Nuevo Amanecer

Herta Müller: tiempo y origen en su narrativa


El Premio Nobel de Literatura 2009 fue concedido a la novelista y poeta alemana-húngara Herta Müller (1953), quien nació en la pequeña población (1500 habitantes) de Nitchidorf (fundada en 1784). La homenajeada, quien escribe en alemán (al igual que Kafka, a pesar de haber nacido en Praga), abandonó su país natal en 1987 durante el gobierno socialista de Ceausescu (1967–1989) y se radicó desde entonces en Berlín Occidental. El reconocimiento es más para la lengua alemana que para la rumana, sumándose a otros doce del mismo idioma que han sido galardonados, entre ellos: Mann (1929), Hesse (1946), Grass (1999) y Jelinek (2004).
La plataforma de lanzamiento que le permitió abrirse campo en el mundo de la literatura estuvo en la nación de su lengua y no en la de su nacimiento. Por tal razón no resulta extraño que fue principalmente celebrada en Alemania y no en Rumanía, en donde no contó con la suficiente atención, a pesar de ser producto de las dos culturas. Su obra no había sido apreciada en su país de origen, durante la década del ochenta por la censura y la intolerancia y actualmente porque su contenido se enfoca en señalar los sufrimientos principalmente de la minoría alemana, destacando las duras condiciones de vida después de la II Guerra Mundial durante el régimen comunista, y la descripción de lo que señala como la destrucción de las relaciones humanas y familiares en un Estado totalitario, todo ello entremezclado con supersticiones y leyendas.
Algunos piensan que si hubiera escrito en rumano y se hubiera referido a los padecimientos de los rumanos, la reacción oficial y no oficial fuera distinta, en contraposición, tal vez su espacio territorial y lingüístico hubiera quedado extremadamente restringido y silenciado.
Rumanía, la antigua Dacia conquistada por Trajano (107 d. C.), ha sido escenario de variados flujos culturales; es uno de los dos pueblos de Europa del Este que habla lengua romance. En 1947 fue proclamada la República Popular de Rumanía. Ceausescu asumió la presidencia del Consejo de Ministros desde 1967 y a pesar de una política personalista y dictatorial, se ganó alguna “simpatía” (¿y complicidad?) de los principales gobiernos occidentales por promover la disolución del Pacto de Varsovia y criticar las intervenciones soviéticas en Checoslovaquia (1968) y Afganistán (1979). Debido al descontento popular estalló en 1989 una revolución, el gobierno perdió el control del ejército, el presidente fue destituido, detenido y ejecutado en la Navidad de 1989.
La escritora fue despedida en 1979 de su trabajo como traductora en una fábrica de maquinarias supuestamente por negarse a cooperar con la policía secreta rumana; su primer libro de cuentos (1982) fue publicado en versión censurada y tras la publicación de otro donde criticaba la corrupción, la intolerancia y la opresión del régimen, se le prohibió volver a publicar en el país. Fue disidente del régimen comunista y expresó a través de sus actos y escritos, resentimiento por los daños sufridos, los antecedentes de sus padres (cercanos al fascismo) y aquellas otras cosas padecidas por la minoría alemana en Rumanía, descritas desde la ficción. Su padre sirvió durante la II Guerra Mundial en la Waffen SS, un cuerpo armado elite nazi; su madre fue deportada en la Unión Soviética en 1945 y pasó cinco años en un campo de concentración en Ucrania.
La Academia Sueca, aunque sin llegar a ser una norma, una vez más premia no tanto por la calidad literaria sino por el estigma de ser víctima y haber sufrido el “rechazo”, la discriminación o el exilio por diversas circunstancias (políticas, étnicas, sociales, religiosas) en su lugar de origen. Tal vez ambos factores han sido conjugados según la consideración de quienes deciden. Casos similares con sus particularidades, sin pretender cuestionar el mérito literario de los referidos, podemos encontrar en Mahfuz (El Cairo, 1911 – 2006) galardonado en 1988 y considerado el padre de la prosa árabe contemporánea, por el contenido de alguna de sus obras fue blanco de grupos extremistas musulmanes quienes atentaron contra su vida. En el 2000 fue reconocido el único Nobel de Literatura de origen chino (a pesar que el mandarín es la primera lengua del mundo) Xingjian (Ganzhou, 1940) quien reside en París y sufrió censura y represión en la República Popular de China desde la Revolución Cultural (1966). El húngaro Kertész (Budapest, 1944), distinguido en 2002, fue prisionero un año de su adolescencia en los campos de concentración nazi por su origen judío, lo que marcó su vida y carrera literaria. El premio en 2003 fue para el sudafricano Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940), de raza blanca y quien tuvo controversias con el Congreso Nacional Africano (el partido que venció al apartheid) por la forma “discriminatoria” (presuntamente despectivas a los negros) de algunas de sus narraciones. Finalmente, el turco Pamuk (Estambul, 1952), cuya distinción otorgada en el 2006 no gozó de simpatía oficial porque en su obra se percibió la crítica al Estado confesional y se interpretó una influencia más occidental.
