Nuevo Amanecer

La herencia

Género: Novela. Título: La Herencia. Autor: Róger Mendieta Alfaro (Nicaragua). Editorial: Ediciones del Centro Nicaragüense de Escritores(1ª.ed. 2009). Colección: Narrativa.

Cada quien tiene el Diablo que se merece, y los que endilga Roger Mendieta Alfaro a sus personajes en la novela La Herencia, portan variadas máscaras.
Sin perder de vista el propósito para el cual está inventado el Diablo: hacerse de las almas de los diferentes pecadores sobre la faz de la tierra; el narrador nicaragüense bosqueja un Diablo picaresco, con matices humanos, y ventajoso, como todo ser de esta naturaleza, para don Centuriano, protagonista de la historia. Por otra parte crea otros para Moralia, la criada negra devenida en segunda esposa de Centuriano, cuyas características están emparentadas más con la fama, por demás terrorífica, en el imaginario de los habitantes de la zona geográfica en el que desarrollan las acciones --centro de la franja costera del Pacífico de Nicaragua-- que con la verdadera sustancia que le impregna la religión
Leer La Herencia significa el hallazgo de un territorio literario en donde se da una curiosa combinación de surrealismo con realismo mágico, capaz de engendrar paisajes hilarantes, cuasi fársicos, en una pasarela de personajes caricaturizados, extraídos del mismo entorno pueblerino ancestral, fundamento de la polis actual, con toda la carga de atavismos y prejuicios.
Tratada bajo los visos de un tono carnavalesco, el autor dota al relato de una atmósfera siempre lúdica en la que los protagonistas, pareciera, disfrutan de sus acciones, aun cuando la tragedia ronda sus huesos.
Mendieta Alfaro, con su prosa, se alza como una voz que renueva y recupera esa manera de relatar que incluye un coloquialismo amable y giros del habla popular, la transforma en literatura y dice las cosas como se expresan en la parla cotidiana, aderezada con las creencias de las comunidades cuando están a merced de la religión, es decir inventando cuentos de fantasmas y aparecidos que aterrorizan en tanto se descree de la divinidad propuesta por el detentador del poder religioso; sencillamente nos transporta a esos ambientes regidos por las incredulidades, diríamos naturales, de una célula social envuelta en los tules de la ignorancia y por extensión preñada de ingenuidad, remontada en tiempos cuando a todo lo habido en esta tierra era achacable al Divino, por contraposición lógica también al Maligno, es decir, la polarización de cuño religioso que enfrenta al Bien y al Mal, sin matices y con grandes cargas de fanatismo.
Bien vale la pena consignar la fauna fantástica que habita la historia: ceguas, carretas naguas, cadejos, bestias negras, duendes chiquitos y jodiones, muertos sin cabeza, y otros tantos fantasmas de las leyendas negras que pululan en las comunidades tierra adentro, y que de algún modo se integran a las creencias sobre el más allá y que conforman el entramado imaginativo de los moradores del lugar.
Socorrido de un lenguaje en ciertos momentos abarrocado, si se me permite el término, el autor acusa en su narratividad la pulsión de contar y contar como lo hacían los viejos de la comarca cuando tenían un auditorio enfrente, regodeándose con las palabras, aderezando sus frases con innumerables adjetivos y en ocasiones dándole importancia a la hipérbole para magnificar la anécdota, haciendo de la ficción un recurso manipulable a modo de atrapar --por no decir embaucar-- a sus oyentes. De pronto me recuerda aquellos lejanos juglares que recogían de pueblo en pueblo las anécdotas vinculadas a sus formas de vida para desparramarlas en las comunidades que hollaban sus itinerantes pasos.
La Herencia, es una de las novelas ganadoras del Certamen de Publicación 2009, sección narrativa, que auspicia el Centro Nicaragüense de Escritores con el Proyecto Fondo Editorial: Asociación Noruega de Escritores y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega, con lo cual se da cauce a un magnífico plan de divulgación de la literatura en el país centroamericano, que refleja, además, la vital dinámica de las letras cuando existen voluntades emprendedoras y comprometidas con el arte. Por otro lado, Róger Mendieta Alfaro graduado en Ciencias Económicas Administrativas, ha incursionado en el cuento y en la poesía, pero su obra novelística le representa quizá su mayor querencia ya que cuenta con varios títulos, entre ellos La piel de la vida (1987); El Candidato (1996); La Zarza y el Gorrión (1999); Hubo una vez un General (2005), refrendando con ello la consistencia de su oficio narrativo.
Prolijo en palabras, en imaginación, y en asuntos que contar, a Róger me lo imagino como un magnífico memorioso, percibo en él una oralidad que, a mi juicio, ha sido sustentada por los relatos que en ciertos momentos de su vida, le refirieron sus amigos, conocidos y familiares, con la enorme virtud, lo cual se agradece, de atrapar con sus oídos lo que se habla a su alrededor y que registra con indudable sensibilidad hasta convertir en literatura, los coloquialismos, los dichos, los fraseos en boga y las altisonancias.
Con esta serie de recursos narrativos, Mendieta Alfaro urde el menage a trois entre don Centuriano Arriaza, finquero agricultor, coleccionista de chácharas que esconde en una bodega, propietario de la finca San Pascual, casado con doña Fausta Mora, de los Mora Rodríguez del departamento de Carazo, terratenientes de muchos dones y gran fortuna, completando el trío la negra Moralia de ascendencia haitiana, cuerpo de tentación, y quien seduce con sus clases de baile al finquero.
Don Centuriano padece del vicio del juego de la taba, constantemente se ve enredado en la telaraña del tahúr junto con la cofradía de jugadores de taba compuesta por otros personajes de igual calaña. Muerta doña Fausta, Moralia casa con Centuriano, a partir de este matrimonio se suscitan varios episodios emparentados con la locura y el sueño, que Róger sabe conducir con su oficio de narrador. No puedo perder de vista un detalle que pareciera insignificante: la raza negra de Moralia no perturba de ningún modo la percepción de los habitantes criollos y mestizos de la zona, quiero creer que el asunto discriminatorio no les altera el pulso, en ningún momento existen señales de trato excluyente, lo cual no es menor.
Con La Herencia, me parece que Róger Mendieta Alfaro emprende un escrutinio del habla y creencias amacizadas en su natal Nicaragua, su discurso literario rebasa el común, cuando se trata este tipo de temas, lo lleva a otras posibilidades, porque posee un valor histórico adyacente, por cuanto en su atmósfera están bosquejadas las relaciones humanas y la coyuntura para el asentamiento de los grupos humanos, que son las ciudades de hoy: Diriamba, Jinotepe, Granada, San Marcos, etc. Sin involucrarse en pedagógicas disquisiciones refiere acciones de los primeros pobladores después del coloniaje quienes en sus alforjas ya cargaban los prejuicios religiosos y los fanatismos que engendraban el temor a Dios, por ende la proliferación de leyendas aterradoras.
El registro impersonal del anecdotario colectivo de la región en La Herencia, permite atisbar en la obra de Róger Mendieta, talento escritural indudable, calidez evocativa, y un énfasis en narrar, pero además expone un enfrentamiento y una reflexión sobre la lengua española en una de las tantas zonas en que se habla.

Coreatorres@Yahoo.Com
Corea Torres.
Puebla, México.
9 Enero De 2010.