Nuevo Amanecer

Genaro Lugo, su pincel y el indigenismo

“Dios es el que da la respuesta a lo que sucede en el hombre”

Ángela Saballos
El sábado 23 de enero vi caer las palas de tierra sobre el féretro del pintor Genaro Lugo, y de nuevo me di cuenta de lo privilegiada que he sido al haber conocido muy de cerca la vida y el pensamiento de la elite creadora de Nicaragua. Quise entonces compartir con ustedes la última entrevista que le hice a Lugo, hace diez años

Llegar donde Genaro Lugo es entrar a una exposición permanente de escultores y de pintores nacionales y extranjeros (Omar Rayo, entre otros) que saluda al visitante desde las paredes de esta casa, que además de galería privada es un hogar sorprendentemente cálido y colorido, pleno de vida y movimiento, con nietas e hijos que amablemente acogen al visitante y sonríen ante las travesuras expresadas por Erayda Baca, la esposa del pintor y madre de ellos. Ella es la mejor promotora de su marido. Allí, contiguo al espacio donde pinta Lugo, Erayda recibe a su clientela que acude a leerse las cartas, a conocer su futuro.
Estamos en una casa de la Colonia Centroamérica en Managua, donde por espacio de cuarenta años ha vivido la familia Lugo-Baca. Los recuerdo poco antes del triunfo de la Revolución Sandinista corriendo desesperados hacia el aeropuerto con destino al El Salvador, al constatar la muerte por ahogamiento en el mar, de su hijo menor. Meses antes, Lugo había soñado con esa muerte. Me acuerdo, después, del dolor de Lugo expresado en un profundo silencio, en una incapacidad de alternar con sus amigos, en un encierro en sí mismo. Y he conocido también a esta familia en la alegría, en las panderetas y castañuelas de los cumpleaños de ambos, uno en mayo, de Genaro, Géminis, otro en diciembre, de Erayda, Sagitario. En esas fechas, en ese tope de la Centroamérica se han dado cita durante muchos años los artistas plásticos y escritores, alegres hasta el amanecer del día siguiente.
La plática es fresca, agradable, informada. Lugo es artista de vocación, y a pesar de que alguna vez se ganó la vida como cartógrafo, es un pintor profesional a quien he visto, tras regar sus arbolitos y ayudar a barrer las hojas de la acera, sentarse disciplinadamente a precisar el dibujo o cuadro en que está trabajando, hasta entregarlo a su propio gusto, ya plenamente identificado con él, en lo mejor de su expresión.
Lugo recibió la Medalla de la Independencia Cultural Rubén Darío, la máxima distinción a la que puede aspirar un artista en Nicaragua. Su obra ha sido premiada muchas veces, y entre sus diversos aportes está el de ilustrar libros de muchos de los escritores nacionales que también son sus amigos.
Ha dicho Lugo que “el artista y el arte en sí es revolucionario, cambiante, con vista al futuro, por consecuencia, el artista es revolucionario. El artista debe tener dentro de una Revolución, una participación a voluntad en cuanto al lenguaje que va a utilizar, a la simbología que va a incorporar, y cuando quiere hacer un arte comprometido aprovechar este lenguaje para una propagandización de sus ideales dentro del campo revolucionario”.
Este pintor de suaves y educadas maneras, ama viajar para, personalmente, visitar museos y conocer pueblos. Con esa ternura a veces desconocida, Genaro me enseña el primer libro que le regalaran sus profesores en el colegio. Esta fechada la dedicatoria en 1949.
En esta ocasión, en 2000, Genaro Lugo está de nuevo triste. No tiene ningún tema especial para dibujar, para pintar, dice. Aclara que su tema es permanente, y lo cambia relativamente para no quedarse estático. Se trata del tema indigenista, cuyo más representativo trabajo fue premiado por el Gobierno de Italia en los setenta. Es un tríptico de gran formato con mujeres que semejan redondas vasijas de barro y presiden la entrada a su casa. Se llama, Buscando la raza. Esta obra le logró una beca de estudios en Florencia, Italia, durante dos años.
“Sobre ese tema ha girado mi obra en diferentes estadios, situaciones de mi vida. Me mueve una revalorización, un encuentro de mi búsqueda sobre lo auténtico, la nacionalidad, lo autóctono, nuestro pueblo de Nicaragua, lo precolombino, eso nace en los amuletos, o fetiches, o en los mismos ídolos grandes que hay en Granada. De allí viene mi temática”, explica.
Lugo dice estar estacionario. Confiesa que está un poco deprimido, pero aun así toma sus materiales de trabajo y se empeña con el dibujo que realiza en bocetos y guarda para resolverlo luego en diferentes formatos; pero siempre retiene la capacidad de asombro y busca cómo ésta aflore para beneficio de su obra.
Hace un par de semanas se ha vuelto a maravillar al ver en mi casa su cuadro sobre el tema del ángel que pintó especialmente para regalármelo, y en el que se mueven infinidad de colores, sobresaliendo un turquesa especial. Erayda, su esposa, y él se llevan la obra para retratarla y me lo devuelven un par de días después. Cuando Lugo me entregó este ángel, estaba encantado del logro. No era su tema, no eran sus habituales colores, casi podría decirse que tampoco era su línea al dibujar, y sin embargo allí estaba, alas, colinas, colores acuarelados y una sombra negra en el perfil, tras el ángel policromo y luminoso del primer plano.
Un pintor contemporáneo de Lugo decía que los materiales se ajustan a los temperamentos, o a los estados de ánimo de los artistas. Explicaba que el acrílico al secar más rápido es más adecuado para un creador nervioso, temperamental, en cambio el óleo, en su lento proceso de secado, obliga a esperar para combinar las capas de pintura, los trazos usados en la obra.
Lugo acepta la versión. “Sí, las dos técnicas son diferentes, porque la una te permite la rapidez en el trabajo por el secamiento, y la otra, da cierta transparencia, pero hay que esperar más, tener paciencia en el trabajo; es más dilatado”, dice.
Bolerista impertérrito, Genaro guarda una hermosa colección de los éxitos de ayer y siempre, que en estos momentos no escucha. Está cuidando el silencio matutino y nuestra conversación. Me ha dicho que la tarde es más ruidosa en su casa cuarentona de la Colonia Centroamérica, y que ansía trasladarse a un boscoso predio de la carretera a Masaya. Ama la tranquilidad de los árboles.
“Mi fuerte ahora es el dibujo, me siento mejor ahora en ese tipo de técnica, por precisión”, confiesa Lugo. Desde la pared, una serie de dibujos de frutas sensuales, o de serios edificios, confirman su dicho.
-- ¿El dibujo por precisión? ¿Por qué razón?
El dibujo porque logro mayor penetración, profundidad, tridimensión y todos los efectos que se pueden dar a través de un contenido plástico.

