Nuevo Amanecer

Una burbuja llena de historias


Las campanas de la catedral de León llaman a la ceremonia. Todo es alegría, la sociedad leonesa acude a presenciar con sus trajes de gala el evento en torno al que se reúnen frente al altar del templo de esa ciudad católica y mariana por excelencia. De pronto, las bombas de la Segunda Guerra Mundial empiezan a hacer estruendo y a fragmentar países, familias e ilusiones.
En un barco maltrecho que navega por los siete mares inicia una historia de amor imperecedero, a prueba de balas, de prejuicios y desaciertos. Personajes que van y vienen, ríen, lloran, viven en la opulencia y en la desgracia, se entrecruzan en una mezcla de actantes que forman una psicología digna de analizar.
¡Escucho una bomba! ¡Escucho una campana! La pequeña embarcación y su tripulación siguieron su curso, volvemos a León. Discursos y brindis adornan la aurora del amor eterno en el ocaso de la vida de sus protagonistas.
Gloria Elena Espinoza de Tercero nos envuelve en la magia de la burbuja de su nueva novela y nos transporta con el hechizo de las palabras por ciudades que nos circundan y por urbes que muchos sólo conocemos por las clases de geografía.
Para conversar un poco sobre su nuevo fruto, nos trasladamos a León, donde en una casa silenciosa cuya atmósfera era endulzada con melodías clásicas, nos encontramos a esa guerrera que día a día batalla con la vida y con su “lupito”.
Estaba fresca, elegante y jovial, sin importar que días antes fue prisionera del lecho, encadenada por los malestares propios del Lupus eritematoso.
-Hablemos sobre la dicotomía que nos plantea con el título “Aurora del Ocaso”…
“Siempre está la vida y la muerte presente en mis novelas y en mis dramas, pero en este caso estamos ante el amanecer y el atardecer de la vida, porque es el amanecer con el amor y el ocaso, además de la muerte radica en que el amor de los protagonistas reverdece aunque sea en el ocaso”.
-Aquí usted recurre a un juego de voces en el que bien nos podemos encontrar con un narrador que nos introduce en la historia y luego es asaltado por un personaje que se vuelve narrador, y éste a su vez es relevado por otro…
“Ese juego es característico de mi obra. A mí me gusta porque creo que para que esto diga algo los personajes tienen que posesionarse del argumento. Todas las voces dicen lo que son en su lenguaje propio y eso cuesta un poquito”.
-¿Qué objetivo persigue al sumir al lector en dudas infundadas? Me refiero a dudas surgidas a través de elipsis de contenido, en lo que llamamos metarrelatos…
“Hay pasajes que son así en realidad pero mis críticos señalan mi tendencia hacia el metarrelato, porque mis personajes continúan en otras novelas, a pesar de que cada uno tiene su autocontenido”.
-¿Hay lo que llaman intertexto entre “Aurora del Ocaso” y “La Casa de los Mondragón”?
“Sí lo hay, e incluso hay intertexto con una obra dramática, algo que nunca había incluido y lo hago en esta ocasión. Me refiero a Stradivarius, con el personaje de don Especioso Donaire, protagonista de ésta y cuyo antepasado está en “Aurora del Ocaso”. Este fenómeno es posible debido a que es una obra decimonónica de principios de siglo, igual que la Casa de los Mondragón, y yo juego con eso siempre, como que mis personajes van y vienen. Es como que me perturban y se quieren meter en mis otras historias”.
-¿Nunca ha pensado que puede ser riesgoso recurrir al intertexto, porque alguien que no ha leído sus obras anteriores puede perderse al encontrar personajes de otra historia en la que está leyendo?
“No lo creo, porque si ves en mi obra hay autocontenido. Si el personaje es de una obra anterior, ese dato está inmerso pero con independencia de argumento. Por ejemplo, en esta obra se refiere a Santolín, un personaje de “La Casa de los Mondragón”, sin embargo, no es necesario leerla para saber quién es en “Aurora del Ocaso”.
