Nuevo Amanecer

Poemas desconocidos de Azarías H. Pallais


Balada tercera del
que oía y oía y oía y nunca
quería dejar de oír
el Minuet de Paderewski

Oyendo, qué gloria
para los oídos!
Y también qué deuda
la más impagable!
Dios mío, quisiera ser lengua de fuego,
para, siete veces, cantar la suprema
dicha de los ojos y de los oídos,
del pie, de la mano, y d’esta mi boca
que ahora t’alaba diciendo: quisiera
ser lengua de fuego vibrador, quisiera
vivir celebrando tu doxología,
tu gloria, Dios mío, tu gloria, tu gloria.
Oyendo, soy libre
pájaro que vuela,
que vuela, que vuela…
Es música ésta
la más voladora
de todas. Oyendo,
pasan en bandadas,
pasan las palomas,
kyrie, kyrie, kyrie,
en inimitables sonidos, turr, turr…
Los aeroplanos,
y los corazones
en inimitables sonidos, turr, turr…
Solemne, solemne, solemne la misa
de las hojas verdes, de los violoncelos,
de las ocarinas y de las marimbas,
en inimitables sonidos, turr, turr,
solemne, solemne, solemne la misa
cantada del mar.
Oyendo, con paso
ligero camino,
camino, camino.
Paso de carrera
con los pies descalzos,
perdiz pie de liebre,
ciervos aquileos.
No han podido hallarme los calumniadores,
¿quién podría alcanzarme? ¡Nadie! Solamente
se quedan diciendo: por aquí pasó…
Ciervos aquileos,
perdiz pie de liebre
paso de carrera
con los pies descalzos,
por aquí pasó…
Oyendo, mis ojos
extáticos ven,
cómo se levanta la primera estrella,
tras la rama en flor.
El ojo, el oído,
hermanos gemelos,
dos remos, dos tiempos del mismo compás,
dos alas, dos velas.
Oye lo que reza profunda la vida:
¡volar y volar!
¡y la voz gemela dice navegar!
Solemne, solemne, solemne la misa
del vuelo, turr, turr.
Solemne, solemne, solemne la misa
de las hojas verdes, de los violoncelos,
de las ocarinas y de las marimbas.
Los aeroplanos,
yo vuelo, tú vuelas, en inimitables
sonidos, turr, turr.

Y los corazones,
yo amo, tu amas, en inimitables
sonidos, turr, turr.
Solemne, solemne, solemne la misa,
la misa cantada del cielo y del mar.
Dios mío quisiera ser lengua de fuego,
para, siete veces, cantar la suprema
dicha de los ojos y de los oídos,
del pie, de las manos, y d’esta mi boca,
que ahora t’alaba diciendo: quisiera
ser lengua de fuego vibrador, quisiera
vivir celebrando tu doxología,
tu gloria Dios mío, tu gloria, tu gloria.

Animales y árboles
Busco quienes comprendan mi lengua, los hermanos
de mi constelación. Los que digan: soy beta,
tú eres alfa. Llevemos unidas nuestras manos
de niños, y con ojos sencillos de poeta,
veamos todo aquello que debe de ser visto;
lo que Dios ha querido que el ojo humano vea;
y empapados en luz clara de Jesucristo,
recemos con palabras humildes: así sea!
Y buscando, buscando, llamo a todas las puertas,
golpeando con mano buscadora ¡tan! ¡tan!
Solo Aquel de las manos enclavadas y abiertas,
nunca perdió su tiempo buscando! ¡Capitán
de los incontenibles pasos, Buen Hallador,
que siempre en los caminos adelantado vas
buscándonos, y estamos presos en el dolor,
porque así dolorosos puedes hallarnos más!
Árboles, animales: yo soy isla también,
Fuego soy apartado y espada puesta lejos,
como aquella pastora de Cervantes, ¿y quién
podrá ver la escondida gloria de mis espejos?
Árbol, pues para nada me sirve la palabra
y gótico de Brujas, voy silenciosamente
por sendas conocidas del ciervo y de la cabra,
para que nunca pueda verme la mala gente.
Animal silencioso vestido de inocencia,
y monje de rodillas, en la cruz del camino,
con las manos alzadas, oyendo la sentencia
del árbol. Gota a gota, de silencio divino
empapados mis versos, mis horas y mi vida.
Fuego soy apartado, y espada puesta lejos.
Hermano, si pudieras contemplar la escondida
luna bella durmiente de mis rubios espejos!

Brujas de Flandes. Marzo de 1930