Nuevo Amanecer

Recordación de Flavio Tijerino


Cuando nos vimos mi hermano Julio y yo en un acto cultural del BCN el 2 de enero del 2006, hablamos apesarados por la muerte de Flavio Tijerino Fajardo, poeta, dirigente y promotor cultural, ciudadano íntegro, cristiano esencial, amigo, pariente y boaqueño arraigado en su tierra de origen, igual que Armando Incer, su compañero en la fundación del Grupo U.
Me acerqué a él en mi ya lejana adolescencia, cuando él y Armando, con Roberto Guillén, José mi hermano, Melvin Barquero, Jilma Varela y otros, nos reclutaron mansamente, como en un despegue de palomas, para integrar el Grupo U. A mis 15 años, en el 58, Flavio de 32, Armando de 28, me parecían y lo eran, dirigentes mayores, respetables por su solidez intelectual y juveniles por sus discretas y juguetonas sonrisas con que celebraban nuestro casi infantil asombro, nuestra divertida complicidad con sus originales propuestas poéticas y culturales. Sencillamente estábamos encantados, muchachas y muchachos, de seguir a los locos mayores en esas locas creatividades.
Me pasa con Flavio Tijerino como con Armando Incer. A más del cariño y aprecio por el amigo, el paisano, el familiar, y en Boaco todos lo somos, más aún los de aquella época, la del Boaco chiquito, verde siempre, lluvioso, de viento silbante y alegre, paseos a pozas y quebradas cristalinas, campanas y parques por las tardes. A más de todo eso que nos identifica, para mí ellos son el recuerdo vivo, vigente del Grupo U. Flavio, promotor de ideas y acciones grupouistas, llevando propuestas vanguardistas de ese credo estético al diálogo entablado por los poetas del Frente Ventana en León. Identificándose en concepciones sobre el arte con los escritores de esa generación. Participando en proyectos audaces e insólitos, como la Exposición de Mala Poesía, la idea de una estatua a Tío Coyote, la puesta en escena de García Lorca, con escenario desnudo e incorporación del público mediante el estímulo de la libre crítica, el Teatro de siluetas en Antígona de Steiner, experimento pionero en Nicaragua.
Flavio seguirá vivo en plena carne -“El cuerpo es la única palabra del espíritu” (de su poema Recorremos en la noche extraños países)-, a través de nuestro recuerdo, aunque ahora se haya desprendido su ser para ascender en volutas etéricas, astrales, mentales, hasta llegar por grados a ser energía espiritual y juntarse ¡Gran misterio! con el UNO infinito.
Julio me decía esa vez: “era uno de los hombres más cultos de Nicaragua”. “Sí, -le contesté yo-, y una persona integral e íntegra”. Y allí me atorozonaba, pues al decirlo pensaba por asociación en mi padre, que luchó siempre por un mejor Boaco y una mejor Nicaragua. Es, agregué, un símbolo de Boaco y para Boaco. Sobre todo esto último, porque lo primero lo desdeñaba, ya que era un desdeñoso natural con lo que él consideraba etiquetas. Son muchas las razones para valorarlo así: Por ser ciudadano consciente, decir la verdad y defenderla. Ser consecuente con su cristianismo en pensamiento y acción. Creer en el arte y la cultura como forma de vida y elevación humana y ayudar a soñarlos y a construirlos con el propio sentimiento y quehacer literario: “cada cosa en su sitio, / la palabra en la boca i el corazón en ella” (Retrato). Optar por la vida sencilla, profunda y volverse pobre después de ser adinerado para vivir acorde con la sencillez y vivirla como poeta, como cristiano y como humano. Y ser valiente para denunciar la corrupción y la injusticia en nuestro país.
Ha formulado una convicción –dice Jorge Eduardo Arellano, y cita del poeta: “La realidad nicaragüense que algunos cantan sin vivirla, yo la vivo sin cantarla”-. Y agrega el crítico: “Sin embargo, su compromiso vital con esa realidad aflora en “El burócrata”, donde Flavio señala: “En el escritorio del burócrata / hai cinco teléfonos; / debajo de cada teléfono / una multitud de angustias torturadas”. Y ser tolerante con la simpleza derivada de la humildad o ignorancia o prudente con la provocación vulgar. Y desear el bien común y la felicidad humana. Y darnos su principal oficio, el canto, echando al vuelo las campanas de su corazón y de su boca, disparándolas en palabras siempre bien dichas, “corázonmente” concebidas y estilísticamente trabajadas, no todas por cierto inteligibles para todos, pero ideadas con la sustancia de su voluntad amorosa y la materia de su conocimiento y sensibilidad creadora:
“¡Todo es jardín ante mis ojos ciegos! / ¡Callada en el jardín sin luz, te alzas desnuda!” (La tarde empieza...). “Memorable endecasílabo de estirpe Juanramoniana”, le llama J.E.A, a esos versos de Flavio.
