Nuevo Amanecer

Nota sobre Eduardo


Hay algunos artistas que se nos van muy pronto en la vida. Esta vida posmoderna que nos dice que los 20 de antes son los 40 de ahora, y así los 50 de ahora, son como los 30 de antes. Por eso, un hombre de 56 años no está aún listo para partir, mucho menos cuando este hombre es de los pocos ‘’iluminados’’ (contados con los dedos de una mano) que pasan el tiempo trabajando sueños y tejiendo esperanzas para la niñez de Nicaragua. Una niñez olvidada, y sólo recordada oportunistamente en la época de elecciones nacionales.  
Eduardo fue como esos deportistas olímpicos que corren con la antorcha en la mano y llevan el fuego a varias esquinas del mundo. En nuestro caso, a los rincones de cuentos de la Nicaragua amada --y respetada-- por aquellos que como él, se pasan el día construyendo, pensando sueños, armando palabras, buscando música en jardines, en montañas, en playas. 
De marzo a mayo he perdido dos buenos y admirados amigos. Primero Boyoy, también parte de este grupo selecto con su ‘’elefante solitario’’, y ahora este amigo bueno y sensible que no le hacía mal a nadie, en Jinotepe.
¿Por qué se nos van tan jovencitos?  Es algo que no logro comprender. Sus caminos no son nuestros caminos, y su manera de hacer las cosas es --algunas veces-- incomprensible. ¡Se nos fue! y le pido a Dios que nos deje su esplendor y su energía en Libros para Niños, que su Consejo Editorial siga funcionando y creando, porque esa es la mejor manera de quedarnos con Eduardo siempre a nuestro lado.  

Maputo, Mozambique.