-- ¿Quién era usted cuando pintaba en grandes formatos?
En ese momentos surgió el Movimiento Praxis, y cada quien se desarrollaba conforme su búsqueda, y yo elegí la fuente arqueológica del precolombino. Puse todo mi empeño en lograr esa transformación de los amuletos, de las estatuillas.
(Praxis fue el movimiento de artistas plásticos y poetas que surgió en Nicaragua en 1963, y lo formaban los más importantes creadores de la época. Era un arte de protesta y de gran riqueza profesional. En una entrevista previa, Lugo señalaba que “el aporte principal de Praxis fue la búsqueda de la identidad nacional, independientemente de cualquier lenguaje plástico o tendencia que se pudiera manifestar. También fue importante la actitud que tuvo Praxis ante el momento histórico que significó la denuncia a través de la obra sociopolítica, contra la dictadura somocista).
“Había puntos de contacto antes del triunfo de la Revolución con lo que significaba Praxis para el desarrollo cultural y para el futuro de un cambio que debía darse dentro de la cultura y la sociedad nicaragüense”, explicaba Genaro Lugo.

-- Hablaba usted de inspiración, otros artistas hablan del oficio, ¿se sienta usted ante el lienzo en blanco para pensar qué hacer?
Sí, ésa es la parte más difícil para el artista, ya que el arte viene una parte por la inspiración, porque uno está viendo, dándole vuelta al tema, hasta conseguir en el pensamiento el concepto, la idea de lo que va plasmar; pero cuando ya lo tiene dibujado y concebido, viene el desarrollo ya más calmado, ya profesional. Hay que tener una disciplina, como oficio, pero a veces hay manifestaciones que vienen pronto, rápido, espontáneas y se logran con menos tiempo que cuando uno está elaborando para el desarrollo de un tema.

-- ¿Hay en usted algún nexo entre el color y el estado anímico?
Indudablemente que el color es básico, porque si el espíritu está alegre, pues se pinta de colores brillantes, luminosos. Pero no solamente esto se manifiesta por un estado caótico, por una situación triste que se está presentando para el artista, sino que también hay que ver el estado ambiente, o sea, la sociedad. Para mostrar la parte armónica que debe haber dentro de una situación de inestabilidad, el artista tiene que buscar cómo surge el color de obra debido a esta situación.

-- ¿Cuánto incide el estado anímico de un artista para su creación? Hablaba usted de depresión.
A veces son períodos. Nunca me había pasado tanto tiempo. Incide mucho la depresión, porque la concentración debe estar bien fija, y la parte creativa, sobre todo, debe estar bien lúcida para poder uno desarrollar su obra. Además, que hay momentos de inspiración que a veces la misma depresión y los medicamentos que uno toma, los antidepresivos, parece que como que te tranquilizan y no te dejan la capacidad máxima de expresión del artista.

-- Entiendo que está reelaborando sus temas para enfrentarse al público de 2000. ¿Está preparando su retrospectiva?
Esos son los deseos. Tengo que reunir obras que tiene la gente en su casa, buscar el patrocinio para un evento de esa magnitud, realizar el catálogo para que quede la historia del pintor en la insistencia de su temática que lo mantiene a uno siempre ocupado.

