Nuevo Amanecer

La Habana también es un rizoma


Desde que el primer “descubridor” comenzara a rondar aquellas islas lujuriosas e ingenuas, desde que el “Segundo Descubridor de La Habana” desempacara sus trajinados instrumentos, para someter a los rigores del sistema métrico decimal las invisibles coordenadas geográficas de la ciudad (o acaso desde mucho antes), el destino crucial de este asentamiento portuario estaba sellado. La Habana es, ha sido siempre, un lugar de encuentros providenciales, un punto de encrucijadas críticas y coincidencias ineludibles, un entramado delirante donde se cruzan y entretejen millares de destinos, visiones, ideales y caminos.
Con la realización de la X edición de la Bienal de Arte, La Habana ha demostrado que funciona siempre como “un imán cultural” en (y para) nuestra entrañable periferia global latinoamericana, tal como la describe Rachel Weiss (A Magnet on the Global Edge). Es decir, la Bienal de La Habana ofrece un momento y un punto de vista privilegiados para echar (en breve lapso) un vistazo tan demorado y detallado como nos resulte posible sobre “un perfil preciso de la cultura visual latinoamericana”, tal como afirma Luis Camnitzer*.
Amén de tener siempre en mente que este evento artístico ha venido a constituir, según el mismo Camnitzer, “un evento sociológico y antropológico”, tanto por su extenso ámbito de convocación, como por las tendencias generales demostradas, por el rigor y el vigor incisivo de sus regulares eventos teóricos paralelos. (*L. Camnitzer, “La Bienal de las Utopías”, páginas 489-506, en “Bienal de La Habana para Leer”, compilación de textos 1984, 2009. Edición de la Universidad de Valencia. Ver página 493).
Y tampoco cabría esperar que sucediera de otro modo, desde que el evento se nos anuncia como un: “modelo alternativo a las bienales y mega-exposiciones del Primer Mundo, en tanto escenario, para la presentación y legitimación del arte de países no hegemónicos”. (Dannys Montes de Oca, “Integración y Resistencia en la era global”, A modo de Recuento e Introducción, página 9).
Durante ocho semanas permanecieron en exposición una masa inmensa de obras de arte concurrentes. Provenientes de las Antillas mayores y menores, de Norte, Centro y Sudamérica, de Asia, África, Oceanía y Polinesia, como ya es tradición. Pero además esta vez notamos cierto énfasis en una extraña modalidad de artistas de la diáspora. Es decir, artistas nacidos en los países periféricos del subdesarrollo, luego expatriados y aclimatados con relativo buen suceso en el medio social de una metrópoli.
La exposición de estas obras viene acompañada a veces con brillantes interpretaciones y exégesis teóricas, que dan cuenta de los efectos de ese entrecruzamiento de influencias culturales, en un arte que desde sus raíces se caracteriza y define por sus procesos de hibridación.
Éste es, pues, uno de los mayores atractivos que ofrece la Bienal.La posibilidad de ver reunidos en una imagen conjunta, expresiones de arte actuales, de una multitud de países que como rasgo unitivo comparten su proscripción focal, respecto al metabolismo de las corrientes principales de producción y mercadeo de arte. Aunque ya vista de cerca, la dicotomía de las esferas del arte global en periférico y metropolitano, no eximen a los organizadores y promotores del primero, de muchos vicios, desequilibrios, injusticias y deficiencias que caracterizan al segundo.
Merced al privilegio actual de los registros visuales, una vez concluida la X Bienal, mediante vías de acceso electrónicas retrospectivas, se podrá consultar los catálogos, los textos impresos, se podrá ver fotografías de las obras, o copias de la documentación de video sobre las performances, acciones de arte, intervenciones urbanas, etc.
Por nuestra parte, queremos esbozar algunas conclusiones:
En esta X Bienal no se ha hecho evidente un predominio del arte producido con medios de última tecnología, sobre las expresiones tradicionales. Tal como nos ha parecido notar en las selecciones de algunas bienales recientes del istmo centroamericano. Al parecer esta actitud centroamericana responde a un simplejo de inferioridad provinciana, o de nulidad cultural. Es decir parece obedecer a cierto afán desesperado por fabricarse, en base a tecnologías de punta, una imagen de identidad postiza, pero acorde con la última moda.
En la X Bienal se percibe, en cambio, una coexistencia equilibrada entre ambas tendencias. Hecho que acaso nos ofrece trazas de una doble actitud reflexiva y crítica hacia el uso privilegiado de la tecnología, como presunto elemento único, definidor de nuestra contemporaneidad. Porque tanto los artistas como los curadores participan de este notorio viraje hacia otros medios y otras formas de expresión, que dan más importancia a la imaginación creadora que a la fría perfección de los acabados tecnológicos de punta.
Persiste, sin embargo, el privilegio de los registros fílmicos o fotográficos. Lo cual implica una cierta desaparición del hecho artístico real, en aras de asegurar su existencia fósil, como memoria cosificada. Es decir, en forma de fotografías, o vídeos. ¿No sería válido entonces que habláramos del desarrollo de un fetichismo de la imagen abstracta, en cuanto posible objeto de mercado?
Debemos destacar el hecho de que la Bienal de La Habana ha dejado de ser un evento que discute y asigna premios, y que colateralmente atribuye posiciones jerárquicas. Camnitzer en su texto expone las razones y las circunstancias de semejante decisión. Ventajas: 1, apertura conceptual, el afán por alcanzar premio no condiciona las expresiones de los artistas. 2, no queda la masa de artistas concurrentes dividida en minoría mínima de triunfadores, contra una inmensa mayoría de perdedores. Defecto que nos remite a la concepción actual de nuestras bienales regionales.
