Nuevo Amanecer

Gabo documentado


Sólo a Gerald Martin, un profesor británico que es el hombre más paciente del mundo, se le pudo ocurrir escribir la biografía de Gabriel García Márquez, casi imposible de discernir de la urdimbre de sus novelas, que la han reescrito al punto de convertirla en ficción. Relato de relatos, como los mitos, este libro suma cientos de testigos y versiones. Gabo lo calificó de “biografía tolerada”, ya que todo escritor respetable debe tener un biógrafo inglés.
Martin enfermó a mitad del libro y decidió jubilarse para proseguirlo; dejó Pittsburgh, se refugió en el campo inglés y Gail, su esposa, se encargó de la casa y las hijas. Tras las huellas de su personaje, Martin recorrió el Caribe colombiano, París, Barcelona, La Habana y México, y habló con la familia y los amigos como un Melquíades verosímil. Diecisiete años y dos mil páginas después, la biografía era impublicable. “Gabriel García Márquez, A Life” (Knopf, Nueva York, 2009, 642 páginas) es el resumen de un libro que tal vez no terminará nunca.
El trabajo de Martin es extraordinario. Cronológico y factual, incluye la historia de los libros del autor, intrínsecos a su vida, y nos provee de revelaciones y esclarecimientos. Siempre discreto, prolijo y puntual, no se demora en la anécdota ni el chisme. Y nos hace entender mejor la integridad de García Márquez: su asombrosa aceptación de la vida como un don dichoso. No hay otro modo de decirlo, porque la pobreza familiar, la dureza del periodismo, la miseria del exilio, los trabajos precarios que impiden escribir, aunque lo abruman, no lo abaten ni amargan. Se ha jugado la vida por la literatura. No puede ser sino más cierta.
A veces he creído que en el internado de Bogotá recibió lecciones sobre virtud y ética, pero no todo viene de los libros, también de la época: el escritor se hacía en su obra. No nacía en un mercado ni lo inventaba un premio. No menos sufrió Cervantes, y quizá rio más de la brutalidad de su tiempo.
Es bueno que Martin no pretenda que la vida de un escritor es siempre legible, y menos en este caso, que tiene el aura de lo más natural como lo más inexplicable. Lee bien, eso sí, el largo proceso de maduración de cada una de sus novelas, imaginada muchos años antes y escrita como si fuera dictada, mucho después. La biografía en esas novelas se lee a sí misma mientras se escribe, y no cesa de recrearse.
Gabo había dicho que todo escritor tiene una vida pública, una privada y otra secreta. Por eso, cuando lo llamaron de la Academia con la noticia del Nobel, le dijo a Mercedes: “Me jodieron”. O sea, mi vida será ahora más pública que mía. Y es otra virtud de esta vida pródiga el que dedicara sus fuerzas a la utilidad política y cultural de su fama y su dinero. Martin nos recuerda que financió una revista y un periódico dedicados al diálogo en Colombia, la Fundación de Cine y la Escuela de Cinematografía en La Habana, y la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano en Cartagena, entre otras empresas de mediación quijotesca. Y después del Nobel no aceptó otro premio.
El libro prueba que hay otra vida: la suma imaginaria, para dicha nuestra.

(“Gabriel García Márquez: una vida”, de Gerald Martin, traducida al español por Editorial Debate, Madrid, 2009, se encuentra a la venta en LITERATO, TIENDA DE LIBROS)