Nuevo Amanecer

Poesía de amor a la niñez


Quiero comentar brevemente sobre un pequeño y significativo libro de poemas, pensamientos y cantos populares de la poeta, narradora, periodista y promotora cultural, Christian Santos, dedicado al tema de la niñez, la de Nicaragua y la del mundo. Especial dedicatoria a su primer bisnieto, Julio Gabriel. (Una bisabuela joven) Christian es una escritora dedicada a su quehacer y goza con el oficio de poeta.
En este libro, “Canto de un sueño” (Ediciones Distribuidora Cultural, con ilustraciones de Pablo Danilo Téllez. Managua, 2008), la poeta recrea, tanto con versos y pensamientos propios, como con los de otros poetas, entre ellos y sobre todo Rubén Darío, y acudiendo igualmente a cantos populares, los Principios de la Convención sobre los Derechos de los Niños (Unicef). Relaciona estos principios y correspondientes artículos con su personal sentimiento, con una intensa emoción y convencimiento acerca de que nosotros, los adultos, debemos volver la mirada, el corazón y el espíritu hacia esos seres pequeños y en crecimiento, puros y espontáneos, que piden amor, comprensión, ternura y apoyo que tanto necesitan y merecen. Se dice que los niños de hoy son el futuro de la patria. No siempre los adultos y especialmente aquellos que detentan el poder, ayudamos a construir la nación adecuada para felicidad y bienestar de quienes ahora crecen entre nuestras manos y voluntades.
Las páginas de este libro semejan un arco iris. Sobre sus tonos rosados, celeste, amarillo, azul, se pintan flores sonrientes y ligeras mariposas. Las imágenes pensativas y los versos con sabor a patria y a niñez de Rubén Darío, el más grande poeta de Nicaragua y uno de los mayores de la lengua española, presiden y despuntan con la luz resplandeciente de su palabra poética la colorida temática infantil: “Si pequeña es la patria / uno grande la sueña”. Bajo esa advocación y en el mismo pórtico rosado de su “Canto...”, la poeta parafrasea y enaltece al bardo: “Si a nuestra niñez / se ama y se enseña / forjamos la patria grande / que Rubén Darío sueña”.
Christian evoca la voz de Darío, a quien cita profusamente, y también la de otros reconocidos poetas: Neruda, Alfonsina Storni... Combina estas voces con el diálogo recreativo que ella sostiene a través de canciones sobre la niñez venidas de la tradición y sabiduría popular, en versiones de algunos estudiosos y recopiladores del género, entre otros, Vidaluz Meneses y Jorge Eduardo Arellano (Literatura para Niños en Nicaragua. Edic. Distribuidora Cultural, 1995). Cantos que aprendimos en la familia, en la escuela, en las calles de nuestra vida provinciana.
Los versos-canciones mediante los cuales se expresan los principios y artículos de la Unicef que encabezan cada capítulo del texto, se avivan más con dibujos alusivos o simbólicos. Desgranando el índice temático, vemos cómo rosas, chimbombas, caritas de niños y niñas, naranja, limón, ilustran el capítulo Protección. “La niñez es rosa de abril / que dentro del pecho atesoro”, valora Rubén Darío. “Naranja dulce, limón partido / deben cuidarme como es debido”, expresa Christian, jugando con el verso popular.
Ángel con bola de oro, niños-ángeles negritos, blanquita, sol radiante, niño durmiendo en placidez de luna, llenan las imágenes del capítulo correspondiente a la No discriminación. “Tan, tan / ¿Quién es? El ángel / con la bola de oro / ¿Qué quería? / Un niño... / ¿Qué color? / Negrito / Blanquita, color café...” “Dormite chinita carita ovalada / que ya llega / el día en cada mirada”. Es el ir y venir del diálogo entre el canto infantil y el verso enternecido de la poeta Santos.
Cofre del tesoro, zapato roto de niño, casa-corazón, abejas y botella derramando miel. La idea capitular en este caso es Bienestar y seguridad. Son los “tesoros de la risa y del ensueño” que no le deben faltar a los niños, poetiza el pensamiento rubeniano. “Éste era un niño / que tenía los zapatos rotos / y venía dando traspiés / Quererés que te lo cuente otra vez”, cuenta la voz popular. “Que tu corazón sea refugio de la niñez”, responde la autora de este libro, e intensifica su adhesión solidaria: “Las criaturas reclaman / caricias y miel de jicote”.
En ese juego combinado de imagen, verso, canto y color, los principios y artículos correspondientes de Unicef expresados en los diferentes capítulos, Santos ha querido presentarnos, a manera de un “brinca brinca la tablita”, el desafío de unos valores humanos que debemos rescatar para los niños y así llenar una meta que la poeta demanda mediante la primera voz infantil que cuenta, pide y canta: “Mi madre, mi padre / la escuela me debe enseñar / rondar la Poesía / hermana del sol / y complemento del pan”, expresan los versos embellecidos con esta cita de Darío.
