Opinión

Cuando la sotana bendice el pecado


— Jaime Pérez Alonso —

Las hienas están desangrando día a día a la república mientras la instituionalidad se encuentra en harapos. Dentellada a dentellada continúa la corrupción restándole vida a todo un pueblo que ansiaba el retorno de la legalidad y la paz para poder consagrarse a reconstruir su futuro. Y es que hay un grupo de caníbales políticos cuya ambición personal y falta de escrúpulos se ha convertido en un obstáculo insalvable para que el elemento democrático logre al fin consolidar esa fuente de derecho que constituye la vida institucional de la república.;


En un país asolado por la más abyecta de las miserias esos monstruos de la ignominia se otorgan sueldos de ciento cuarenta mil córdobas mensuales, más otras pingües prestaciones entre las que se incluyen jubilaciones multimillonarias.;


Y, para empeorar el panorama político, vemos ahora, con verdadero horror moral, como el Cardenal -que ayer se destacara como un importante rector espiritual de la conciencia de todo un pueblo-hoy, por razones que todos conocemos, se ha confabulado con las fuerzas diabólicas de la corrupción y, en inmoral contubernio con la criminalidad de los elementos más desalmados de este país, restaurar en su puesto de privilegio a un favorito suyo que se encontraba bajo la acción de la justicia.;


Y es entonces que los creyentes, desorientados por la inmoral defección de su pastor, piensan: Ąsi así son los cardenales ¿qué podemos esperar de la Iglesia como institución? Igual crítica de los partidarios del Comandante Ortega quien -después de venir perfilándose inteligentemente con una aureola de civilismo democrático- se quitó abruptamente la careta quedando al descubierto el mismo desfasado político matero, traicionero e inescrupuloso.;


Y fue así como quedó de manifiesto, que, tanto para Ortega como para Obando, el bienestar del pueblo humilde y el amor a la patria no les quitan el sueńo, ya que, a todas luces, estos valores espirituales no parecen ser razones de su incumbencia. Y, aunque continuaremos escuchando los amańados discursos populistas vacíos y las hipócritas homilías de estos dos inefables personajes ya no podemos llamarnos a engańo: Ąson ambos lobos con piel de ovejas...! ;


ĄSepulcros blanqueados!;