Opinión

Caso CSE, una patada a la opinión pública


— Onofre Guevara López —

La reelección de Roberto Rivas, en la presidencia del Consejo Supremo Electoral, fue tan escabrosa como falsa la solución que de ello esperan sus autores. Es que, en esencia, sólo han echado tierra sobre la suciedad. En las estructuras de la institución queda intacta la podredumbre de abusos, despilfarros y regalías a iglesia y particulares, en violación de la ética, las normas administrativas y la Constitución Política de la república.;


Lo impactante de la desvergüenza practicada en el CSE, es que la efectuaron cuando la lucha anti-corrupción estaba alcanzando, por primera vez en doscientos ańos, los linderos de la justicia. Cuando, dentro de un acto histórico inaugural pueblo y gobierno han llegado a un tácito consenso político para sanear las instituciones —el único tipo de acuerdo válido y honrado que existe—, emergieron de las sombras del pasado los métodos que personajes oportunistas utilizan para frustrar las aspiraciones nacionales.;


Y una de las aspiraciones más sentidas era ver libre de corruptos al tercero de los cuatro poderes del Estado, el CSE, por lo menos en el principal cargo de su dirección. El cardenal Obando, Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, tres puntales del anacronismo político que nos atenaza, se volvieron a juntar para frenar de forma obscena el cambio Roberto Rivas en la presidencia del CSE. Esto, a pocos días de que treinta y ocho votos de los sandinistas oficiales, ayudaran a promover los cambios en la directiva de la Asamblea Nacional, refleja el tortuoso camino que han tomado estos seńores.;


Todos ellos juegan con las cuotas de poder que tienen para permanecer como factótum de la política nacional, negociando e imponiendo a sus incondicionales, pero más juegan con la dignidad del pueblo nicaragüense. Al pasito que se había dado hacia la depuración de los órganos del Estado, le dieron una patada para volverlo todo hacia atrás, a la situación anterior.;


Se burlaron de las voces urgentes, a veces suplicantes, otras apasionadas y todas rezumando —o presumiendo rezumar— sensatez, que se vienen escuchando procedentes de todos los lados políticos y sociales del país, en demanda de poner punto final a la confrontación política, exacerbada a la medida del destape de las huacas y otros abusos dentro de las instituciones del Estado. ;


Esas voces excitan el interés por la distensión política, pero sin dejar de pensar en que se debe hacer justicia, castigando a los corruptos, como condición sin la cual no habrá lugar para el trabajo productivo y poder levantar la economía nacional.;


Se da por descontado pues, que tanto interés trae explícito un ideal de distensión con un ideal de justicia. Nada contrario a este interés se advierte entre la mayoría de las voces que claman por un cambio en la conducta para salir de la política confrontativa hacia una situación política constructiva.;


Pero está visto que no en todas las voces existe plena coincidencia de objetivos ni están todas coordinadas con el interés público mayoritario por una distensión fundada en el castigo justo a los responsables de la corrupción y en la recuperación de los capitales robados al pueblo. Y dentro de ese coro nacional anti-corrupción, las principales voces de la iglesia católica siguen desentonando. Las voces del sandinismo oficial, dan demasiadas notas falsas en este concierto.;


La mayoritaria opinión ciudadana y el sector activo del gobierno que está en la lucha contra los corruptos, tiene en el caso del CSE un motivo de alerta para avizorar y denunciar a tiempo las maniobras similares que comienzan a desarrollarse en torno a la defensa del ex presidente Alemán. Las mismas fuerzas que se burlaron de la ciudadanía reeligiendo a Roberto Rivas —con malabares políticos, documentos dudosos y trueque de favores—, en los momentos precisos en que la sociedad esperaba su enjuiciamiento, son capaces de hacer cualquiera otra sinvergüenzada para evitar que Alemán pague con la cárcel y devuelva lo robado.;


Es revelador que apenas ocurrió la traición en el CSE, René Herrera pasara de la prepotencia a la conciliación y de ésta al chantaje, diciendo que no quiere ni cárcel ni exilio para Ťningún nicaragüenseť (léase Alemán) y exigiendo ese mismo tipo de Ťsoluciónť al caso de su jefe, porque no aguanta treinta días más de crisisť. Esta categórica afirmación, sólo puede interpretarse como la insinuación del caos.;


Sería una vergüenza nacional que los corruptos se salieran con la suya otra vez, estando ya bajo de una montańa de pruebas que descubren sus delitos de lesa patria. En manos del pueblo y el gobierno está el poder evitar más impunidad. ¿Podrá mantener su palabra el presidente Bolańos?;