Y porque en él también el verbo, su más recóndito ideal, se hizo carne, “celeste carne” de poesía y habitó en esa meditativa e intensa originalidad suya. Esa que lo llevó a pulsar día a día, verso a verso, prosa a prosa, su paso por la vida y de acuerdo con el criterio de Fanor Téllez “más proclive al conflicto interior que nadie, siempre en la cuerda floja de su palabra, a punto de precipitarse entre la duda y la certeza, cribando la tela de lo opaco con preguntas y afirmaciones que lo sumergen aún más en su necesidad de claridad y aire puro”. (La opción interior del Grupo U, en El Grupo U de Boaco: Antología poética y labor teatral. Selección e introducción Jorge Eduardo Arellano -p.213).
“Pero esa luz / este desbordamiento / ¿Podrán entrar en mí, tendré yo entrada? / O sólo soi una esperanza a las dos de la tarde / de ese día, abierta / sólo a la sombra que al final adviene?” (Esta voz). Así, la voz de Flavio vislumbrando, aguda, sutilmente, lo que alcanza entre los amaneceres y las tardes, sin dar tregua tampoco al fondo de la noche.
Ahí estás Flavio, tras tus gruesos lentes, con tu sempiterna boina, parado serio, pensante, reflexivo siempre. Algunas veces, observando como un niño curioso que se ríe de nuestras vacilaciones y tonterías, pero que no duda en ayudarnos a cruzar el río cuando la correntada nos detiene. Diciéndonos también que comparte algunas dudas, temores, temblores y que todos juntos, por la verdad, la justicia, el amor y la belleza, podemos y debemos agarrar al toro por los cuernos y darle volteretas en el aire hasta volverlo mariposa o barrilete.
Sentimos a Flavio, su partida de nuestros aires, su sombra tangible, su plática juiciosa, su impredecible reacción ante lo corriente, adocenado y adulterado de la norma establecida, su alegría juvenil con cada triunfo de lo bueno y de los buenos en cualquiera de sus manifestaciones y ámbitos, ya sea el arte, la cultura, la educación, la comunidad, el trabajo, la política, la familia, los amigos, la fe cristiana. Y sobre todo, por el avance, cultivo, interés y esfuerzo de la juventud que pugna por traspasar los límites de nuestro reducido horizonte.
Sentimos a Flavio, aunque no lo pregonemos, como pensamos y sentimos a Boaco, donde nacimos, crecimos, donde aprendimos a soñar asomándonos al cielo de sus cerros. Llevamos a Boaco adentro, aunque no lo veamos cada tarde ni amanezcamos allá, porque como decía el mismo poeta que hoy recordamos, en su fidelidad y permanencia, “motivo somos de la jeografía”. Seguramente mi otro hermano, José, y con mayores motivos que nosotros por ser miembro activo e inicial del Grupo U en aquella dorada época y cómplice de irreverencias y audacias estéticas grupouistas, habrá cavilado sobre aquel tiempo que se nos fue, como hace 4 años Flavio, y que podrá volver “hasta que el cielo de Nueva York se parezca a éste / -nunca-” (Francisco José López, Un ánjel viaja a Nueva York).
Y aunque se nos fue “anjelmente”, buscando los ámbitos del “Ánjel del ánjel de la guarda”, donde le aguardan sus cielos y su particular resurrección, de acuerdo con lo que fue su vida, su ángel poético y su persona, paradigmática sin él quererlo, se ha quedado aquí en la tierra, en esta tierra de Nicaragua, de Boaco, en su Biblioteca Municipal, en su pico del Saguatepe, en su Grupo Macuta, en todos sus discípulos (as) y en todos y cada uno de nosotros, quienes lo conocimos.
A veces huraño. Así lo valoramos, admiramos, aprendimos de su magisterio cultural, de su rebeldía no siempre comprendida, pero con causa, como expresó Armando. De su ejemplo cívico y ciudadano, de su proyección comunitaria y comunicativa, de su evangelio cristiano liberador y defensor de rupturas necesarias, según valorara Mauricio Díaz en un artículo de La Prensa Literaria. A la vez que guardador de la fe y tradición germinales. Rescatamos para el presente y el futuro su indeclinable vocación para el arte y las cosas del espíritu. De ahí su madurez desde el principio en la tensión creadora y en la posesión que hace de sí mismo la necesidad de la Belleza:
“Te apoderas de mí / espíritu de mi cáliz, / suspiro de mi sangre, vida de mi muerte.” “mi palabra te espulsa / de mi pulso; / me espantas Belleza, y soi tu fantasma / tu susto y tu dolor; pureza, potencia, profecía i lamento, / y júbilo i canto i reunión”.