-Háblenos un poco de la polifonía presente en la novela…
“La polifonía la heredo del mundo que me rodea, siempre estoy escuchando a personas cultas, a gente humilde con sus regionalismos e incluso a personas soeces. Además, también he adquirido voces a través de la lectura de autores nicaragüenses, como Fernando Silva. También me han enriquecido mucho las empleadas domésticas que he tenido y todas aparecen siempre en las novelas, específicamente son dos: una aparece a veces como la nana, en otras ocasiones es la Canales, otra aparece como la Nana Leonarda o la Nani, porque para mí son muy importantes, me han dado una gran riqueza… En cuanto al lenguaje soez sí es difícil trabajarlo pero lo he escuchado también, no es nada extraño para nosotros”.
-¿Cómo cree que tomará la crítica ese manejo del lenguaje “vulgar”?
“Yo soy una católica practicante y eso no significa que no veo y no escucho lo que me rodea, así que quien va a escribir no lo hace alejada de la realidad, aquí yo estoy diciendo lo que es en realidad la doble moral. Me imagino que habrá quienes digan qué bárbara la Gloria Elena, cómo pudo escribir eso, después de escribir “Túnica de Lobos”, donde aborda lo sublime, pero sólo retrato la realidad”. No me voy a poner una venda para que me sigan viendo como la culta que no dice ni una mala palabra, quizás yo no voy a decir lo que dice Regina pero sí se escucha en muchos hogares. Como escritora soy cronista de mi época y no puedo limitarme a lo bueno que escucho”.
-En una época en la que en nuestro país se está luchando por la legalidad del aborto terapéutico, ¿hay alguna intención particular cuando maximiza la figura materna en su obra?
“No sé. Eso ya es una interpretación. No sé qué piensan los demás, pero haber tenido a mis hijos es lo más grandioso que me ha sucedido. Yo creo que la disgregación que tiene la familia es producto del alocamiento que vive la sociedad. Tener hijos no es una cárcel, sino liberación”.
-Los protagonistas de esta novela sostienen una relación de infidelidad, porque el protagonista está casado, ¿acaso usted está a favor del adulterio?
“Eso no es estar ni a favor ni en contra. Es la historia. Yo viví un caso parecido cuando era niña. Una de mis amigas de infancia sufrió la situación de los hijos de las protagonistas. Yo no deslegitimo ni apruebo este tipo de relaciones, sino lo que veo es un chantaje por parte de la esposa, una mujer con serios trastornos de personalidad. Pero no la puedo acusar porque a pesar de ser chantajista, ella tenía muchos traumas. Mi mensaje con ese personaje es que los traumas de la niñez dañan a los hijos de forma inimaginable”.
-¿Cuál es el significado de la recurrente presencia de ángeles en sus obras?
“Es un estereotipo particular que hace alusión al Ángel de la Guarda. Quizás tengo en mi mente aquel retratito de un ángel bien lindo que me ponía mi mamá con dos muchachitos”.
-También hay mezcla entre ficción y realidad, ¿puede calcularnos un porcentaje para cada una?
“La verdad es que no sé cuánto hay de cada uno. Esta novela comenzó con una historia real. Se iba a tratar de Leticia y al final ella quedó reducida en un parrafito, mientras que Guillermo era secundario, pero se robó la novela, esto quiere decir que a mí me gusta jugar con la ficción, aunque la realidad se mete de manera atroz, como el caso de la guerra”.
-Usted dijo que durante sus juegos infantiles se desdoblaba en varios personajes, porque era una niña solitaria. ¿Se desdobla Gloria Elena Espinoza en algún personaje de “Aurora del Ocaso”?
“Está difícil, pero quizás sería Rocío y doña Cándida, porque en mi niñez fui muy sola y en mi juventud tuve un accidente que me obligó a ir del trabajo a mi casa. Siempre he sido una mujer de fe y hasta había prometido al Señor que no me iba a casar con tal de que mi padre viviera”.
Hablamos acerca de que la novela “Aurora del ocaso” es circular, inicia con el fin y termina con el comienzo, porque lo que nos encontramos con una burbuja en la que convergen diferentes planos y en la que hay un juego de panorámicas con puntos de fuga que oxigenan la historia. La conversación fue extensa y tuvimos que omitir muchos detalles, sin embargo, quienes deseen zambullirse en este mar de psicologías encontradas pueden disfrutar la amena lectura de esta novela.
Nos despedimos de esta autora que se autodefine tardía y la dejamos en su “cueva”, como ella misma llama su casa; en su microcosmos lleno de literatura, pintura y música.