Nuevo Amanecer

Tener siempre la misma cara y la misma frente

Prólogo a “Volver con el Frente marchito. Perfil del orteguismo“, libro de Onofre Guevara López presentado el pasado jueves en el auditorio Xabier Gorostiaga de la UCA

Cuando la palabra escrita adquiere rostro social que se transforma en transparente y obsesiva prédica, y cuando semejante desafío logra fusionar principios y consecuente praxis, al personaje lo desborda su propio legado vitalicio y le avala para tocar las puertas de la historia con la autoridad moral de la misión cumplida.
I
Magisterio de futuro
Antes de referirnos al contenido de esta obra, escuela de pensamiento que exitosamente logra derrotar con creces el tránsito del tiempo, evoquemos al autor en el plano de una vida hermanada con la dignidad y el decoro. Onofre Guevara López (11 de febrero de 1930) es el patriota modesto y coherente, luchador irreductible y extraño arquetipo de una casta revolucionaria que hoy pareciera en vías de extinción.
Estoy seguro de que este prólogo sonrojará al autor de Volver con el Frente marchito. Perfil del orteguismo. No importa, hay maneras de burlar su humildad e intransigencia. Onofre es así, evade lo propio con un modesto halo que ya le conocemos, pero también posee una infantil benevolencia que espero al final me absuelva.
La vida de este ciudadano autodidacta en todos los sentidos, transita por múltiples vicisitudes perennizadas por el indeleble sello de rectitud y convicciones. Todo inicia con el obrero en pubertad, allá en 1944. Al respecto, escuchemos la simpática ironía que dedica a inofensivos agresores, haciendo gala del inocultable fervor de clase que le acompañará a lo largo y ancho de sus días, acaso la impronta de máximo calado en su vocación y vida: “Si se diera el caso de que alguien me dijera ‘zapatero a tus zapatos’, no tendría ningún motivo para molestarme, porque, además de que es mi oficio, me ha gustado tanto desempeñarlo como escribir mis críticas contra políticos sinvergüenzas”.
Así emerge la silenciosa forja del luchador de tiempo completo, pues al partero y organizador de sindicatos, militante rectilíneo, no le afectan calendarios, ni cárceles, ni privaciones, para ejercer simultáneamente el periodismo combativo, sea como editorialista, director, articulista o columnista en diarios, revistas y semanarios, desde Orientación Popular y Tribuna, durante los años sesenta y setenta del pasado siglo. Es el mismo conspirador de catacumbas que estoico y altivo vio partir a dos héroes caídos en el umbral de la victoria, entre una camada de siete ejemplares ciudadanos. Y a propósito de críos, ¿qué decir de doña Gladys Rodríguez García y de su señor esposo don Onofre Guevara López, matrimonio que hidalgo e impertérrito se pavonea por los senderos del espíritu exhibiendo nada menos que 60 años recién cumplidos?
La continuidad del escritor y periodista de todo terreno y de toda época, le lleva a su incondicional apuesta por la Nicaragua liberada: “Yo nunca me consideré un cuadro del partido, sino un soldado de la revolución en el campo del periodismo”. Y como ese mismo soldado ignora treguas, en la década revolucionaria --“lo más parecido a un escenario en donde se le podría ver, al menos, el contorno real a la utopía”-- también es miembro del Consejo de Estado (1981-1984) y luego diputado ante la Asamblea Nacional (1985-1990), de cuyo tránsito asevera en su obra Moderado sea tu sueño: “Aunque, tarde o temprano, habrá una nueva Constitución que sustituirá a la actual, no dejaré de sentir orgullo de que mi nombre siga figurando entre los legisladores que elaboramos la máxima ley de la revolución y del país”.
II
Orfebre de la ética
Cuando la Nicaragua engalanada de libertades sintiera estremecerse la esperanza en 1990, Onofre Guevara redobla entusiasmo y disciplina en una de sus pasiones y raíces, el periodismo crítico. Primero en Barricada, luego en El Semanario, y durante los últimos quince años en El Nuevo Diario, donde hoy más que nunca Onofre reverdece con el impetuoso lance de primeras juventudes y el indiscutible récord en el periodismo nacional de 823 artículos semanales publicados a la fecha de manera ininterrumpida, mientras todo indica que ese rancho continúa ardiendo.
Esta perseverante filigrana de cada martes en END, ideas con filo y elegante prosa del lingüista Guevara, es precisamente la génesis de Volver con el Frente marchito. Perfil del orteguismo, obra antológica de 126 artículos de opinión escritos por Onofre durante el último quinquenio (mayo 2005-enero 2010), y por tanto abarca veinte meses antes de que el Frente Sandinista de Liberación Nacional accediera al gobierno en enero de 2007, y los tres años posteriores.
Todo nicaragüense debe leer urgido este libro para interpretar pasados o presentes y proyectar futuros. No prescribe ni caduca. En la tarea de sistematizar tópicos diversos matizados por el tiempo, muchos de ellos ignorados en sus causas, los riesgos son ingentes y de todo tipo, más aún si en la argamasa que los articula luce enfermo --o en su metamorfosis agoniza-- el motivo de este análisis, es decir, el partido político otrora conductor de una revolución triunfante y que hoy palidece ante la historia.
