Nuevo Amanecer

La procesión de Jesús del yanke

Con la reproducción de notas escritas del puño y letra del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y un nuevo relato llamado “La ruta del tránsito”, el vicepresidente Jaime Morales Carazo publicó bajo el sello Esquipulas Zona Editorial una segunda edición del libro “El burro del alcalde y otras narraciones”, publicado por primera vez hace 34 años bajo el sello editorial El Pez y la Serpiente. Aquí uno de sus cuentos

La ceniza del “polvo eres y en polvo te convertirás” se había borrado por completo de la frente de los feligreses granadinos, que ya por ese entonces estaban dedicados en cuerpo y alma -olvidando santos preceptos y pastorales- a las anuales bebiatas y perreras de la Semana Santa, que en realidad de lo último no tenía nada, pues a como decía el Padre Chema, más bien debían llamarle semana del diablo, por las honorables y morrocotudas bacanales de que la hacían objeto.
La gente comenzaba la parranda el mismo Lunes Santo, para llegar alegrones y hasta el cerco, a cantar Gloria, olvidándose mientras tanto de todas las chanchadas que los bandidos judíos le hicieron al Tata-Chú.
La festividad alcanzaba su mayor bombo el viernes en que se representaba con gran solemnidad todo el pasaje más trágico de la Vida de Jesús. Para ese efecto apalabreábanse con anterioridad los personajes centrales, improvisándose en el camino los centuriones, Pilatos y judíos.
En aquellos días en que todavía mandaban los conservadores, era inadmisible hasta para el propio Cura, que quien hiciera el papel de Jesús, fuese un moreno tostado y feo, o en pocas palabras, con aspecto de medio pelo. Así que se ingeniaban para conseguir un ciudadano chele y ojos azules que pareciera yanke. De ahí que la suerte de interpretar el papel estelar recayera todos los años sobre el mismo Chico Matías, borrachín muy elocuente que reunía las características que el pueblo atribuía al Nazareno.
Desde el jueves por la noche el jefe de Ceremonias comisionaba a varios hombres tigres para que fuesen en busca de Matías a todas las cantinas de Granada, y lo pusieran a mecate corto para tenerlo hábil y en condiciones para el siguiente día. Muchas veces Chico armaba la bronca con sus captores y hacíase de urgencia pedir auxilio al Comandante de la Plaza, para que prestara dos guardias que, por las buenas, le bajaban los humos a cualquiera muy temprano. Pero las más de las veces sucedía lo contrario, pues Matías era de mucha chispa y pronto convencía a los soldados para que empeñaran los rifles y seguir el pereque en su compañía. (Con cada riendazo doble que se rempujaba, maldecía al rejodido yanke que panzonió a su mama, heredándole los ojos gatos y el pelo chele, para que estos carajos granadinos que se las picaban de arroz con pollo, a güevo le hicieran hacer el papel de Jesús todos los años, cagándose en su Semana Santa).
Tal cosa pasó esa noche. Chico firmaba y firmaba valerianos, que los patrones gustosos aceptaban por el lustre y copete que el intérprete del Mesías les daba al beber en sus cantinas.
En el atrio de la Catedral hay gran movimiento. Todos van y vienen preguntándose:
-¿Dónde se habrá metido este zángano?
Las viejas beatas rodean al Cura dando gemidos y mezclando golpes de pecho con:
-¡Este condenado nos las va a pagar!
-¡Qué hacemos Dios mío pa que aparezca este bandido!
Ya se está haciendo tarde y Jesús se ha vuelto hormiga. La angustia va en crescendo y alguien propone que se improvise entre los presentes a un Jesús. La moción es enterrada con este epitafio:
-No siás bruto, ¿cómo vamos a poner de Jesús a cualquiera de estos negros trompudos? ¡No ves que eso es blasfemia!
No hay alternativa, una procesión sin un Jesús chele sería pecado, así que no hay más que esperar al yanke. En esa discusión están las Hijas de María con las Hijas de San Francisco y las Nietas del Espíritu Santo, cuando Pancho Lucas que estaba encajado en el campanario empieza a gritar:
-¡Allá viene! ¡Allá viene!
En efecto, al doblar la esquina se va apareciendo bien bolo y hecho un solo abrazo con guardias, putas, rufianes y amigotes que vienen gritándole vivas al diablo y a otros seres infernales. Chico viene bailando una conga y cantando hasta los breques:
-La puta que te parió... se vistió de colorado y... el cabrón de tu padre... de toro-venado...
Sale furioso el Padre Cherna y agarrándolo por el pescuezo lo mete de un solo viaje a la sacristía, persignándolo con dos pellizcos y un rosario de coscorrones.
Lo que sucedió después fue en clausura, así que nadie lo vio, pero el caso es que al rato aparecía Chico con túnica, corona de espinas, un mecate al cuello, medio tembeleque y con una cruz a tuto. Dicen que en un descuido del clérigo se zampó una botánica del vinito de consagrar.
Al aparecer Jesús, suenan tambores y clarines y el “Pachín Pachín! Tan tán!” de los chicheros llena el aire del atrio. Se inicia la procesión. Un Pilatos se lava las manos en un balde y condena a muerte a Jesús, a quien mientras tanto, lo tienen amarrado a un palo de
mango y le están recetando los azotes de la primera estación. Las Hijas de San Francisco se han quitado sus cordones para apalearlo mientras le dicen:
