Nuevo Amanecer

Epístola al Padre Ernesto Cardenal


DESDE la primera vez que lo vi en el Parque de Exposiciones de la Colonia Centroamérica
He pegado brincos en torno suyo
Asido a su antebrazo y diciéndole que Vd era el mejor poeta del mundo.
Cotona, jeans y una barba y cabellera prematuramente blancas.
Pero ya lo vi en medio de mi alegría
faz en tierra, con la tonsura…
Lo vi señalar las estrellas sobre el cielo nocturno de Solentiname
Y las manos del único obispo que se atrevió reticente a ordenarlo
En el Episcosomozato
Por años lo he visto, por temporadas casi a diario, perfectamente orientado
Pero agarrando al lado opuesto a la salida de los ascensores
En hoteles de Moscú, México, Cuba, Londres, Suecia, España, Viena, Holanda, Armenia…
Siempre riéndose del equívoco
Quemada la primera edición de HORA CERO (Portada de Pedro Coronel)
por los Comunistas Mexicanos que eran antisandinistas
siempre
Faz en tierra, con la tonsura
Vestido con la desnudez del alba
Renunciando a todos los besos, a todas las bocas como chotes rojos y deliciosos
de las muchachas de tus años mozos…
Renunciando al amor placentero de tu cuerpo y a las piernas divinas, a los cuellos extasiados de las amadas…
Siempre faz en tierra, con la tonsura.
Censurados tus libros por la aduana somocista, incinerados puntualmente los jueves
Te vi aquella mañana de marzo postrado frente a Juan Pablo II
Sólido y sonoro y totalitario como el poder terrenal
Incapaz de alzarte como un hermano sacerdote a otro hermano sacerdote
en un abrazo de paz…
Siempre faz en tierra con la tonsura
Tu suspensión como sacerdote por la Iglesia
(demasiado encubridora y emputecida para ser esposa de Cristo,
llena de pedófilos, de fariseos, que no alcanzarían las piedras de molino
para que se lanzaran
con ellas al cuello al fondo del mar
Escándalo de inocentes).
Pero a Vd lo suspendió por ser fiel a las heridas de Cristo,
A los azotes, a las clavos, al peso de la cruz, a la lanzada,
A los calambres durante la agonía, a la sed que mitigaron con hiel y vinagre…
Y te acusaron tus compañeros, como es costumbre inquisitorial
Y te condenaron tus mismos amigos.
Siempre con
la faz en tierra, tonsurado, trasquilado cordero pascual,
Gracias, poeta, por sus 44 años de vejaciones
Gracias, padre, Por sus 44 años de humillaciones
(Los premios son mierdas…)
La voz del profeta, de la Esperanza, de la Caridad nos está citando en próximas tardes en el paraíso.