Una vez más se confirma la coincidente dificultad de no ser profeta en su tierra. Carlos Fuentes con razón escribió: “Lee a los escritores, pero no los conozcas personalmente” (Adán en Edén, 2009), aunque Susan Sontag expresó en su discurso de aceptación del premio Jerusalén (2001): “Pero lo que importa no es lo que un escritor dice, sino lo que un escritor es”. Para encontrar el sentido de su obra me refiero, aunque limitadamente, a tres novelas, lamentablemente son pocas las que estaban disponibles en español. Reconozco la real desventaja al perder lo valioso que se expresa en el espíritu del idioma en el cual fueron escritas.
En “Tierras bajas” (1982; en español: 1990), la escritora describe desde la voz de una niña la situación cotidiana, familiar y social en una aldea rumana. Se presentan imágenes con la cruda realidad cotidiana. Los remanentes de la guerra, la pobreza, las tradiciones, la vestimenta, comida y expresiones de los suabos (alemanes étnicos que habitan la región a la cual pertenece la escritora), las labores del campo, el huerto, la nieve, el cambio de las estaciones, la familia, las borracheras del padre, los animales, los juegos de niños, los funerales, el cura, las oraciones. Hay, a lo largo de la narración, figuras y expresiones que se entrelazan, denotan soledad y desolación.
“El hombre es un gran faisán en el mundo” (1986; en español: 1992). La novela cuenta de una familia de origen alemán en un pueblo rumano durante el régimen comunista que espera ansiosa la oportunidad de obtener el pasaporte para abandonar el país. Con el título de la obra se recoge una expresión rumana, donde se usa “faisán” como sinónimo de fracaso. Windisch fue prisionero de guerra; de su mujer decía la gente que durante la posguerra en Rusia, “ella abría las piernas por un trozo de pan”; su hija Amalie, maestra en un jardín de infancia de la ciudad, los sábados vuelve a casa, su madre la espera en la estación. En su clase, Amalie cuelga el mapa de Rumania en la pared: “esta es nuestra patria”, dice: “Así como nuestro padre es el padre en la casa en que vivimos, el camarada Nicolae Ceausescu es el padre de nuestro país…” El guardián nocturno le dice a Windisch: “el cura tiene una cama de hierro en la sacristía. En esa cama busca las partidas de bautismo con las mujeres…”, y agrega: “El policía, por su parte, pierde y traspapela hasta siete veces las solicitudes y los timbres fiscales… los busca con las mujeres que quieren emigrar sobre un colchón guardado en el almacén del correo”. La mujer de Windisch está demasiado vieja para el cura y el policía. El hombre se muerde los labios, Amalie tiene que pasar el sábado por el despacho del policía con la solicitud y el dinero para el timbre fiscal y también donde el cura, “para que le busque la partida de bautismo en los registros”. “El cura dice que las tumbas de los rumanos no forman parte del cementerio. Que las tumbas de los rumanos huelen distinto de las de los alemanes”. Finalmente, la mujer confirma: “El policía le ha dicho al cura que vuestros pasaportes ya están listos en la oficina de pasaportes”. Ahora ellos tienen sus documentos oficiales, ella se pregunta: “¿Quién sabe qué será de nosotros?”.
“La piel del zorro” (1992; en español: 1996) es una especie de retrato de ideas y prácticas sociales en donde los obreros y ciudadanos viven por la causa de un sistema percibido como deshumanizado, en donde son piezas que al desgastarse pueden ser reemplazadas con indiferencia y crueldad obligando incluso a un trabajador cuya mano ha sido amputada a beber alcohol para eximir a la fábrica de cualquier responsabilidad. Hay otras muchas escenas separadas pero vinculadas que se incluyen en la narración, entre ellas, el suicidio de un hojalatero, los pescadores en el río, el administrador que vende collares y joyas de oro a gente que después denuncia para que se los requisen… Entre las personas se percibe miedo, el relato refleja la represión y abuso en quienes están obligados a vivir bajo el régimen comunista rumano. Hay sexo forzado, mercado negro y cosificación de los seres humanos como el peligro que Marx le atribuye al capitalismo (el capitalismo salvaje, dijo Juan Pablo II) pero que no fue ajeno al socialismo llevado por rumbos desacertados.
Los textos literarios de Müller a veces son monótonos y tediosos, están salpicados de enunciados y detalles, afirmaciones breves y sucesos cotidianos, partículas obvias que tal vez son innecesarias. La descripción de los sucesos en las tres novelas mencionadas es lineal, toda está en una secuencia de tiempos presentes. Es una especie de picoteo corto, nutrido y continuo, en un ambiente que se percibe desolador ante hechos donde el hombre es impotente, su estado de ánimo se frustra, es triste, está condenado al fracaso. El entorno describe un panorama reseco y pobre; hay estiércol, aridez, deshonestidad, exclusión y fragmentación familiar y social. Sus personajes son seres comunes sujetos a la vorágine de los acontecimientos que dependen de voluntades ajenas. La autora no es indiferente a su origen y su tiempo desde la interpretación de su propia subjetividad. Se le reconoció, al otorgarle el Nobel, “su capacidad para describir el paisaje de los desposeídos”.

5/04/2010
www.franciscobautista.com
(Las obras de Herta Müller puede encontrarlas en LITERATO, TIENDA DE LIBROS. De Funeraria Monte de los Olivos 75 varas al lago. Residencial Los Robles, Calle Principal, Managua.)