-¡Chancho! ¡Bandido! ¡Aquí nos la estás pagando¡
A lo que contesta el pobre Jesús:
-No tan duro, no sean bayuncas, no ven que es de a mentira.
El cortejo abre el paso por la calle de la Piedra Bocona y Chico con la cruz al remolque es insultado y pateado por los bárbaros judíos. La tremenda goma que se anda pesa más que el madero y cae por primera vez. El cura le grita:
-Levantate on
-¡Ni juco, de aquí no me muevo si no me dan un cachimbazo doble!
Al llegar por la Merced, Jesús ha caído más veces que las establecidas en el Vía Crucis y ha tenido que ser levantado con media botella de guaro lija. Hasta ahora nadie sabe si Jesús lleva la cruz o viceversa, pues el Nazareno viene hasta el birote. Para aliviarle la carga y apresurar la procesión, el jefe del Protocolo ordena que entre en acción el Cirineo, quien al querer ayudarlo recibe un gran empujón de Chico que le dice:
-Quitate diay jodido que yo la aguanto solo, apartate antes de que te pijeye.
El Cirineo, que había pasado practicando su papel todo el año, se quería lucir en público y no podía perder su chance, así que se abalanzó furioso sobre Jesús queriéndole arrebatar la cruz. Se armó el forcejeo:
-Prestámela por un ratito nada más.
-Ni mierda que es miya jodidó, yo hago lo que me ronca el tarro.
-Tu madre, desgraciado envidioso.
-La tuya que te parió, hijo de la mazorca.
De no aparecer un policía, que con su convincente clava se lleva preso al Cirineo, se hubiera armado un pleito de perros acabando la sarabanda en cortejo fúnebre.
Los chicheros tocan ahora una pieza de su cosecha, mezcla de tango y bolero, y hay alguien que olvidándose de lo trágico de la Pasión se encarama en una silla y declama la Marcha Triunfal.
Las estaciones van sucediéndose a las caídas y tropezones. Ahora la Verónica se acerca a secarle el rostro a Chico. Éste le quita la toalla y se sacude sonoramente las narices. El Cura se arrecha y lo jala del mecate escapándolo de ahorcar. La procesión se para. Hay que darle aire y otro trago. Chico mira con malos ojos al Presbítero. Éste le dice:
-Perdoná on, que se me fue la mano.
-Tá bueno pero a la otra no respondo…
Ya les agarró la tarde y hay que apurar el paso para llegar con luz al cementerio, lugar que hará las veces de Calvario. Entre tanto, muchos enemigos de Chico se aprovechan para escupirlo y hacerle toda clase de groserías. Jesús se aguanta con paciencia haciéndoles señas y la guatuza con la mano:
-Espérense rejodidos que acabe esta chochada y van a ver...
Pero Julio Mondongo no hace caso a las advertencias y agarrando un palo le jinca el cheto. Chico se da vuelta furioso y tomando la cruz como martillo le raja la maceta. Esto prende los ánimos y se generaliza la trifulca. La procesión se convierte en manifestación política y la colorada corre por la calle. El Señor Cura reparte paraguazos y los guardias lo secundan a culatazos hasta que logran restaurar el orden. Chico ahora parece Cristo de verdad, trae moretones y mordiscos por todos lados y se niega a dar un paso más. Ni un trago de tacón alto le alienta pues se ha plantado como una mula. La gente se impacienta y no sé quién vocifera:
-Ya está haciéndose oscuro. Crucifíquenlo aquí nomasito.
El coro contesta:
-Va puej, ya démosle chicharrón.
La idea es aceptada con venia del clero. Los centuriones empiezan a desnudar a Jesús. Chico se resiste y afirma andar cañambuco.
-¡Pues así te juistes tiste!
El pueblo no quiere esperar más, ya que también amenaza un vergazo de agua que venía levantándose del lago.
Chico patea y refunfuña negándose a consumar el acto final. Judíos y ayudantes después de trabajar y sudar en penca logran amarrarlo al primer poste de luz que encuentran. Por andar sin calzoncillos sus partes pudendas se asomaban irreverentes, gritándoles las viejas que desde abajo lo espiaban:
-¡Jesús cochino, Jesús cochino!
Chico ondea como bandera a media asta y no hay quien le haga pronunciar las litúrgicas siete palabras. Un centurión lo amenaza con una estaca ansioso de abrirle el costado o de sacarle el hígado:
- Hablá Jesús que te conviene, o te pego un semillazo.
-Ay mamita no siás jayán que ya voy.
-¡Otro traguito por amor de Dios!
-Así te quería ver chele cambray.
-No seyan malacates, que no ven que ando con una goma de garabatillo.
-Callate hereje; ve vos que andás el palo, jincale el culo a ese cabrón.
-Hijo, he ahí a tu madre.
-Será la tuya, hijue de la gran verga.
-¡Tengo sed!
-De picado sinvergüenza sacrílego...
Y, en pronunciando el “Consumatun est”, Chico dio un tremendo alarido echando el perro y quedándose profundamente dormido. Ahí nomasito se dejó venir el pijazo de agua, desbandándose la procesión a todo mamón y dejando al pobre Jesús guindado como chancho.
En la madrugada, todavía hasta el tronco, empezó a despertarse reclamando que lo llegaran a soltar y mentándole la madre al Cura y a quienes lo habían crucificado. Un guardita que hacía la ronda, se le acercó melero con su caña hueca lista y apuntándole al ojo le dijo:
-Cállese hijue la gran puta que ay no más vive mi Coronel y me va a meter en un clavo si lo despierta, aguántese como macho y a ver si como Jesús resucita despuej de que yo me lo truene de verdá.