Nuevo Amanecer

El Ars Poética de Carlos Tünnermann Bernheim en “Para construir el amor”


En la historia, y en especial en la literatura de todos los tiempos, uno de los temas cantados por los poetas ha sido el amor, por lo general vinculado a la muerte. Gozan de celebridad los amores de Marco Antonio y Cleopatra, y en La Ilíada, Elena de Troya y Menelao, culpables de la guerra entre griegos y troyanos. Ya sean personajes históricos o de ficción, la polaridad de esas dos fuerzas, Eros y Thanatos, se entrelazan en la historia de la literatura, creando personajes arquetípicos como Eros y Psiquis, Eneas y Dido, Paola y Francesa, Dante y Beatriz, Tristán e Isolda, Don Quijote y Dulcinea, Pablo y Virginia, la gran tragedia española los amantes Calixto y Melibea, Romeo y Julieta, y los amores más antiguos entre Salomón y la reina de Saba, que originó el más bello canto de amor humano en “El Cantar de los Cantares”. ¿Qué misterio esconde esa atracción mutua? ¿Qué magnetismo desconocido lleva a hombre y mujer a la unión amorosa que no tiene objeto la reproducción, sino un sentimiento compartido que al fin y al cabo es un producto de una elección? Los protagonistas de estas obras inmortales son víctimas a ese sentimiento indiferente a la perpetuación de la vida.
En este trabajo, mi propósito es demostrar que, pese a la ordinariez de la poética actual, en la cual el amor ha pasado a un segundo plano, el tema amoroso sigue vigente como lo demuestra el poemario del doctor Carlos Tünnermann “Para construir el amor” (Editorial PAVSA, 2009), dedicado a su esposa Rosa Carlota, en ocasión de celebrar sus 50 años de casados. No conocíamos esa veta que nos tenía reservada el gran pedagogo, el académico, el analista político, el devoto de Darío, el historiador, el ensayista, el experto en leyes, y el tantas veces galardonado con Diplomas “Honoris Causa”, con una trayectoria impecable como ser humano, como ciudadano ejemplar de su patria, con una moral y con unos valores que muy pocos hombres poseen.
Es alentador que el núcleo de su poesía sea el amor, como dice el escritor nicaragüense-español Ricardo Llopesa, estudioso de Darío: “En verdad me ha sorprendido la idea central de libro en torno al amor. Un tema tan antiguo y tan moderno, que hoy día los poetas no escriben por pertenecer a la lírica del espíritu, sino temas que por ser de todos los días se convierten en relajos” (“Nuevo Amanecer Cultural”, El Nuevo Diario). Lo cierto es que Tünnermann ha pulsado su lira con el dominio de un experto, de un excelente poeta, de una “rara avis” en esta Nicaragua, sacudida en estas últimas décadas por catástrofes y revoluciones fracasadas, período en que ha imperado la poesía panfletaria e inocua. No se equivocó el siempre recordado poeta Pablo Antonio Cuadra cuando afirmó categóricamente: “Cuídese (a Tünnermann), usted lleva adentro un poeta… yo le vengo siguiendo sus pasos y constantemente encuentro en sus escritos las huellas digitales de la poesía” (“Contraportada” de Para construir el amor).
Las páginas del poemario están impregnadas del hechizo del amor. Ese “incómodo huésped” (PAC) , el “duende” de la poesía se nos muestra en sus versos límpida, profunda, intensa, sin palabras rebuscadas ni figuras retóricas, desnuda en su sencillez de esposo enamorado. El hablante lírico, embriagado, ebrio de gozo, esa esencia sutil de la flor en su costado la disfruta en cada pliegue del cuerpo de la amada y siente que día a día, minuto a minuto, debe vivirlo intensamente: “Gozarte cada día y cada instante,/ como si fuese el último” (20). La palabra “gozo” encierra una connotación que puede ser tanto mística como humana.
