, todo va a ser distinto; en creerse del mundo lo más increíble, una creencia que a veces cae y se disfraza, y otras se vuelve a levantar, una creencia en nosotros mismos como únicos y como todos que nadie nos va a quitar, una creencia que nos da el valor para vivir, y también para morir aunque sea a solas.;


franciscosancho@hotmail.com;