Nuevo Amanecer

Un libro insignia, 80 años y un gracias a Onofre Guevara


Hace no mucho tiempo, me di cuenta que Onofre Guevara es apenas diez años mayor que yo. Por cuestiones biológicas o socioculturales, cuando somos jóvenes solemos ver muy mayores a las personas que ejercen algún magisterio en la vida nacional.
Traigo todo esto a colación porque a inicios de los años sesenta y despuntando mis años 20 y mi ejercicio del periodismo, era un asiduo lector de Orientación Popular, publicación periódica que Onofre dirigía y sospecho que la hacía toda.
La pulcritud de la prosa, la coherencia en el combate de las ideas, el hábil manejo de la ironía para polemizar, era de mucha inspiración para mi iniciación en los medios de comunicación social.
Contribuía a mi admiración que el contenido de sus escritos llevaban además de fondo, dos ideas centrales que ambos compartíamos con mucha vehemencia: la lucha contra la dictadura somocista y la transformación social de Nicaragua.
No reparaba entonces que Onofre, comenzando sus años 30, ya se manifestaba con una enorme madurez en la contundencia y defensa de sus ideas.
Hoy ha transcurrido casi medio siglo y me regocijo de seguir caminando con Onofre del mismo lado de la historia. Una conclusión que se dice fácil pero que ha pasado por muchos obstáculos en la atormentada existencia de nuestro país.
La lucha para terminar con la dictadura somocista nos encontró dando sangre de nuestra sangre. Los años 80 en la vida, pasión y muerte del proyecto revolucionario, nos juntó la firmeza ideológica, la sobriedad y las reservas éticas a la hora del sálvese quien pueda.
El reto más duro, sin embargo, estaba por venir. En 1994 hubo que escoger entre recuperar el favor popular garantizando que nunca más nuestro proyecto social pasaría por eliminar la libertad y escarnecer las garantías ciudadanas, y los que optaban por reforzar un liderazgo mesiánico que llevara al pacto con el enemigo histórico y la recuperación del poder mediante el asalto de las instituciones.
El saber que Onofre estaba entre los primeros nos dio la confianza que habíamos escogido el camino correcto, el mismo que compartimos en esos ya lejanos años 60 que mencionaba y que permanecía y permanece invariable.
Hoy pues, no sólo nos convocamos para presentar el último libro de Onofre y conmemorar que ha logrado sobrevivir 80 años en este valle de lágrimas que se llama Nicaragua. Estamos también aquí y creo interpretar el sentimiento de los presentes y muchísimos ausentes, para dar gracias a Onofre Guevara López.
Gracias por el aliento de su pensamiento expresado martes a martes por más de una década en EL NUEVO DIARIO. Gracias igualmente por enseñarnos cómo se puede y debe vivir en consecuencia con lo que se piensa y escribe.