Flores con caritas de niñas, mazorca de maíz, lagos y volcanes, niño volando en nave espacial, son dibujos que simbolizan las metas educativas que deben asumir la familia, el país, la escuela y la ciencia. Una sociedad fortalecida y plena, con humanismo, arte, cuidado del medio ambiente, desarrollo agrícola, tecnológico, vida y recreación sanas. Y nosotros, padres, maestros, dirigentes del Estado-nación, debemos ser “la chispa” que “Enciende las pupilas” de la gente del mañana, interpretando la frase del poeta búlgaro Liubomir Letchev. Porque son esos niños de todos los tiempos y latitudes “las flores de humanidad” a que alude la metáfora dariana.
Pero no hay sólo dibujos risueños ni letras juguetonas. La realidad tiene manchas, sombras, antivalores. Por eso también la poeta evidencia castigos, torturas, abusos, explotación, discapacitación. Tristeza y dolor producen la violencia, humillación, abandono, que sufren tantos niños y niñas. Fajas que castigan, juguetes que se rompen, infantes maltratados, llorosos, enfermitos en sillas de ruedas, son otros tantos dibujos alusivos. “Nada más triste que la existencia martirizada de esos niños”, se conduele Darío. “Acábese el grito / el látigo, el abuso / del toqueteo la humillación”. “Nunca más venta de la niñez / Ping pong / ¡Fuera ladrón!”, clama Christian. Y apela, identificando su sentir: “Naranja dulce limón partido / Cuídame como es debido”.
Sin embargo, la contrapartida solidaria también asoma en palabras e imágenes consolatorias. La niñez discapacitada tiene sus aliados. “Buscaría esos niños enfermitos... para hacerles la vida más humana”, dice la voz de Alfonsina Storni. “Naranja dulce, limón partido / dame tu cuido como es debido”, tararea Santos uno de sus leit motiv, rimando su sentir con el cántico frutero de nuestros jardines nicaragüenses.
Identidad, nacionalidad. Señas indispensables para el desarrollo armonioso y la salud sicofísica de nuestros infantes, de la cual dependerá en buena parte la sanación y bienandanza de nuestra comunidad. Dibujos de padres chineando a sus bebés, leyendo libros al hijo, bebés contentos entre pájaros y flores se entrelazan felizmente con versos y canciones de cuna. “¿Qué nombre le pondremos? / Matatiru tirulá”... “Le pondremos Julio Gabriel / Matatiru tirulá / Ese nombre sí me gusta / Matatiru tirulá”. Alusión de Christian a su bisnieto simbolizando identidad. “Y desde recién nacido / me deben garantizar”... Y brincando la tablita en uno, dos, tres, enumera: atención, cobijo, estudio, dignidad, respeto, solidaridad.
Contrapuntos felices y dolorosos. Así es el texto de Santos porque así es la existencia real. Clara también la insistencia, el anhelo de un mejor destino para nuestra niñez, interpretando a quienes cada día somos más los que anhelamos y soñamos brincar con nuestros pequeños la tablita y alcanzar en uno, dos, tres o más escalones toda la felicidad posible. Recreación, liberación, cristaliza esa meta humana y espiritual. “Déjame sueltas / Las manos y el corazón / Déjame libre”, afirma el verso nerudiano. “Salud, estudio / y recreación / sean para niños / el presente de su canción”, canta optimista la poeta al ritmo del “¡Tilín / Tilón!”. Palomas y chimbombas sueltas entre nubes. Mamá complaciendo al hijo con el televisor, corporizan las ideas de libertad y recreación.
Uno de esos contrapuntos, el dolor de la orfandad, se revela en el gracejo del canto popular que retoma y recrea Christian junto a los otros poetas. “Mamita / florcita / que no se marchita / en mi recuerdo / de muchachita”, evoca en ritmo nostálgico el verso de Jorge Eduardo Arellano. La huerfanita de padre y madre que llora en la calle su desventura, la que cambia vestidos “de oro y plata” por aquellos “de pura lata”, encuentra su asidero en la palabra de Santos: “El ojo de la familia / y la nación deben velar / que no me falte nunca / hogar y protección”. “¡Tilín Tilán!” / Las campanas de San Juan”.
“Mambrú se fue a la guerra... / ¡ay qué dolor, qué pena!” El reconocido e internacionalizado canto sirve a la autora para expresar la necesidad de proteger a la niñez del ambiente bélico y sus terribles consecuencias: “hambre, violencia y desolación”. De ahí las imágenes en disyuntiva del niño-Mambrú en actitud guerrera y pacífica. En una vuelta a la esperanza, el capítulo final Vigilancia de la nación, presenta imágenes de volcanes, lago, flores, sol, cielo azul. Así permanecerá nuestro paisaje “si respetamos la naturaleza”, condiciona la poeta. Y si es así, tendremos “escuelas, libros, flores de sueños, alegrías de conocimientos”. “Uno, dos, tres / Uno, dos, tres / Brinca la tablita / ¡que yo la brinque!”. Significa el futuro, la meta que se alcanza.
Y al final, en conclusión de imágenes, vivencias e ideas, la esperanza, la fe, la conciencia del bien y sobre todo, el amor a los niños, vibran y anhelan ese futuro promisorio en los versos de la poeta Christian Santos: “Que sólo bienestar / pan, paz y protección / sean el presente de mi canción”.

(El presente comentario fue preparado, en su versión original, para decirlo a los niños en la Alianza Francesa de Managua, con motivo de la presentación de “Canto de un Sueño”, durante la Feria Mundial del Libro, octubre 24, 2008).