Nuevo Amanecer

Un acercamiento a la narratología fílmica de “La Yuma”


Nicaragua, un país rico en historias y con personajes dignos de ser explotados en la pantalla grande, es prisionera de las dificultades económicas que les cortan las alas a los cineastas que sueñan compartir sus relatos grabados en cintas. No obstante, Florence Jaugey se rebeló a esa cárcel de vicisitudes y emprendió el reto de relatar la vida de una capitalina de barrio en el bien logrado filme “La Yuma”, objeto de diversos reconocimientos internacionales.
Pretendiendo un acercamiento a la narratología del filme, lejos de hablar simplemente del argumento, parto del hecho de que en cine, los escenarios no constituyen sólo un entorno, sino, son los componentes primordiales de la historia contada, de ahí la importancia de que sean recreados lo más fielmente posible a los lugares en los que los hechos trascurrieron, para dar credibilidad, veracidad y relevancia al comportamiento de los personajes, sobre los que recae la mayor parte de la acción dramática.
Así que indudablemente, los espacios, tanto físicos como dramáticos, son el cimiento para el desempeño actorial de los personajes, de manera tal que la construcción de su psiquis procura la satisfacción de la trama cinematográfica. En tanto, la ambientación y recreación de espacios geográficos y psicológicos logra la capacidad inventiva del juego dramático.
En “La Yuma”, Florence impacta con el realismo de sus escenarios, nos retrata de forma verosímil esa capital con sus calles polvosas, las casas maltrechas y la miseria en la que vive gran parte de la población, simplemente porque no llevó el entorno a sus personajes, sino los personajes al entorno.
Si bien ese espacio geográfico que vemos de escena en escena es fidedigno, aún más real resulta el espacio social determinado por la situación socioeconómica de los personajes.
Casas de madera, hacinamiento en el hogar, un camastro endeble en el que la Yuma duerme con sus dos hermanitos, divisiones de tela, en fin, un ambiente in extremis paupérrimo.
Para muchos ha resultado exagerado el espacio social, no obstante, en realidad es ultrarrealista, basta visitar un barrio de la capital. Además, tanto realismo, lejos de perjudicar la imagen del país, enaltece a su pueblo, puesto que demuestra ese afán de lucha y la esperanza que lo caracteriza.
Particular atención merece la recreación de los enfrentamientos de pandillas que aterrorizan a los capitalinos con sus piedras y armas hechizas, además la forma en que se expone el problema de la drogadicción y el modus operandi de los hábiles delincuentes.
También es significativo, cómo del escenario de barrio se hace la transición hacia el ambiente universitario, ocupando como enlace una circunstancia devenida de un acto vandálico. Ese juego con los escenarios captura la atención del público y se logra gracias a la combinación de ángulos en las tomas, así nos encontramos con planos generales y algunos close up, haciendo variada la narración.
En cuanto al espacio dramático del que se desprende el escenario psicológico, marcado por las distintas manifestaciones emocionales, en el filme, la Yuma es una chavala rebelde, producto del entorno violento en el que ha crecido, entre golpes y gritos en la calle y en el hogar, donde convive con un alcohólico. Quizás sea esa la explicación de su inclinación hacia el boxeo, un deporte rudo que a muchos ha sacado de la miseria.
Asimismo, es poco expresiva y considera cursilería cualquier manifestación de ternura, no obstante, expone la esperanza que muchas chavalas que habitan en esos sectores marginales tienen: salir de la pobreza.

