Nuevo Amanecer

Poemas de Lena Gutiérrez


MI CASA

Mi casa no tiene puertas,
mis ventanas no tienen venas,
he alcanzado techos que no lloran.

No tengo candados que me callen,
mi casa soy yo,
soy faro que guía.

Me acechas de noche y perdido me
buscas durante mis sueños.

Empujando grillos a cantar por la Mañana…
mi casa no tiene puertas,
no tiene cerrojos que cubran mi corazón.

Mi casa no tiene paredes,
pero están llenas de manos que piden ayuda.

Supe de lo húmedo de tu cárcel,
ahora soy libre,
ahora giro violentamente en círculos poderosos.

Mi casa no tiene techo,
el alba se lo llevó,
sin ruido,
sin aviso.

He crecido,
mi corazón ilumina todo.

TIERRA

Deja que expanda mis pulmones,
deja que mi cuerpo se cure,
dame tiempo para que veas lo
agradecida que estoy.

Mi ojos se han empañado y mis
montañas ya no hablan como antes.
Los aires tímidos se mecen sin entender su ritmo,
no sabe adónde ir.

De cuando en cuando la veo enfurecerse,
sólo para llorar nuestra lenta muerte.
Agonía interminable,
tenemos una cita que no puedo sola evadir.

Déjame mostrarte mi belleza una vez más,
déjame tocarte con mi amor una vez más,
quebrando el cuenco del tiempo,
ahogando el pasado.

Sembremos bajo la luna para tomar posesión
de lo nuestro.
Estando en mi mente produciendo una ranura
en la profundidad de tu corazón.

Montañas que no caminan,
todo el tiempo en espera,
vigilantes,
abriendo manos para que nazcan colores,
que te seduzcan en cada mirada.

SIMPLES COSAS

Me has hecho dormir
en cama tejida de piedras,
despertándome con el sonido
de la flauta mayor.

Con qué guardaré la ausencia
que crece con los minutos,
llenando de sucias pesadumbres
mi rincón.

Deja que llore tu guitarra los
días que se han ido,
pero yo vuelvo llena de amor,
de esperanzas creadas en valores
llenos de cielos.

Dónde está el corazón desbordado
que llenó mis noches.

Vagué sin norte,
volando en calles agrietadas
llenas de recuerdos viejos.

Dónde está el río que te bañaba,
llenando de aguas mis entrañas.

En cada paso mis huellas se vuelven infinitas,
ignorantes al dolor,
evaporándose frente a mis ojos,
ilusión por ilusión.

Gracias a la luz,
que ha cerrado mis ojos sutilmente.

Pienso, inerte
tratando de imaginar al que amo,
pero en los pliegues de mi alma el olvido
ha echado raíces.