Para el esposo, su amor trasciende la muerte, por eso quisiera detener el tiempo, porque para el yo lírico la vida tiene significado por la obra del amor, tema universal de la mejor poesía que ha inmortalizado a tantos poetas y a sus amadas: el doliente Petrarca enamorado de Laura, el apasionado Garcilaso de la Vega, el tristísimo Bécquer --el más grande de los románticos--, “quienes nos enseñaron a vivir, a morir, a soñar y, sobre todo, a amar” (Paz, 137), el erotísimo Rubén Darío y sus muchas amadas, el tierno Amado Nervo y su amada inmóvil, y ese gran clásico del Siglo de Oro, el inigualable satírico Francisco de Quevedo y Villegas, que produjo una de los más bellos sonetos en lengua castellana: “Amor más allá de la muerte”. Así, como en aquel soneto el amor traspasa las puertas de la línea divisoria entre la vida y la muerte, así en los versos de Carlos Tünnermann, el amor le permite trascender la muerte:
“Yo quiero un amor que trascienda el tiempo /triunfe del olvido y de la muerte /y sean nuestras almas /como en el milenario poema chino /“dos pájaros de vuelo inseparable”. /Yo quiero un amor, amada, /a ti clavado, tiernamente /hoy, mañana y siempre”. (“Yo quiero un amor…”19)
Este deseo de inmortalidad y ascender, nos recuerda el vuelo del ave herida de amor, alegoría propia de los poetas místicos que ansiaban la ascensión del alma para su unión con Dios, como lo describe el más grande de los poetas místicos San Juan de la Cruz. Según María Rosa Lida del Malquiel, los pájaros, en especial la paloma y la tórtola, y los animales como el ciervo herido, inflamados en amor divino, son imágenes recurrentes en esta lírica amatoria. Inolvidables son aquellos versos del santo: “La Amada en el Amado transformados”. En este caso, en el poema de Tünnermann, el poema chino que emplea como intertexto, “dos pájaros de vuelo inseparable”, se vincula con la palabra “clavado” que denota la herida que también podemos asociarla con la flecha de Eros, el símbolo de amor por excelencia. No obstante, esta misma palabra evoca la fatalidad de ese sentimiento porque somos finitos, la muerte en nuestro final, pero el yo lírico al mencionar “nuestras almas” trasciende la fatalidad del tiempo y desea un encuentro más allá de la muerte corporal. Sabemos que ese traje que nos cubre, no es más que un ropaje pasajero, pero animado con el alma como afirma Octavio Paz: “La persona es un ser compuesto de cuerpo y alma. Aquí aparece otra gran paradoja del amor, tal vez la central, su nudo trágico: amamos un cuerpo mortal, sujeto al tiempo y sus accidentes y un alma inmortal. El amante por igual ama al cuerpo y al alma”. (La llama doble 129).
El hablante lírico teme a la muerte, otro tópico universal que suele representarse ligado al amor en razón dialéctica, el Alfa y el Omega:
“Cada noche tú te acuestas /y tranquila te sumerges en tus sueños. /A tu lado, y sin que tú lo adviertas, /yo me angustio ante el abismo” (53).

El tópico universal del tiempo, cómo detenerlo, si todo lo destruye, y viajamos a lo eterno desconocido es abordado desde una perspectiva filosófica; el hablante lírico nos dice: “Siempre he temido/ a ese paréntesis de vida /anticipo de la muerte… sale el alma transida/ en busca de respuestas/ ¿Quién vendrá al encuentro de sus ansias de misterio…/ ¿Quién tiene la clave? /Sólo tú, Señor, puedes brindarle / el bálsamo que calme / su inquietud de siglos” (60). La duda, el pensamiento que lo tortura, sólo es vencido por el amor que todo lo supera:
“En estos días/en que todo parece negativo, /días de soledad, /días de hastío, / con el amigo Descartes digo: / ¡Amo, luego existo!” (36).
