Nuevo Amanecer

No lo moleste, señor…


¡Te lo dije, te lo dije!, no me hiciste caso, la culpa la tiene tu madre, la Juliana. Pedro –me decía- no seas mano dura y tacaño con Manuel, ¡si sólo se ha tomado unos traguitos para divertirse!
Y un día era por un cumpleaños de un amigo, otro por la muerte de un vecino o por la despedida de un maestro…
¿Lo ves ahora? Yo pensaba verte detrás de un escritorio, casado con una muchacha más o menos, con carro y socio del club, sin sufrir como yo y tu madre: hambre, desnudez, humillaciones. Y dueño de esta casa que nunca fue mía; alquilando todo el tiempo, y eso que trabajo de sol a sol… Más te valió el guaro.
Perdiste el año en el colegio, tus amigos que antes te buscaban, hoy se te esconden y las muchachas, hombre, que es lo peor. No me estás preguntando, todavía le debo cien pesos, más los réditos que me están comiendo, a mi compadre Luis Mena. Se los presté para comprarte un par de zapatos, porque los que tenías sólo eran hoyos… El muy usurero… con lo que me costó arrancárselos.
-Vea, compadre –comentaba-, no se sacrifique por los hijos, que aprendan a leer y las cuatro reglas y su oficio para que lo mantengan, porque cuando se casan se olvidan de uno… El muy desgraciado, come con cinco, que le gusta que lo vean junto al alcalde en las fiestas, para dárselas de culto. La gente de mi calle le grita: Igualado. El otro día le dije yo: analfabestia y ni siquiera se mosquió.-
Anoche el médico de turno te inyectó, mientras dormías, suero con sangre para calmar mi inquietud y el fuego de mi desesperación que a veces me acosa al verte así, todo flaco, amarillo, como atebrinado, con esa panza y la tos que no te deja en paz, tanto fumar me tiene tres noches con sus días sin dormir… Pero no te duermas, hijo, no te duermas, el sueño se parece a la muerte, y, aunque el mundo causa muchos problemas, es mejor estar despierto por cualquier cosa… y te cuento… A lo mejor me corren del trabajo por no llegar tres días y con lo escaso que están los trabajos. Mañana le digo al maestro: “aquí están sus fierros, si quiere me espera, la enfermedad de mi hijo es primero…”
Como te iba diciendo, me dijo el doctor que ya estás mejor y cuando salgas nos iremos a la finca, y lo verás, hijo, que va a ser distinto. Allá no padeceremos: si queremos leña la cortamos, no tenemos guineo, vamos al chagüite; tenemos frijoles, maíz y arroz en el troje. Aquí en la ciudad hay que comprarlo…..
- No lo moleste, señor, déjelo dormir…
- Pero qué le importa a usted, si es mi hijo, mi hijo. Entiende?
- No hablés, papá, tengo sueño
- Si, hijo.
Una bandada de pájaros cruzó el cielo.
- Señor, señor, no lo mueva, su hijo hace rato que murió –dijo la enfermera.