El reto sólo podía resolverlo Guevara López mediante la articulación armónica de temas vertebrales donde la presencia viva de la ética, universo de principios y valores, logre encarnarse en nuestra Polis mediante la fusión de lo individual, lo social y lo público. Por supuesto, no hablamos de palabras huecas que si no se honran mejor sería no decirlas. Y aquí es cuando el autor sale orondo y bien librado a punta de consecuencia, pues todo lo que analiza, afirma, critica y defiende lo respalda con la historia y con su vida. Libro de noblezas como nobleza ostenta el padre.
Prepárese, entonces, el lector para recorrer asuntos vitales que traspasan coyunturas: medios y periodistas, elecciones y partidos políticos, sindicalismo y derechos laborales, facetas y veleidades del poder, políticas de género y defensa férrea de la mujer, movimientos sociales, legislación y Estado de Derecho, Seguridad Social, entre otros. Todos se hilvanan y entretejen como puntadas multicolores de una misma pieza.
III
Polemista redomado
Volvamos a dos conceptos de líneas anteriores: pasiones y raíces. Si este hombre padece de algún mal de tentaciones, una de ellas, la infalible, siempre logra seducirlo. Es la que devela al polemista sediento del debate respetuoso donde en asuntos de principios es rebelde a concesiones. Como todo azuzador de causas nobles, es el caballero del diálogo y sus consecuencias. Motivador de buena fe, este nandaimeño no aprendió en aquella infancia de campos y montañas a perder estribos ni a aflojar gruperas, pues “la ira pertenece al arbitrio de los dioses cabreados”, comenta el constructivo acompañante de la serena y profunda crítica.
Si en la esgrima de controversias e ideas algún desubicado pretende sorprenderle con lisonjas u otras distracciones, dizque “reconociendo su honestidad personal e intelectual” a pesar de todo, nuestro hombre salta adusto y categórico advirtiendo que la esencia del debate reside en otro lado (“… de mi honestidad me ocupo yo, me he ocupado siempre, sin necesitar de la creencia de nadie”). Son los hilos conductores de apego a principios y al limpio derrotero de su cosecha bibliográfica: Socialcristianismo, su forma y su contenido (1964), El movimiento obrero en Nicaragua. Apuntes para el conocimiento de su historia (1985), ¿Cómo dice que dijo? Los gazapos de las gacetas (2002). Sea moderado tu sueño (2002), El movimiento social en Nicaragua (2007, segunda edición 2008).
Pero no en todo estaremos de acuerdo con Guevara. Que nadie se deje sorprender por una mentirilla del autor cuando embriagado de humildad deja de jugarnos limpio al minimizar sus escritos y opiniones: “Aunque no han de valer mucho, son reflejo de mis convicciones (quien escribe es como un buen padre: no malquiere a sus vástagos, sólo los corrige)”. Mejor quedémonos con el porfiado Onofre, a quien Guillermo Rothschuh Villanueva le conoce como el “Crítico social y político sencillamente auténtico”; el Guevara que involuntariamente se desnuda al repasar sus 66 años de vida política cimentada en “un periodismo de denuncias contra el régimen político, ataque a las injusticias del sistema social, críticas a sus defensores, defensa frente a los adversarios y divulgación de ideas, creo yo, socialistas”.
IV
¡Adelante!
Quede claro, pues, que estas palabras introductorias sobre el autor y su reciente obra, sólo intentan resaltar en parte la valoración que de él la sociedad enarbola. Y lo hemos citado una y otra vez, como una y otra vez llega el agua a manantiales, porque sencillamente este respetado señor de coherencias y victorias merece ser oído y ante todo emulado. Por estas razones y muchas más, el veteranísimo hermano y colega suyo Danilo Aguirre Solís lo bautizó con un segundo nombre de pila, condenado Onofre a llevarlo a cuestas para siempre: “Catedral de dignidades”.
Imposible finalizar si antes no escuchamos al maestro Onofre Guevara López como si estuviera aún recién nacido: “Me satisface sí, no haber querido esperar que [los cambios] llegaran como regalados, sino que pretendí --aun consciente de mis limitaciones--, contribuir al adelanto de sus partos. Pretensión de joven soñador que aún no la cura la vejez, pues todavía sueño”. Por si fuera poco, volvamos ahora a las remembranzas de sus “horas extras” que aún vive mientras le llega “el inconveniente fatal”, y escuchémosle en una sorprendente nota que despista a quienes creen que el tipo desconoce humor y alegría: “Cuando mis amigos me preguntan cómo estoy, les respondo en broma, y más en serio que en broma, que aparte de gozar de buena salud, ‘sufro de cuatro enfermedades terminales’: viejo y pobre, ando a pie y vivo largo. No podría ser de otra manera”.
¡Alcemos la copa en esta fiesta del octogenario cumpleañero! ¡Gracias Cicerón, por tu préstamo del pensamiento de hace veinte siglos que hoy titula el prólogo, y que a Onofre Guevara López le pertenece como la perfecta horma del zapatero que ha sabido convertir la vida en primavera de principios!, porque “es maravillosa la ecuanimidad en toda la vida, tener siempre la misma cara y la misma frente”.

11 de febrero 2010.