No obstante, el poeta teme la muerte de la amada y ansía traspasar el tiempo y en esa cita ineludible del viaje sin regreso, desea el encuentro con la amada:
“Sería bello /acudir al encuentro definitivo- /desprovisto ya de cuerpo, /íngrima y desnuda el alma sin otro equipaje /que una rosa de amor /entre las manos”. (59)
En estos versos, que podríamos interpretarlos como una transgresión de la lírica mística, por no desear la unión divina, sino con la amada, demuestra la intensidad de un amor en el más allá ofreciendo a su amada una flor que se ha considerado como un símbolo de la brevedad de la vida, sin embargo, para el yo lírico su sentimiento es imperecedero. En este poema como en el de de Quevedo encontramos que el amor vence el espacio y el tiempo. Los versos de Tünnermann, vencen el tiempo, pues como afirma el Nobel mexicano Octavio Paz: “El amor es una de las respuestas que el hombre ha inventado para mirar de frente a la muerte” (La llama doble 131). Por otra parte, si Platón en el Fedro menosprecia el cuerpo dando preeminencia al alma, en la tradición de Occidente, el amor “ha ennoblecido al cuerpo, puesto que el alma encarnada en un cuerpo, le da vida y es capaz de sentir amor sin ese cuerpo viviente no existiría el amor” (Ibidem).
En otro poema, la vorágine de la pasión aflora con un lirismo delicado, cuando el esposo acaricia el cuerpo de la amada:
“He vuelto a la playa, /donde tanto nos amamos,/ para meter mis manos en las olas/ que bañaron tu cuerpo de ámbar”(33).
“Aquí, largamente tendido /sobre mis deseos /reconstruyo tu cuerpo /virgen presentida /palpita en mis manos tu piel nocturna…” (“Aquí, largamente tendido” 42).
“Cuando estás desnuda, amor mío, /y te alcanza mi mirada, /¿no sientes que una suave caricia te recorre?” (“Cuando estás desnuda” 45).

Adicionalmente, el yo lírico, en otros versos, sufre su soledad evocando a la amada que no está presente:

“Fatigada la ilusión /pongo a descansar mis sueños /sube y baja impetuosa /la marea de recuerdos /bullen en mi mente /vienen, danzan y se precipitan /en el embudo del tiempo. /Amor mío: apaciento mis recuerdos /y empuño la esperanza /para batirme con tu ausencia”. (“Fatigada la ilusión” 39)
Este tema de la ausencia fue cultivado por los trovadores de Provenza y luego el “amor cortés” y la lírica del siglo XV, versos en los cuales el poeta se consideraba servidor de una amada inalcanzable y a la que llamaba “su señora”, término que todavía es empleado para referirse a la dama casada. Nunca como en estos siglos la mujer fue exaltada a un plano de semidiosa como en esta lírica. Asimismo, Dante eleva a su amada Beatriz a un plano celestial, a la que coloca en el cielo en la Divina Comedia. En el poema de Tünnermann, el esposo está inconsolable al recordarla, es un poema de soledad, de amor y de ausencia:
“Tu ausencia, amor mío, /es noche cerrada /sin estrellas, cielo huérfano de luna /sin promesa de amanecer. /¡Y todavía me preguntan /por qué tengo ojeras en el alma!” (“Tu ausencia”40)
Estos dos últimos versos son para mí perfectos, revelan el dolorido sentir de un poeta, el insomnio tenaz del amante esposo que espera el ansiado regreso de la amada. La bella imagen “ojeras en el alma” en desplazamiento metonímico, ha dejado de ser algo físico para adentrarse en lo más recóndito de su ser, es el amante que ama el cuerpo y el alma, la que está en vigilia constante en una atmósfera que carece de luz, pues el alba no se anuncia. Podemos parangonarlos con una jarcha propia de la lírica árabe atribuida a Kumait al Garbi del s. XI que dice así: “Dime ¿qué haré? ¿Cómo viviré?, / a mi amado/ espero por él moriré”. Aunque la voz es femenina se queja de la ausencia, dice García Gómez en su notable estudio de las jarchas, que “no hay que creer que es una poesía femenina, que esté compuesta por las mismas mujeres” (64). La verdad es que indiferente del sexo, el amor es común a los seres humanos. Este sentimiento tan poderoso, morir por amor, se intensifica en la poesía de Tünnermann con este epigrama elaborado a base de poliptoton: “Si tú eres mi vida/ vida mía/ no te mueras mi amor/ porque me matas”. La huella del gran Garcilaso es indudable si examinamos las similitudes en este epigrama del poeta nicaragüense con estos versos del gran lírico de Toledo: “Por vos nací/ por vos tengo la vida/ y por vos muero”.