Libre de la tiranía de los ganadores, el espectador imparcial no es así constreñido a aceptar la imposición de un criterio (especializado o no), quedando en libertad para organizar o distribuir sus preferencias, para entenderse a solas con la obra de los artistas que le signifique más intensamente a su natural receptividad, de acuerdo con el sustrato propio de informaciones y el bagaje cultural previo.
Algunos productos de especial contenido estético:
1. Un par de tragos de ron, unas cervezas largamente conversadas con Jamelie Hassan, artista libanesa, con Yong Soon Min, de Corea del Sur (actually, from San Francisco), y con Xenia Mejía, de Honduras, en la terraza del hotel de Ambos Mundos. Cuatro o cinco frases cordiales entrecruzadas con otros artistas de Cuba, de las Islas Canarias, de Oaxaca, de Lima, de Canadá, de Barcelona, de Suriname, de Panamá, de Camerún, de Egipto. Un abrazo sudoroso y fraterno, a mediodía, con el artista carioca Sergio César. Más otro ramillete de simpatías ecuatorianas, chilenas, uruguayas, bolivianas, argentinas. Un par de sonrientes y amables artistas de Nueva Caledonia, isla soberana que había que buscar en el mapa-mundi, aunque nadie recordaba exactamente por dónde pero, de seguro, al sur de la línea ecuatorial.
2. Arborizaciones en la trama del rizoma: La estampida de un rebaño de elefantes, elaborados en escala natural, atropellando el tráfico desde la Plaza Vieja hasta la escalinata mayor del Capitolio, obra escultórica de JEFF. Las cucarachas del tamaño de un Volskwagen, encaramadas en la fachada del Museo Nacional, obras de Roberto Fabelo. La impresionante serie de dibujos-verja (y vice-verja) de Moisés Finalé. Más las espectaculares acciones performáticas: Manuel Mendive y su comparsa, escenificándose desde la fachada del hotel Saratoga hasta desembocar en la galería Orígenes, en las puertas del Gran Teatro Nacional. La tronazón, el chisporroteo, el infiernito vecinal de Alexis Leiva (Kacho), reventando en la plaza del convento de San Francisco.
Espectáculo realizado junto con Cai Guao Qiang, estrella pirotécnica internacional. Es decir, gozamos intensamente la Bienal de La Habana, considerada como un espectáculo de lujo para los privilegios de nuestra vista.
3. La cauda meteórica de las personalidades prominentes, perseguidas en ocasiones por multitudes fervorosas y atropelladoras, trituradoras, destripadoras, apachurradoras. Tal como tuvimos ocasión de comprobar sur le champ, en ocasión de la performance organizada bajo la dirección del maestro Manuel Mendive, quien “cada día parece más la viva imagen de San Lázaro”, tal como exclamó, sofocada por la multitud constrictora, Adelaida Pozo (nieta de Chano Pozo, el compositor de “Manteca”, uña y carne con Charlie Parker & Dizzie Gillespie), una de las rendidas y más devotas admiradoras de Mendive.
4. Productos de alto valor intelectual: Un par de obras impresas que será necesario estudiar y debatir. “Bienal de La Habana para Leer”. Más una bibliografía auxiliar concomitante, digna de ser expuesta y comentada. Campos Cruzados, de Nelly Richards; El libro Las Reglas, de Pierre Bourdieux; Mil Mesetas, de Deleuze & Guattari. Más una revista cubana Arte, por excelencias, número uno. Con un artículo sobre el arte “contemporáneo” de Nicaragua, escrito por José Manuel Noceda, que igual merece detallado comentario por aparte.
Para quienes aspiren al acercamiento conceptual y la asimilación teórica, recomendamos como puntos de partida, entre el voluminoso acopio de textos, una pareja de exposiciones de conjunto que ofrecen una imagen global de las intenciones, de los fundamentos teóricos, culturales, socio-políticos, coyunturales de este proyecto cubano, más un recuento de sus hallazgos y aciertos, un análisis crítico de algunos elementos problemáticos, amén de una resumida ubicación en un contexto de perspectiva histórica internacional. Uno de tales textos es el referido “A modo de Recuento e Introducción”, de Dannys Montes de Oca Moreda, páginas 9-16, en “Integración y Resistencia en la era global”. Edición de Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam y el Consejo Nacional de las Artes Plásticas, La Habana, abril de 2009.
La segunda referencia básica y conveniente punto de partida es el igualmente aludido texto “La Bienal de las Utopías”, de Luis Camnitzer, páginas 489-506, en “Bienal de La Habana para Leer”, compilación de textos 1984, 2009. Edición de la Universidad de Valencia. El volumen de la edición valenciana, por lo demás, nos pone en las manos, una selección de textos correspondientes a los encuentros teóricos de las nueve ediciones anteriores de la Bienal. Nos ofrece así una herramienta básica que nos permite de alguna manera seguir el hilo evolutivo conjunto de la actividad reflexiva desarrollada a lo largo de los 25 años de existencia de este evento. Junto con la posibilidad de reflexionar sobre las principales líneas de inquietud que, durante el mismo período, han motivado, ocupado y preocupado al arte y a los artistas de nuestros países del hemisferio sur.