El montaje
En “La Yuma” nos enfrentamos a un montaje lineal en el que se narran hechos consecutivos en la vida de la joven, haciendo caso omiso al flash back.
Asimismo, Florence Jaugey compartió que en determinado momento el montaje fue paralelo, “sobre todo en tres acciones que se desarrollan simultáneamente: El robo del camión de pollo y la persecución, El club de chipendale y la golpiza al novio y a su amiga”.
Por otro lado, como recurso a destacar está que se emplea la elipsis de contenido, con el fin de darle libertad al espectador de imaginarse qué sucedió. Una elipsis de contenido sobresaliente es la referida a qué pasa en casa de la Yuma entre el padrastro y la hermanita de ésta. En una escena la niña muestra temor ante el tipo, y en otra nos encontramos con cierta actitud sospechosa, en ningún momento se recrea lo que sucede, quizá porque es una situación dolorosa, no obstante, es fácil saberlo.
Asimismo, hay otra elipsis de contenido en cuanto a dos personajes amigos de la Yuma, quienes sostienen una relación sin que en ningún momento se vea algo concreto.
Las transiciones de tipo encadenado también aparecen en la obra, recurriendo a la imposición de fotogramas para indicar el transcurrir del tiempo, estos traslados secuenciales son notorios también en el cambio de escenarios.

Polifonía
La polifonía, según el diccionario de recreación cinematográfica, está constituida por voces que “no son sólo palabras, sino un conjunto interrelacionado de creencias y normas denominado ideología”, por tanto, no se puede aislar a las indistintas voces del relato cinematográfico de la ideología, porque cuando los personajes hablan expresan sus pensamientos, su colección de lenguajes y palabras cargadas con valores, independientemente del vehículo que utilice para tales fines.
En el caso de la Yuma, muy criticado es el lenguaje utilizado, ya que sus protagonistas recurren al empleo de palabras soeces. No obstante, considero que simple y sencillamente es un complemento al argumento, pues es la forma en que se expresa la gente real que se está retratando.
Además, el léxico de la mayoría de nicaragüenses está plagado de los hijueputazos que caracterizan a la Yuma, sin importar el nivel académico ni el estatus social. ¿Acaso hay alguien que se atreva a decir que nunca ha dicho una ‘palabrota’?
Por otro lado, ese léxico forma parte del caparazón que la Yuma se ha inventado para protegerse y demostrar fortaleza, en ese submundo en el que sobreviven los más fuertes.
En cuanto al discurso polifónico, nos encontramos con las voces de los jóvenes integrados a pandillas. Sus voces son las de los desesperanzados que una vez en el círculo vicioso de las drogas, se sienten condenados sin lugar a redención en una sociedad prejuiciosa, no quedándoles otra salida que delinquir para obtener dinero.
También encontramos la voz de la comunidad homosexual, estigmatizada, señalada y con la única opción de vender su cuerpo.
Por otro lado, Florence coloca la voz de las mujeres codependientes, que víctimas de alteraciones psicoemocionales se parten el lomo trabajando para mantener a tipos buenos para nada.
Muy importante es la voz social representada por la dueña de una tienda de ropa usada en la que trabaja la Yuma, quien orienta a la joven sobre a qué instituciones debe acudir para denunciar la violencia propiciada por parte de su padrastro.
Además, Florence compartió que también dio voz a una nueva familia que la Yuma formó con los integrantes de un circo, donde le abrieron las puertas para que habitara con sus dos hermanos. “Tengo un gran respeto y una profunda admiración por los circos tradicionales y familiares que a duras penas sobreviven, pero que no calificaría de mala muerte porque cumplen con una misión social de traer diversión a bajo costo en los barrios donde nadie va. Por eso quise que la película terminara así. El Circo Libertad significa Libertad para la Yuma, que solamente así logra cumplir su sueño: salir del barrio y ganarse la vida como una profesional”, compartió la directora
No obstante, la oposición entre la visión de país que tiene la Yuma y la que tiene su novio universitario, es el culmen polifónico, pues muestra cómo los chavalos de barrio añoran traspasar las frontera para ir a trabajar, cansados del desempleo, mientras que los que tienen acceso a educación se encuentran cómodos, recibiendo ayuda de sus padres y forjándose un futuro esperanzador.
En fin, estamos ante un producto fílmico del que hay mucho que decir y este texto apenas aborda algunos aspectos narratológicos que dimensionan el buen trabajo del equipo de producción, en especial de Florence Jaugey.
La invitación para que los nicaragüenses disfruten la cinta queda abierta, ya que no es una ficción que parece realidad sino una realidad que parece ficción, no es una película rosa ni predecible, sino un hilo argumental con final abierto.