El libro se cierra con un canto de amor a nuestra Madre-Tierra. Un canto de amor universal en que vaticina un destino donde reina la paz y la concordia. En este libro la deuda con Darío es innegable, además, los intertextos en los poemas de Tünnermann, nos remiten a las lecturas de la lírica amatoria de Petrarca, de los poetas provenzales, Garcilaso de la Vega, los grandes clásicos del Siglo de Oro, los románticos, los modernistas, los grandes poetas contemporáneos.
En conclusión, el amante esposo y su amada han construido el amor a base de taladrazos de amor, edificado golpe a golpe: “Tú, una de cal; yo, otra de arena” / en jornadas inolvidables / le dimos su recia arquitectura”, canta el yo lírico, amor que no ha perdido su hechizo a pesar de que la bella niña, convertida en amorosa abuela, conserva su encanto juvenil, pese a la serena belleza de la madurez. Para el poeta, “los cielos y la tierra le sonríen”, es el triunfo del amor que desafía al tiempo. Poesía transparente, íntima, pulcra, una lírica despojada de todo artificio, donde nada sobra ni nada hace falta, su sencillez y su musicalidad son dos de sus logros, además del dominio del arte en el manejo de los temas universales y de la poesía de todos los tiempos.
Antes de Carlos Tünnermann, dos poetas nicaragüenses han perennizado a sus amadas esposas con versos y poemarios como José Coronel Urtecho y su María Kautz; José Cuadra Vega (Josecito) con sus Poemas para doña Julia. María, Julia y ahora Rosa Carlota en “Para Construir el amor”, completan el trío de las esposas-musas, quienes han arrancado armoniosos arpegios a la lira de estos tres poetas. En este poemario, para Carlos Tünnermann amor, tiempo y muerte están unidos en su existencia, postulando una verdad universal: el Amor derrota al tiempo, el amor como actividad conjunta del alma y el cuerpo, que desafía a la muerte y al olvido. Con la publicación “Para Construir el amor”, otro poeta del amor conyugal ha entrado por la puerta grande de la mejor poesía amorosa, lírica amatoria de la mejor literatura nicaragüense.

Obras Consultadas:
Ballesteros, Manuel. Juan de la Cruz: de la angustia y el olvido. Barcelona: Ed. Península, 1977.
Bataille, George. El erotismo. Trad. Antoni Vincent. Barcelona: Tusquet Editores, 1988.
Bousoño, Carlos. “San Juan de la Cruz, poeta contemporáneo” en Teoría de la expresión poética. Madrid: Editorial Gredos V.1, (1966):182-204.
De la Cruz, San Juan de: Poesía. Edición de Domingo Induráin. Madrid: Cátedra, 1997.
García Gómez, Emilio. Las jarchas romances de la serie árabe en su marco. Barcelona: Seix Barral, 1975.
Hatzfelt, Helmut. Estudios literarios sobre lírica española. Madrid: Gredos, 1955.
Hebreo, León. Diálogos de amor. Madrid: Espasa Calpe, Colección Austral, 1947.
Llopesa, Rafael. La poesía de Carlos Tünnermann Bernheim. “Nuevo Amanecer
Cultural”. (Managua, sábado 19 de diciembre del 2009)
Malkiel, María Rosa Lida de: “Transmisión y recreación de temas grecolatinos en la poesía española”. Revista de Filología Hispánica, 1939: 20-74.
Olivares, Juan. La poesía amorosa de Quevedo. Estudio estético y existencial. México, España: Siglo XXI, 1995.
Palacios, Nydia: Cantos al amor de Carlos Tünnermann Bernheim. “La Prensa Literaria”. La Prensa. (Managua, sábado 12 de diciembre del 2010).
Paz, Octavio. La llama doble. México: Fondo de Cultura Económica, 1993.
Rivas, Elías. Poesía lírica del Siglo de Oro. México: Fondo de Cultura Económica: Cátedra, 1990.
Tünnermann Berneim, Carlos. “Para Construir el amor”. Managua: PAVSA, 2009.