Nuevo Amanecer

Genaro Lugo o el ritual erótico


Genaro Lugo es el pintor, por excelencia y obsesión, de la redondez, de las redondeces mórbidas carnosas que nos remontan, a través de una ejecución eminentemente rítmica, al mundo y trasmundo fetal: el nacimiento como muerte, la muerte como nacimiento, el génesis como fin, el fin como génesis. Semilla y resurrección. Semilla para florecer y dar vida. Semilla bien ceñida dentro de su piel, lista para explotar, para ofrecernos sus pulpas y vulvas recónditas en un canto cósmico al universo que siempre nace y muere, muere y nace.
¿Qué es el “Canto a la Raza” (tríptico de 1966, conservado por el autor celosamente en su casa) sino un himno al universo insomne y subterráneo de la noble raza precolombina, captada en todo su esplendor fúnebre, en toda su dimensión trágica con sabor y olor a tierra mojada, a dolor milenario, a protesta soterrada? ¡Modernísima recreación de la cerámica antropomorfa indígena con esos bracitos que parecen hebras de cabello, canto a la fecundidad y a la oscuridad germinal!
En la plástica erótica ritual de Genaro Lugo, ya dentro una composición esférica u ovalada, las diversas partes del cuerpo (o de los cuerpos) se perciben en un solo abrazo cósmico. Un abrazo genesíaco, diríamos, inmerso en un sueño de resonancias planetarias con tonalidades que revelan el respeto del artista por la textura acabada que ofrezca un sentido preciso de la ternura de la piel, de las diferentes intensidades de la morbidez, todo dentro de una interpretación rigurosamente moderna de la icónica prehispánica. El yo fundido en el otro, el otro fundido en el yo.
Dos cuerpos formando una sola esfera, lograda por la magia del reconocimiento. No es casual que Lugo definiera como “dualismo mágico” a sus trabajos realizados en 1976. En uno de ellos (Dualismo mágico 2, Colección Banic) la forma fetal, característica de su estilo pictórico, la semilla-imagen, diría yo, para utilizar un concepto tan caro a Lezama Lima, y que no oculta su ascendencia neoplatónica, es contrastada con una representación escultórica del Alter Ego, inserta en la parte superior-izquierda del cuadro. En esta curiosa obra hay un cono de luz que parte del pecho del Alter Ego, y que enfoca a la semilla-imagen.
Un cuadro lleno de enigma e inquietud metafísica (que no excluye la tentación de lo monstruoso), el cual revela las preocupaciones del artista en la década de los 70, que posteriormente se dedicará, con preferencia, a pintar y dibujar frutas, frutas que son también eróticas como sus cuerpos, tratadas con la sobriedad característica de un artista serio y analítico, un artista que ha llegado a la plenitud en cuanto a sus recursos técnicos, y en cuanto a la gradación de sus finísimos y sensuales colores que nos conducen a las interioridades de la vulva, los pliegues y vellosidades de la fruta eterna y siempre seductora.

Genaro Lugo
El Salvador 1933 - Managua 2010. De 1959 a 1963 estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes. En el 63 formó parte del Grupo Praxis. Del 67 al 69 estudió en la Academia de Bellas Artes de Florencia. Sus técnicas preferidas fueron: pastel, bolígrafo, grafito y óleo sobre tela y madera.
En 1963 su obra fue seleccionada por el crítico cubano José Gómez Sicre para ser exhibida en la Feria Mundial de Nueva York. Ha expuesto en Alemania, Costa Rica, Japón, Rusia, Bulgaria, Cuba, Puerto Rico, El Salvador, México, Estados Unidos y otros países.
Entre otros premios y reconocimientos recibió: en 1969: Primer premio en pintura del Concurso Rubén Darío, en Nicaragua. En 1983: primer premio en dibujo del Certamen Nacional de Artes Plásticas. En 1990 fue distinguido con la orden de la Independencia Cultural “Rubén Darío”.