Nuevo Amanecer

Sobre la utilidad de la poesía


Me parece de sumo interés presentar a continuación un breve análisis sobre el liderazgo (y su utilidad) en la poesía, es decir, responder a la pregunta de si existe o no la necesidad de ser líder o ser liderado cuando se es poeta, o cuando uno se dedica de forma vocacional al mundo de las letras, uno de los mundos más asombrosos que nos ofrece el arte y su familia de oficios como la pintura, el teatro, el cine, la música o el baile.
La poesía es, quizás, el único oficio del ser humano que no necesita ser liderado. Es un oficio, además, elegido para unos pocos seres solitarios y reflexivos. La poesía es, quizás, el único oficio en el mundo que no precisa ser administrado por nadie, más que por el mismo poeta que la ejerce y la transmuta en figuras literarias. Porque escribir es transmutar, es aplicar las leyes de la física a las leyes del lenguaje, y de esa forma lograr que la alquimia de los sentimientos se transformen en ideas metafísicas.
Escribir poesía es un acto de magia. Y la magia de la poesía tiene su lado científico, por inverosímil que esto pueda parecernos. La magia de la poesía es una alquimia basada en la química de los sentimientos, en la capacidad que tiene el poeta para elevar la palabra por encima del lenguaje común. Escribir poesía es desfigurar el rostro de la gramática con el fin de darle un nuevo gesto al lenguaje.
Si acaso la poesía tiene un líder, este sería el propio poeta que se deja gobernar por sus propias emociones, por la imaginación y por la fertilidad de su mente.
Todo poeta tiene un lado femenino porque tiene un vientre en la imaginación. El poeta es el capitán de su propio barco, es el presidente de su propio gobierno, es el decano de su propia facultad. Hay en el poeta una suerte de gracia en complicidad con Dios. Y la vocación poética es un ejercicio muy parecido al sacerdocio, sobretodo por su conexión espiritual con un más allá desconocido por el autor.
El poeta vive de la fe en su trabajo, de la intuición que surge como una revelación inescrutable, como un milagro, como la Eureka de Arquímedes. Por lo tanto, escribir es una forma de orar. El poeta le ora a sus Dioses (la Música y el Ritmo) por medio de sus creaciones. El poeta se deja seducir por el sentido misterioso de la poesía cuyo origen es desconocido.
¿Quién pudo ser, entonces, el primer poeta de esta tribu milenaria llamada Humanidad?
Muchos atribuyen a Homero (el gran poeta griego que escribió la Ilíada y la Odisea) la primera revelación de un sentido poético. Sin embargo, debemos ir más allá de Homero, debemos indagar en los pueblos que antecedieron la Antigua Grecia y situarnos en el pasado del pasado para encontrar a nuestro primer poeta.
Utilicemos la biología como recurso. Según Charles Darwin, el homo-sapiens desciende del mono (como primer eslabón) en la cadena evolutiva hacia el hombre moderno. ¿Podemos imaginarnos entonces que los primeros hombres, el Neanderthal o el Cromañón (por citar dos formas homínidas antiguas), ya eran capaces de hacer poesía? Pues bien, los primeros hombres anteriores al homo-sapiens no habían desarrollado una conciencia del espíritu lo suficientemente elevada como para recitarla. Y si acaso la desarrollaron, no podían comunicarla de forma elocuente. Se desplazaban por instintos naturales más que por convicciones espirituales.
De esta forma, podemos suponer que los hombres antiguos tenían alma pero no sabían que la tenían. Sus cerebros estaban en fase de evolución y por lo tanto no podían profundizar en el lenguaje para ejercer un tipo de comunicación semejante a la del hombre moderno. Mucho menos eran capaces de elaborar Poesía. Sin embargo, sí creo que los primeros cromañones y neandertales ya poseían intuición. Y por lo tanto, ya sentían con cierto nivel de profundidad aquello a lo que temían más, es decir, la muerte como fenómeno místico, lo mismo que la sorpresa del fuego.
Los hombres antiguos intuían, cazaban, recolectaban y se basaban en ese sentimiento (de angustia por la muerte que puede provocar el hambre, por ejemplo) para comunicarse con sus mujeres, y de esta forma copular y reproducir la especie hasta llegar a lo que ahora somos, luego de largos siglos en comunión con la necesidad primigenia por sobrevivir a pesar de nuestras disparidades naturales.
Era ésta una facultad (la intuición del hombre antiguo) que los distanciaba de los demás animales y les permitía acercarse a lo poético, pero todavía no eran capaces de cantar con una estructura que pudiera ser reconocida como Poesía. Eran todavía muy simples, existían sin ser existencialistas, por decirlo de alguna manera.
El poeta, al igual que el homo-sapiens, tuvo su etapa Cromañón y Neanderthal, es decir, debió evolucionar espiritualmente para alcanzar el nivel de intelecto que tiene en la actualidad.
Aquí avanzo para reflexionar nuevamente sobre el liderazgo en la Poesía, asunto que ocupó la primera parte de mi texto. No sin dejar de lado tampoco su utilidad.
¿El poeta tiene que ser un líder o necesita ser liderado para existir como ser poético?
En mi opinión, ni lo uno ni lo otro. El poeta es un perseguidor de verdades, pero no necesita de una Verdad Absoluta para sobrevivir como ser poético. Prescinde de un gobierno absoluto, de una monarquía absoluta y de una corriente artística absoluta.
El Arte se ha comportado como el mar a lo largo de la historia. Muchas vertientes han desembocado en el océano de las letras por medio de pequeñas corrientes líricas destacadas en diferentes etapas del pensamiento humano.
