Nuevo Amanecer

In memoriam


Usted tenía el aspecto de un sobreviviente
de la Segunda Guerra Mundial.

Lo bromeábamos, padre, a sus espaldas
nos reíamos de su tembladera
recurrente tembladera
de sus tics nerviosos
de su Parkinson avanzado
de su ritmo lento y pausado
como una tortuga inmortal.

Fuimos crueles, padre, burlescos
pero era válido serlo
pues rondábamos los quince o dieciséis años
mientras usted rondaba los pabellones del colegio
a los sesenta y pico, jorobado,
con su aspecto de monje silencioso
entregado a la Historia Universal.

Esa cadena de inolvidables acontecimientos
que usted mismo encarnó
con su aspecto de intelectual
vencido a los pies de cada descubrimiento,
para nosotros fue un libro abierto
su mente profunda,
el prólogo de su rostro sólido
y su esqueleto de hombre aletargado.
Nos burlábamos, padre, pero con cariño,
de la momia lejana a su tumba
que representaba,
mientras Pancho, ese fabuloso matemático,
nos hacía reír a carcajadas
y su cabello corto
y blanquecino
como un cabello fantasma.

Nos burlábamos, padre, pero con respeto,
de su silencio hundido en aquel altar
cuando daba misa con sus nueve dedos
(uno lo perdió en un accidente)
y decía que había que seguir de cerca
los diez mandamientos
¡con nueve dedos!

Fuimos malvados, padre,
fuimos grotescos
y aventados
pero nunca interrumpimos
el sano crecimiento
de su estatura espiritual.

Hoy me comunican con genuino pesar
sobre su repentino
fallecimiento.

Hago un silencio con mis labios
y le doy forma de fúnebre respeto.

¿Dónde murió, padre,
si quedaron vívidas entre mis recuerdos
su voz mansa como la piel de los inmortales
y su tez blanca como los pañales?

Yo alguna vez le pregunté por Dios,
le pregunté qué era Dios
lo escudriñé
le pregunté por qué había decidido
ser jesuita, cuándo, dónde, cómo,
sus palabras calmaron mi ansiedad
cuando me dijo que no hacía falta
ser jesuita para optar por los más pobres
que desposeídos somos todos
que Dios va más allá de las páginas de la Biblia

que Dios no es un ser político
que pensando se practica la filosofía
me dijo que Dios es el Universo
así como Sábato dijo Uno y el Universo.

Pero antes de conocer su palabra
su verdadera palabra de sabio antiguo
yo me burlaba, con mis mejores amigos,
de sus tropiezos al hablar
de su tono intermitente
de su aura de transparencia
y de sus chistes ingenuamente tontos.

Y nunca aprendí a burlarme,
eso sí, padre, amigo mío,
de su amor por la Historia,
por Dios y por la Humanidad.

William Grigsby Vergara
Managua,
Mayo 24, 2010.