-- ¿Cuál es el compromiso del artista con el público?
Tiene que ser siempre honesto con su obra, sincero, revitalizarla y mantenerla con el contenido de las diferentes épocas que va trabajando, pero que siempre haya una constancia de su trabajo, que puede variar en la temática, pero que debe mantener el profesionalismo.

-- Cuando usted realizó su posgrado en Florencia, ¿qué experiencia tuvo en ese monumento del arte?
Es muy interesante la estadía en Florencia porque uno se da cuenta, palpándolo y asistiendo a los eventos, que allí se dan y se vive otro mundo. Es de un gran acervo cultural para el artista. También Florencia es un bastión importante para poder obtener en su parte emocional, en su parte espiritual y en sus mismas concepciones artísticas, relaciones con los artistas de otras épocas. En sus cuadros en las grandes galerías, uno puede pensar allí en las diferentes épocas, en los modus vivendi de los artistas que se reflejan en sus obras. Uno puede visitar sus casas, ver cómo se mantenían. En su época se acostumbraba mucho el mecenazgo.

-- Si una tuviera que escribir sobre Genaro Lugo, ¿qué tendría que decir sobre él?
Que ha sido una vida muy satisfactoria, he conseguido mucho éxito a través de mi obra, que me siento satisfecho y que todo lo que he logrado ha sido en beneficio del pueblo de Nicaragua, pues yo no tengo ningún capital.

-- ¿Cómo se definiría usted?
Como un artista del período de los sesenta y que sigue todavía manteniendo su rol de trabajo. A veces uno hace una retrospectiva personal y pone de manifiesto las diferentes situaciones de su vida familiar. Yo soy muy apegado a la familia, a los hijos, a la mujer, y a veces esto contribuye a un estímulo, pero también a muchos compromisos, y esto aparta a veces del arte. Es la situación del artista que no mantiene continuidad en su trabajo porque tiene otros menesteres. A veces hasta la venta del cuadro...
(Está tristón, el tono de voz lo mantiene bajo. Genaro Lugo siempre ha sido un individuo muy cuidadoso con su apariencia. Camisa, pantalón, nítidamente planchados y llevados, calcetines haciendo juego, zapatos brillantes, un anillo familiar de ancha piedra preciosa en el anular, colonia en cantidad, pelo corto peinado, barba y bigotes recortados cuidadosamente, anteojos redondos, finos, de medida. Estatura mediana, suave de maneras, muy ilustrado, es un artista e intelectual educado para departir en reuniones y espacios culturales en representación del arte nicaragüense. También Genaro ha sido el cantante de boleros y el bailarín de mambo con Erayda, su mujer de cuarenta años de matrimonio y cuatro hijos en común. Pero Lugo está triste y es difícil sacarle una sonrisa)

-- Es un romántico, un soñador, un realista, ¿qué?
He pasado por todas las etapas, romántico, soñador, por las que tiene que pasar el ser humano. Puede tener éxito y a veces cae en etapas muy espiritualistas, emotivas, lo que manifiesta en el alma y el pensamiento, en el intelecto, una angustia, algo que te deprime y es lo que lleva al artista, no precisamente al fracaso, sino que a mermarle el ánimo, su entusiasmo. La situación del país...

-- ¿Cuánto le molesta la situación del país?
Bastante, aunque trate de no interesarme. No sé cómo hace la gente a quien no le molesta y más bien saca beneficios, provecho. No sé cómo hacen, no ha sido mi caso. Más bien, que mi obra guste a las personas es mi satisfacción. No me he propuesto buscar dinero a través de la obra, y tal vez por eso es que siempre he estado en la misma situación económica.

-- ¿Sufre?
Tal vez más que sufrir, me desilusiono. El artista no puede estar en un goce en este momento, esto lo oigo de con quienes he platicado.

-- Usted es un cantante de boleros, y un gran bailarín.
Sí, es verdad... Estoy ahora retraído porque he suspendido la cuestión etílica, que parece que me enervaba, me daba otra vida. Yo no sabía que el dejar de tomar de una sola vez iba a ser tan duro.

-- ¿Un mensaje de ánimo?
Yo lo estoy esperando siempre porque esa es la lucha por la vida y es el trabajo. La juventud en este momento tiene su propio desarrollo, porvenir, su forma de pensar, tal vez ya no piensan en los pintores de nuestra época porque están haciendo su propia obra, no tienen un estímulo de parte de los artistas viejos. No sé si los inspiramos.

-- ¿Un mensaje de esperanza?
Confiar en Dios, porque Él es el que da la respuesta a todo lo que sucede en el hombre. Yo tengo que luchar y ver cómo inventar nuevas formas de pintar para no estarme repitiendo como algunos artistas que lo hacen sólo para el mantenimiento.

Managua, Nicaragua, 2000.