Las vanguardias han intentado siempre ser la ola de la cresta poética del momento. En el caso nicaragüense, la vanguardia “liderada” por Pablo Antonio Cuadra (PAC) y José Coronel Urtecho (JCU), fue una propuesta que empujó nuestro verbo hacia territorios donde el verso libre todavía no desembocaba.
La vanguardia granadina sepultó el modernismo dariano para dar espacio a nuevas voces grupales. Aquí detengámonos un momento: ¿fue entonces la vanguardia granadina un grupo de líderes o una simple pandilla de intelectuales osados? A mi modo de ver, la vanguardia granadina fue una respuesta un poco pedante al modernismo de Darío. En el mejor de los casos, la vanguardia granadina fue el gran Canto de Guerra de las Cosas de Joaquín Pasos.
¿Y fue Joaquín Pasos un líder literario?, francamente no lo puedo mirar así. Fue, sin duda alguna, el poeta con más gracia dentro de este grupo, pero no fue líder de ninguna especie. En pocas palabras, Joaquín Pasos fue un poeta sublime, pero también fue un hombre frágil, ensimismado, vagabundo y genio. No fue un líder ni pretendió serlo.
Por el contrario, sus coetáneos (un poco mayores que él) PAC y JCU, sí que intentaron ser líderes, sí que quisieron guiar a las nuevas voces de la poesía nacional hacia un encauzamiento literario. Y la pregunta que ahora cabe hacernos: ¿lo lograron? ¿lograron convertirse en líderes? Podríamos decir que sí, pero hasta cierto punto, podríamos decir también que no. Ambos, PAC y JCU, como levanta-masas culturales, tuvieron algún éxito en nuestro país. Sin embargo, eso les costó una obra mucho menos gruesa, mucho más superflua, demasiado “popular”.
Hoy en día los poetas jóvenes prefieren leer a Joaquín Pasos, el hombre tocado por la Gracia, antes que leer a JCU o PAC, una prueba más de que el poeta no es un líder ni necesita ser liderado para ser leído.
El poeta es, sin duda alguna, un ser tocado por Dios para cantar por medio de la palabra. Y en este sentido, la palabra es la voz del poeta. La gramática sería su instrumento y la música sería su lenguaje. ¿Y esta música necesita de un líder, de un director de orquesta, de un anfitrión? Para aterrizar un poco más la pregunta, para ponerle nombre y apellido (e irnos un poco más atrás) ¿fue Rubén Darío un líder? Convendría responder a esta pregunta con suma cautela.
A mi modo de ver, nuestro más grande poeta universal llegó a la silla de príncipe, pero no fue ningún tipo de líder. Y si acaso fue líder, es porque otros le atribuyeron esa cualidad, es decir, hubo otros que se sintieron influenciados, que lo siguieron de cerca, que incluso se sintieron identificados con el cisne moreno. Sin embargo, desde mi modo de ver, Rubén Darío nunca pretendió ser un líder. Sabía que era un poeta y desde su precocidad estuvo muy claro de su oficio de ser inestable.
Darío, niño prodigio primero, adulto consagrado después, estaba claro de pertenecer a ese gran Parnaso de almas atormentadas que representa la Poesía. Los líderes, esos cabezas de familia que pretenden ordenar, administrar y dirigir una sociedad o un hogar, no eran de su naturaleza.
Más allá de todo esto, debemos preguntarnos al fin, ¿para qué sirve la poesía? ¿en su utilidad encontramos algún tipo de liderazgo? Algunos dirán que la poesía sólo sirve para ensanchar el círculo de borrachos, drogadictos y mujeriegos en el mundo. Otros dirán que la poesía no sirve para nada, y que, desde su inutilidad, es un oficio sin líderes ni capacidad de liderazgo.
Yo pienso que la poesía sirve para estimular las conciencias dormidas, para abstraer al lector de la realidad y llevarlo a nuevos mundos, para describir paisajes internos o externos, pero sobre todo, para sentir y mover sensaciones tanto propias como ajenas. Allí está la magia, el sentido, la quintaesencia de la poesía. Y para lograr todo lo anterior no se precisa ser un líder, se precisa ser un artista.
Poetizar es hallar y hoyar en el pensamiento hasta desentrañar los secretos del pecho. En este sentido, el pecho del poeta debe ser fuerte y sus pulmones lo suficientemente grandes para catapultar la inspiración por medio de los versos.
Decía Borges que decía Dickinson que publicar no era un Destino para el poeta. El poeta es, por lo tanto, quien decide si publicar o no su obra. Y aquí el poeta entra en su facultad de líder de sí mismo (la única facultad de liderazgo que le podemos atribuir), es decir, de compositor de su propia música para guitarra, piano, violín o lo que sea. El poeta es un músico pero no un director de orquesta. Nunca está satisfecho y quizás por eso escribe. Vive partos continuos así como largos períodos de sequedad creativa.
Desde Rubén Darío (Nicaragua) hasta Pablo Neruda (Chile), pasando por César Vallejo (Perú), la literatura no se ha visto exenta de influencias poderosas en el rumbo castellano. Sin embargo, todas estas influencias no han sido protagonizadas por líderes, sino más bien por almas sensibles que inevitablemente han querido estrecharle la mano a Dios, enaltecer la belleza de la mujer o elevar la condición de ser humano a héroe de sí mismo.

grigsbyvergara@yahoo.com

William Arturo Grigsby Vergara nació en Managua, en 1985. Obtuvo Mención de Honor en el Concurso Internacional de Poesía Joven “Ernesto Cardenal”, 2005. Su poemario “Versos al Óleo” fue publicado por el Instituto Nicaragüense de Cultura en la Colección “Mi primer Libro” (2008).