Nuevo Amanecer

Desgraciadillo


A Raúl Xavier García

Iba rumbo al lago por La Calzada pensando hacer con la Kenia un día turístico agradable, sin embargo, al pasar frente a una mesa la joven en short que ahí estaba dejó de tomarse su cerveza para admirarle su bigote, y esto bastó para que la Kenia se enfureciera y él pensara en buscar cómo deshacerse de su compañía. Al parecer no iba a ser fácil, pues ya en la costa del lago, habiéndose desnudado, pasó una vieja con pistola en mano queriéndole apear el bigote a balazos si no se ponía algo que lo tapara para bañarse, y también esto bastó para que la Kenia se le lanzara encima como gata angora, le quitara el arma y él pensara que la mujer con que iba era no sólo loca sino también peligrosa.
Como resultado del malestar in crescendo que iba sintiendo contra la Kenia, se le vino a la mente echarle las dos diazepán que andaba en la bebida, a la que pensaba invitarla cuando llegaran al parque central; y con esa idea siguieron adelante hasta salir por el Intecna y después por donde Chico Tripa, donde, ya era el colmo de los colmos, la Kenia, a unos pandilleros que se encontraban pidiendo un peso, les sacó la pistola y les ofreció bala con una sarta de insultos. Pero esperate mamita, se dijo Lucas, ya vas a ver lo que te va a pasar. Sin embargo, cuando por fin llegaron al kiosko de La Gata, y Lucas con increíble destreza en las manos le había echado molidas las dos pastillas en el vaso de chicha que les acababan se servir, apareció un huelepega que dijo que andaba muerto de hambre, y ella le regaló su vaso de chicha.
El muchacho se atragantó el chingaste de la chicha que había en el fondo del vaso y habiéndolo dejado completamente limpio se fue a una de las bancas del parque y ahí quedó tumbado por el sueño. Al ver esto, sin embargo, Lucas no dejó de insistir en su plan y la invitó a otro tipo de refresco, pero ella no quiso, sólo vigorón quería; si acaso le daba ganas le avisaría. Pero como las ganas no aparecieron nunca, sino el deseo de ir a ver los muros de Xalteva para pegarles un par de balazos y saber si así estaban aún resistentes a los golpes, partieron, y en ese preciso momento dos muchachas lo miraron y habiéndose enamorado de su bigote suspendieron el coqueteo que se tenían con unos turistas cheles extranjeros, y lo siguieron.
En los muros de Xalteva Lucas se demoró hablándole a la Kenia, pero al mismo tiempo pensando qué hacer para deshacerse de su compañía, y justamente en el momento en que ella saca la pistola para dispararle a los muros, y en dirección donde casualmente se habían escondido las dos muchachas para oírles lo que hablaban, se le vino una idea considerada por él mismo como la más genial del universo:
Antes que disparés, amor mío -–le dijo tratando de encubrir el rechazo que sentía por ella--, quiero decirte que yo como poeta no soy el que te conviene para dedicarte versos, sino el Poeta Carpintero. Él es un tronco de poeta y serás una de las famosas si te escribiera algo… Es, además, poseedor de una megajubilación con la cual te podría mantener… El único problema es que no sé si te va gustar, porque él no tiene bigote como yo… Su boca es como un bosque despalado, contrario a la mía con este bigote que me vivís admirando y cuidando que no me lo rasure y ni siquiera que me lo sobe para que no se me caigan los pelos… Es un viejo con rasgos africanos, parece ser que sus descendientes llegaron al barrio El Burillo de Nandaime provenientes de la Costa Caribe… Eran de los potentados, nada más y nada menos que los mayores accionistas de las minas de cal que hay o había en la zona… Dueños de minas… Y como él y toda su familia, cuando llegaban a visitarlos, se llenaban los pies de cal, pues les encajaron como apodo Los Patas Blancas… Él es un Patas Blancas legítimo, dice un famoso historiador de la ciudad de apellido Avilés… Aunque otro no menos famoso, pero no historiador, sino poeta, y de apellido Puerto, quien se ha cocido los sesos estudiando su estirpe africana, dice que ésta ha de estar ligada a un descendiente de rey, ya que eso de vivir labrando versos tan finos siendo tan viejo… y tan feo… no puede venir de una estirpe cualquiera… y que por eso es tan gran poeta que… de haber sido estudiado hubiera llegado a ser el primer Nobel en la literatura nicaragüense… Así que con él vas a tener riqueza y versos hasta para tirar al cielo… Él entonces es el que te conviene, no yo, y mejor vamos ya para que lo conozcás… Ahorita hay un acto en la Casa de los Tres Mundos y ahí está él…
Entonces no hubo disparos contra los muros, y en ese momento las dos muchachas salieron con mucha precaución de su escondite y caminaron por las calles hasta llegar a Casa de los Tres Mundos. Ahí un viejo tipo costeño sentado en una silla en el portal de piedra con los zapatos manchados de cal y con un lápiz de grafito en la oreja, se puso nervioso y se levantó al verlas entrar.
Adentro había bastante gente frente al gigantesco cuadro “Huellas”, pintado por Wolfgang Hunecke, esperando la presentación del libro “Cicatrices”, a cargo de Werner y Franz. Enseguida entraron la Kenia y Lucas. Éste entró alegre enseñando un tubo con la pomada para cicatrices que el mago de Wicho le acababa de regalar, al encontrárselo en la calle, para que se la pusiera por las noches en la cara y se le cerraran las huellas del acné, pero la gente en lo que se fijaba era en su bigote, y más las mujeres queriendo hasta besarlo; pero a la vez se le veía que estaba entrando también triste al no ver por ningún lado al Poeta Carpintero, acaso la última carta que le quedaba para deshacerse de la Kenia.
Suerteramente, sin embargo, a la Kenia le comenzó a dar por estar preguntando por el Poeta Carpintero, y esto alivió un poco a Lucas.
-¿Dónde está el Poeta Carpintero? –decía- ¿Quién me puede decir?
-Se acaba de ir al Pozo de Oro –le dijo un pelón, con un libro en la mano-.
-¿Cómo? –dijo asombrada- ¿También tiene oro?
Entonces se desprendió del brazo de Lucas para andar preguntando por su paradero, y al no encontrarlo dentro del edificio salió a buscarlo a la Plazuela de los Leones.
-¿Dónde estás, Poeta Carpintero? –decía-. Desgraciadillo, dímelo o me pego un tiro.
Lucas se salió entonces hasta el portal de piedra y desde ahí la miró perderse entre el gentío.