J.E.A., en su estudio sobre el Grupo U, obra loable que editó con el apoyo de la Academia de la Lengua y el INCH, títulos ya citados y de donde tomamos los ejemplos de versos para el presente trabajo, señala características en la producción y actividad cultural de Flavio:
“Su adhesión a la poesía de Juan Ramón Jiménez, de quien adopta la libertad de grafía: J por G, I latina por Y griega. El decía, por ejemplo, que ángel no se puede escribir con g sino con j pues no se puede representar esa figura más que con el trazo delicado de la j. Poesía con hálito clásico. Era devoto admirador de los clásicos españoles. Verso impregnado de símbolos angélicos. Símbolos pajareros de su afectividad y entorno geográfico. Poesía amorosa en muchos de sus textos, con algo de sabor clásico. Algunas notas de ironía y crítica sobre realidades corruptibles.
Hemos ejemplificado algunos de estos rasgos en nuestro ensayo.
En los años 80´s, cuando Flavio trabajaba en Managua para los Centros Populares de Cultura y dirigía la Revista La Chachalaca, lo visité en su oficina. En esa ocasión, como todas las veces, me entusiasmé con su plática. Hombre sencillo para lo cotidiano, me ofreció café negro con miel de jicote, vivía modestamente en una casa de Las Brisas y le eran ajenas las pocas modas que había y el cumplimiento protocolario. Pero su palabra adquiría esplendor apasionado al hablar de planteamientos para una verdadera cultura popular, que él concebía con un sentido democrático, respetando la creatividad y la libertad en el arte.
Lo visité nuevamente ya enfermo, en junio del 2005. Fue un rato bien ganado a la desilusión y la rutina y nos sumergimos una vez más en nuestro pueblo, en su historia, en la necesidad de rescatar a tantas figuras del olvido. Se refería a la recopilación o antología de la literatura boaqueña. Esa, me decía, es una tarea que debe realizarse. Es mucha tarea y habrá que compartirla con los jóvenes de hoy y los de ayer.
Así, martillando con piedra o sobando con la pluma de un “ánjel”, Flavio nos acompañó a vivir a los boaqueños, grupouistas o no, a los jóvenes siempre, a los nicaragüenses todos, durante las 8 décadas que duró su mundo en este mundo, su contenido, intenso sentir, su solidaria, amorosa y callada relación con todo lo que habita en el planeta. Nos sigue acompañando en obra y herencia de palabra, porque como él lo descubre pronto en aquel poema suyo “Mis ojos”, nos anima también a descubrirlo:
“Cuando toque mis manos / i el mundo se aquiete total y amoroso en mis manos / Cuando... / Yo estaré muerto... / pero el mundo palpitante como un poema”.
Quisiera, finalmente, valorarlo, acudiendo primero a la magia expresiva de una poeta, sobrina suya, “poeta poeta”, como la calificaba comentando conmigo sus “Poemas de Flavio” (NAC, sábado 05 de agosto del 2006) el maestro Guillermo Rothschuh Tablada. Me refiero a Yaoska Tijerino:
“Voy a estar feliz / por tu partida / por tu vida / después de ésta / porque aunque ya no seas / te siento en todas partes”.
Segundo, poetizando y filosofando con el párrafo que remarca la recordación de Armando Incer “Encuentro con un nombre” (NAC, 29 de julio del 2006): “Yo comprendo que de ahora en adelante mis contactos con él no serán ya con su persona sino sólo con su nombre, como al principio, pero llego advertido por él mismo de que en nuestros nombres hay mayor solidez que en nuestros huesos.”
Tercero, prestándole a Luis Rocha, poeta y gran amigo de Flavio, que estuvo cerca de él hasta el final, unas palabras del comentario “Libre como un ciprés” (NAC, sábado 29 de julio del 2006): “No lo doblegó ni la muerte y su espíritu libérrimo siempre estará aferrado a una ética y una estética vital, ejemplo imperecedero de la honestidad y el desprendimiento como antítesis de todo apego a lo temporal, superfluo, corrupto o mediocre, ya fuera política o literariamente hablando.”

Managua, febrero del 2010.

(Este texto fue leído por su autora en el acto de Recordación a Flavio Tijerino, efectuado en el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica y dedicado por esta entidad cultural y la Comunidad Boaqueña en Managua a la memoria del poeta, el 04 de febrero pasado)