Opinión

¿Quién manda en este país?


— Jorge J. Cuadra V. —

Con el debido respeto a la iglesia católica, a la verdadera, a la que se encarga de las cosas de Dios, a la que regula la moralidad de los hombres, a la que sirve de vanguardia al pueblo en sus luchas justas, a la que calma su rebańo cuando éste está angustiado, a la que muere si es necesario ante el altar, por defender los principios de Cristo. A ésa y no a la otra, a la de hoy, a la que se encarga de las cosas del mundo materialista, a la que se ha olvidado castigar la inmoralidad de los hombres, a la que ha abandonado al pueblo en sus luchas por la sobrevivencia, a la que calla ante los delitos de los poderosos y enardece los ánimos de sus fieles por su proceder clasista y partidario, a la que vive para compartir el poder corrupto y cobrar sus prebendas, yo pregunto: ¿Quién manda en Nicaragua?;


El Sr. Enmet Lang, vicepresidente del CSE, decía que él votaba por cualquiera para presidente del mismo, menos por el magistrado Rivas. Hoy salió diciendo que apoyaba al que hiciera funcionar ese poder estancado. Aun a Rivas, le preguntó un periodista. Aun a Rivas, contestó el magistrado, con una sonrisa burlona y maliciosa.;


Cien veces se reunieron los magistrados para designar nuevo presidente y cien veces no lo pudieron hacer. La causa: el deseo enfermizo del magistrado Rivas de reelegirse. Y eso no puede ser, vociferaban los magistrados sandinistas, porque el magistrado Rivas es un desastre, empezando por haber organizado las elecciones más caras de América Latina y por dejar barridas las arcas del poder en cuestión. Sin embargo, ayer por la noche esos mismos magistrados salieron en la televisión diciendo que sus votos estaban a la orden del magistrado Rivas para volver a ser presidente.;


Al magistrado Rivas hace dos días lo acusaban de todo y hoy es el candidato de todos. ¿Qué pasó?;


Pasó que bastó que el cardenal Obando se encerrara una hora en su despacho de la UNICA con el comandante Ortega, plática entre chontaleńos, para que la noche se convirtiera en día; para que los contralores dejaran sin firmar el primer dictamen en que se encontraba responsabilidad penal para el magistrado Rivas y elaboraran otro con solamente responsabilidad administrativa; para que el diputado Alemán dejara de ser aliado de la iglesia por haber traicionado al gran protegido a cambio de salvar su cabeza y perdiera por eso su última trinchera, el favor del cardenal y para que se despejara la incógnita de quién es quién en Nicaragua.;


Al ser interrogado el cardenal acerca de lo que se habló en dicha reunión, informal pero urgentísima, dijo que de todo menos de Roberto Rivas. Que esas cosas no son de su incumbencia. Que se habló de los pobres, de la paz, de la necesidad de empleo y de todos los problemas de la nación. ¿Y quién puede desmentir a su Eminencia? Solo una persona puede desmentir a su Eminencia, pero no lo va a hacer, porque pueden más los intereses personales de partido, que la verdad de las cosas. Sin embargo, allí está el resultado, a la vista de todo el mundo, como prueba viviente de que aunque no se hable de las cosas que se quieren cambiar, éstas se cambian por efecto de telepatía emocional, o por arte de magia partidaria.;


Que se prepare el poder ejecutivo para lo que le pueda venir encima, producto de esta nueva y Ťsantať alianza, si ésta sigue funcionando a pesar de su incompatibilidad ideológica y teológica, ya que el Ing. Bolańos no es monedita de oro para ninguno de los dos nuevos aliados.;


Nicaragua es un país de mentiras, de caricaturas, de contra sentidos y de mucha hipocresía. El que diga que entre esos dos ilustres hijos de Chontales hay algo en común, dice una gran mentira. Lo que sí hubo en este caso fue una gran necesidad de cambiar una situación, tan delicada y necesaria, que no dudó su Eminencia ni un segundo en llamar al enemigo para que le ayudara a llevarla a cabo. El comandante acudió al llamado del enemigo y allí empezó un juego más de dame que te doy, que es la clase de juego que tiene sumida a Nicaragua en una gran crisis de honestidad, de transparencia y de gobernabilidad.;


Que me perdone mi gran amigo, el Sr. Vicepresidente de la República, pero no estoy de acuerdo con él cuando dice que celebra el encuentro entre el cardenal y el comandante, porque esto indica acercamiento y el acercamiento significa entendimiento y el entendimiento es la antesala de la paz. Todo está bien hasta allí. Lo malo está en lo que sigue, porque ese entendimiento tiene un precio y por lo tanto, un pago. El cardenal le pidió al comandante que le ayudara a sacar del fuego a su protegido y parece que el comandante aceptó, porque al día siguiente todo era diferente para el magistrado. ¿Qué le pidió el comandante al cardenal a cambio de sus servicios? Esa es la pregunta de los 64 millones y se la dejo al pueblo para que se la imagine. ;


En Nicaragua nadie es lo que aparenta ser, por lo menos en política. Por eso es que vemos desfilar ante el cardenal al más recalcitrante liberal para lograr su apoyo, sin importarle a ambos que éstos siempre han sido anticlericales y come curas, pero no aquí en Nicaragua. ;


Y ahora las falsas identidades llegaron a más, porque ni el otrora heroico guerrillero que pregonaba con orgullo su marxismo leninismo, se escapó a este dislate ideológico y se rindió ante el poder ensotanado. ;


Después de estos ejercicios de alta intriga, no hay que pensar mucho para saber quién es el que manda en Nicaragua. Y ahora que sabemos quien es el que manda, sabemos también que no se detiene ante nada para lograr sus fines, aunque éstos sean salvar al culpable.