Nuevo Amanecer

Ahora que ha llovido…


Ellos seguirán estando ahí
Al borde del precipicio
Justo donde termina el mundo
Aguardando la germinación
De la sorpresa
O aquí, en este:
La palabra no está dicha
La palabra es aún proyecto:
Tienes que volver la sábana
Ya abigea a los feligreses del sonido

Corea Torres (1951), el enigmático y fantástico creador de estos versos nació en el mar, mecido por el vaivén de un carguero anclado en Puerto Morazán. Digo enigmático porque a eso huele y suena la estructuración de su cantar poético, cosmogónico, a veces perdiéndose dentro de la vastedad horizontal y la profunda marejada anímica, en que el poeta desaparece, alza el vuelo como una gaviota, o emerge como delfín en la búsqueda de lo suyo: del yo existencial que parece abrumarle con su insistente quejido, que es como la espada del Ángel ardiéndole interiormente e incitándolo a la batalla con los elementos: permanente guerra de las cosas que en la secreta concepción del cantor se torna en paraíso recobrado --como expresa el poeta--, o en un infierno desolador.

Amanecer en cualquier parte
no me importa,
interesa a mis manos
asir el amarillo del sol
y aventárselo a la melancolía
cuyo sino es llevarme a la infancia
Talvez siga royéndose carne y huesos
tal vez continúe merodeando mi memoria
con su olfato de roedor

Es la primera vez que tengo en mis manos un libro de Corea Torres. Confieso que son los elementos con que están estructuradas las imágenes del poeta, los que me indujeron a escribir este comentario sobre: Ahora que ha llovido, editado y promovido por el Centro Nicaragüense de Escritores. El autor va más allá de la poesía lisonjera, amorosa que bordea el motivo sentimental o romántico del canto para expresar beneplácito con sabor a miel y enamorado arrobo, pero tormentoso. Más bien, la poemática de Corea Torres da la sensación de contener un cierto sabor kafkiano que obliga a la reflexión del buen lector sobre los elementos de la creación que permanentemente expresa en los conocidos o ignorados fenómenos del origen.

En la piel de la culebra
se deposita el polvo
traído desde el tiempo primero
amamanta la fortuna del desaparecido

La poesía de Corea Torres –aclaro--, no es postre para engatusar la cena; tampoco puede servir de divertimento en la tertulia sabrosa, donde la aquiescencia, la risa o el suspiro juegan su consignado papel de lo señalado antes. Ni mucho menos.
Ahora que ha llovido… es poesía que nos encajona en la reflexión y nos obliga a traer a la memoria a otros poetas o pensadores, tristemente desaparecidos en los posibles días de mejor productividad como Kafka (1883-1924) y Rimbaud (1854-1891); y Cortés, nuestro divino loco, con su abrumadora ventana y su emblemática e inspirada voz hundida y poseída por el demonio o el desconcertante dios de la locura.
En la temática ardorosa y contestataria de Corea Torres, todas, absolutamente todas las imágenes parecen estar ligadas al volcán en erupción que derrama su lava poética desde las profundidades de los razonamientos y los insospechados círculos variables en los que hierve, se renueva, transforma e insurrecciona la concepción del pabilo del origen, tal como lo intuyeron y soñaron los abuelos originales dentro de su concepción de Dios y el mundo:

Las piedras, persisten,
serán familiares en su consabida presencia.
Sin asideros acarician la realidad…
Islotes en el mar de tiempos
comunes a los ojos,
testigas, compañeras, vehículo…

Todo el contexto de su poesía está ligado a una emblemática protesta, casi contra sí mismo; un ir y venir dentro del sustrato esencialmente inconformista y protestativo que lo hace reflejar cierta extraña e indefinible angustia que se riega en el no sé qué y no sé cuánto y cuándo en sus poemas:

no vale la pena llorar
con otro brillo
hasta lo profundo
de tus disminuidos pasos
(En Desde que te conozco)

Como comprensible condición metafórica, el verso que es la soledad exteriorizada de Corea Torres, como su propio origen natalicio está lleno de mar; de caracoles, conchas, peces, pulpos y rondadores tiburones que se expresan sus sonidos en voces que repiten constantemente en zumbidos marinos desde el fondo del alma del poeta:

donde haya sol y viento
olvidándose de su raíz de mar.
Ellos
seguirán estando ahí,
al borde del precipicio
justo donde termina el mundo

(En Con el corazón en las páginas de un lector…)

Dejarse ir tras ella /Hasta el fondo/El fondo Fondo. Desde el título de este pequeño, pero gran libro de poemas selectos por la crítica, hasta el contenido que canta y obliga a la reflexión humanística proverbial, con su imaginería es un retablo coloquial por sus paisajes del ser en el tiempo de vivir, llorar, amar y gritar por las calles y los laberintos del canto o la lágrima con la que el poeta se expresa en el pivote de su ensoñación.
En tanto exista la palabra --dice en su Oración el obstinado Corea Torres-- alabada seas. En tanto exista la palabra, se hará la historia, nos descifraremos en nuestra frágil envoltura. Sufriremos. Amaremos. Alabada seas.

Huehete, abril 2010