Nuevo Amanecer

AUTORRETRATO DEL PESCADOR



La fuite de l´ eau est comme la fuite de nos annèes.
Étienne de Senancour, Oberman.

De espaldas a la ciudad extranjera
el pescador teje las distancias de su pasado
frena el azar transparente de las aguas

íngrimo en la pendiente de un paisaje
el río lento encrespa las carpas doradas del otoño
y anima todo el año al viejo molino cerca de Suffolk

sosteniendo una caña de carbono entre sus manos
recuerda su infancia en un pueblecito
acorazado de cerros azules
piensa en la luz agostina de sus calles
apelmazadas por el palmoteo del viento llanero
recuerda los mugidos en el atardecer cuando
comenzaban a encenderse las bujías en las esquinas

y largas fueron sus estancias en latitudes inesperadas
una vez por inexperiencia política
se quedó durante años en un país del norte
otra vez por desconocer el amor
se quedó durante años en un país del sur
así cuantas veces le pareció que los días del verano
llevaban una mortaja de niebla
y una capa de oro las noches del invierno

hace poco visitó su pueblo natal
(el pueblecito acorazado de cerros azules)
y trajo de allá palabras que ya no pronunciaba
guapote chuluca guabina sábalo
la simpleza furiosa de una mojarra luchando en el aire
le recordó el estrépito de su juventud
una imagen fresca del corredor de su casa
la madre la abuela rodeadas de pajareras
atareadas vendiendo los periódicos la leche y el queso
voces y sombras que el pescador hoy busca
en el remolino difuso de la lejanía

la garúa milenaria de la ciudad extranjera
enllava su vida puertas adentro
destartalando a grito pelado las sienes apretadas del espacio
cuando no se puede pescar en el río en llena
cuando las esclusas de los canales están rebalsadas
trata de entender
fuma un cigarrillo de nube hasta escalar el cielo
goza las desapariciones narrativas
lee una novela con largos adioses iniciáticos
qué estará haciendo en esta vida de zapatos empapados
su amigo Julio Cabrales soñaba siempre soñaba
vivir en el interior de un diamante
escuchar la musiquita perdida de los años setenta

nace descalza sobre la concha del tiempo
una muchacha de su tierra
pecoso cuerpo de trucha salvaje
el pescador la amó con ese afán inmortal del joven
la semilla y la carne del mundo jugando a la nada
de espaldas a una borrosa ciudad costera del tiempo
el pescador frente a las aguas multiplica sus ayeres
esas vidas aquí y allá mal arregladas por descuido
por culparse demasiado del alarido ondulante de los ríos secos

tapia con su angustia nocturna
la cuenca azul de los umbrales
en el fondo de sí el pescador
(ahí sentado en su silleta plegable de lona)
a pesar de la inminencia del divorcio de todo
la separación de los hijos con el barro primigenio
él que ha visto día tras día el trayecto de Caronte
ha creído en la unidad de su vida
un río lleno de peces y palabras

el pescador ama las palabras
ama la lucia contingencia de sonidos
debajo del escaparate de lo real arpillado
un grupo de palabras es la maqueta de su paisaje
el plomo exacto hasta el fondo de las tinieblas
el anzuelo filoso que desgarra los labios de la luz
la mazamorra carnosa invita al banquete incrédulo
el pescador trabaja al borde de su bocana revuelta
dibujando silbantes parábolas con su caña de carbono
buscando en los círculos del nenúfar las sílabas del trueno.

1997.

Santiago Molina