Nuevo Amanecer

De la lengua de Cervantes a nuestra cultura


Eso que los letrados llaman “lo culto” con frecuencia ha estado ajeno (a pesar de haberlo usurpado o sustentarse de allí) a “lo popular”. Las mayorías provenientes de la plebe, del vulgo, han sido en casi todas las épocas y lugares, olvidadas de lo que se ha etiquetado como “cultura”, arte y literatura, símbolos o instrumentos inequívocos y necesarios del poder. Durante las épocas de cambios y revoluciones sociales, lo popular emerge con ímpetu pero quienes se atribuyen la representatividad cultural se erigen con prontitud como voceros que hablan, ilustran, describen y escriben en nombre de todos repitiendo el mismo pecado precedente, entrando en la dinámica de las contradicciones sociales y políticas donde la intelectualidad de la cultura se aleja y construye sus propias interpretaciones, preserva o renueva los paradigmas del poder tradicional y/o emergente, estableciendo los referentes a partir de los cuales el resto debe medirse y compararse para ser o no ser, para estar o no estar.
La promoción de una cultura incluyente, popular, heterogénea e híbrida, que ha quedado patente en las calles, decires y costumbres, no es indiferente a nuestra historia cultural y genética ni a nuestras controversias derivadas de la convivencia, no es fácil superar los prejuicios y exclusiones étnicas, sociales, religiosas, políticas y de género, abrirse a la variedad inagotable de las expresiones artísticas y culturales, evitar reproducir “más de lo mismo” y no sólo lo que cabe bajo la sombra del poder dominante. Éste es el principal reto de las organizaciones nicaragüenses que promueven o facilitan, desde distintos ámbitos, el arte, la literatura y en general la cultura.
Junto al Foro Nicaragüense de Cultura, el Centro Nicaragüense de Escritores (CNE) y la Asociación de Escritoras de Nicaragua (Anide), es el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica (INCH, 1959-2009), una de las organizaciones no gubernamentales más antiguas (personalidad jurídica otorgada en el Decreto 785 del 21 de enero de 1963) y visibles en la dinámica cultural nacional, y en cuyos fines y objetivos enuncia el de “promover y contribuir al desarrollo social, cultural, educativo, científico, artístico y técnico de la población de Nicaragua”. Ello obliga como premisa a identificar quiénes conformamos la población de Nicaragua. Partimos por afirmar que no somos un grupo social homogéneo. La aceptación y promoción de la diversidad es la principal obligación si el propósito dicho es aplicable y asumido en toda su extensión en la nueva etapa de desarrollo del INCH después de cumplir cincuenta años de existencia.
En “Tambor olvidado”, Sergio Ramírez (2007) escribe: “La única herencia autóctona que solemos reconocer en nuestra cultura es la herencia india… Lo negro sigue siendo intolerable, en un sentido tácito. De eso no se habla… La mutilación de nuestra historia para quitar de por medio el componente africano resulta asombrosa”. Erick Blandón en “Barroco descalzo” (2003), al referirse a “El Güegüense como texto alternativo” de Marisa Corriols, afirma que “al no identificar --en la multiplicidad-- los matices y singularidades de la multitud, incurre en la ansiedad homogenizante…” Más adelante insiste que “No hay la síntesis del mestizaje”, son contrarios antagónicos que se repelen, como Darío, quien “navega en la confluencia de un mestizaje triple” (Ramírez) que nunca quiso (o pudo) reconocer.
Las ideologías y los conflictos económicos y sociales no son ajenos a los conflictos culturales. El poder impone condicionantes que no siempre salen a luz en el debate público y diversificado. Carlos Midence afirma que “la nación se asocia a una determinada clase y a unos determinados artesanos a través de los cuales se trazan los límites y posibilidades con respecto a los imaginarios del poder, lo que a su vez fungen como modos específicos de legitimización” (La invención de Nicaragua, 2008). Según Erick Aguirre (Las máscaras del texto, 2006), aunque la “literatura culta se ha nutrido de las tradiciones y mitos de la cultura popular, también es verdad que se ha asentado en un espíritu y en una conciencia limitada, hegemónica y excluyente de mestizaje… quizá se pueda comprender mejor la naturaleza de nuestro funcionamiento histórico-político, y cómo en general éste ha obedecido a una tendencia de dominación poscolonial”.
Es la promoción cultural un asunto complejo, puede ser libertador o alienante, generador de altercados, lleno de dificultades y contradicciones, si se quieren superar los prejuicios y si se asume por entender quienes en realidad somos en la “población de Nicaragua”. Desde una visión dinámica: ¿quiénes seremos después? Es una obligación y una necesidad de pertenencia e identidad, de renovación y desarrollo, de búsquedas, encuentros y desencuentros, es condición para la convivencia, la paz y el desarrollo. La cultura puede ser espacio de debate y diálogo, factor que contribuya a superar barreras sin eliminar, todo lo contrario, para reconocer las diferencias, superar el elitismo, promover la participación amplia y diversa, evitar la restricción por el espacio físico para suscribirse a un escenario territorial y poblacional disperso. Éstos, desde mi punto de vista, deberían ser los retos del INCH con sus 418 socios (febrero, 2010) en donde lo hispánico es lo de allá y lo de aquí, y lo de aquí es distinto y diverso en medio de sus similitudes, al igual que es lo de allá. Es, sin lugar a dudas, una oportunidad el hecho que se plantee la separación de la Cooperación Cultural Española en Nicaragua, que tradicionalmente se articulaba a través del INCH, de tal forma que existan dos entidades distintas y separadas. El INCH, sin perjuicio de continuar captando parte de la cooperación española, “debe ineludiblemente revisar sus propios objetivos, proyecciones y líneas de acción, para determinar la dirección y fines de su labor”, según lo informado en la Junta General reciente por el presidente reelecto de la reconocida asociación, René González.
Desde el espacio que ofrece el Día Internacional del Libro en abril declarado por la Unesco desde 1995, en ocasión del fallecimiento en 1616 de Cervantes, de Shakespeare y de Garcilaso de la Vega, es propicio para discutir sobre libros y literatura, y desde lo nacional y lo global en la cultura y en particular sobre el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica.
No somos únicamente de la Lengua de Cervantes, pero ella es un referente fundamental que nos comunica, nos suma e integra; no somos nahual ni chorotegas ni nagrandanos… Muchos somos misquitos, ramas, costeños, garífunas, chinandeganos, estelianos, monimboseños… y otros, casi extintos y absorbidos (pero distintos) por la fuerza de las circunstancias, el olvido, la extirpación y la exclusión. Tenemos necesidades e intereses comunes y diferenciados en medio de las particularidades y coincidencias. Nuestra población no es una síntesis, sino una mezcla colectiva e individual, cuyas partes permanecen indisolubles a veces, y en otras se confunden en sus colores y formas con una “identidad” que no es idéntica, y permanece oculta o visible y se manifiesta a veces con voz, sonidos, palabras, colores, formas y gustos, y en otras, es muda o silenciosa, pero permanece aquí donde estamos para despertar después intempestivamente.

Managua, abril 2010.
www.franciscobautista.com